El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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Regreso a Japón
Me dejé caer de cara en la cama gigante que estaba delante de mí. Mi cuerpo rebotó suavemente sobre el colchón, como si estuviera flotando en una nube. Qué ridículo. Un niño de once años en una cama tan grande que cabrían cinco personas.
Mi cabello estaba desordenado, revuelto por el cansancio. Llevaba puesta una pijama blanca que me quedaba un poco grande. Es medio día apenas, pero me siento tan agotado que realmente no pude dormir en todo el camino de regreso. Apreté la sábana con mi mano derecha, sintiendo la tela suave entre mis dedos. ¿Qué son estas sensaciones?
¿Por qué me siento así? Ansioso, desesperado, preocupado y desorientado. Es como si algo estuviera fuera de lugar, pero no logro identificar qué. De seguro no es nada importante. Solo son los nervios de haber vuelto a casa después de tanto tiempo.
Cerré mis ojos. Mis párpados pesaban como plomo, como si alguien hubiera colocado pequeñas pesas sobre ellos. Mi conciencia se fue apagando lentamente, como una vela que se consume hasta el final. Mi cuerpo tuvo una rara sensación de corriente, un cosquilleo que recorrió mi columna vertebral. Después de unos minutos, mi mente se apagó por completo. Al fin vas a descansar, dije para mí mismo, sintiendo cómo el sueño me envolvía como una manta.
—Felicidades, Yoshiya-kun—Una voz conocida se escuchó en mis oídos. Realmente no quiero despertarme. Abrí los ojos como platos. La sala era blanca, demasiado blanca. Tenía las mismas vibras de un cuarto de hospital bien cuidado, de esos que huelen a desinfectante y a silencio.
Frente a mí estaba Miyabi, la enfermera que me cuidaba antes de... ¿morir? Si desperté, significa que todo fue un sueño. Mi estómago gruñó con fuerza. Sentí hambre, tanto que me podía comer cinco tazas de ramen sin pestañear. Ella dejó escapar una risa suave, como si hubiera adivinado mis pensamientos.
—¿Cuánto tiempo llevo dormido?—Pregunté con voz llena de preocupación, sintiendo que mi garganta estaba seca.
Ella me miró con asombro. Era natural. Antes simplemente quería desaparecer, no le daba mucha importancia cuando estaba aquí. Pero ahora, ver su rostro me trajo una mezcla de alivio y confusión.
—Alrededor de dos años. Ese mismo día cuando te desmayaste, me apresuré a darte atención médica urgente. Lo más extraño es que tu enfermedad sanó sola—Ella lo dijo con voz calmada, pero podía notar un destello de orgullo en sus ojos. Como si hubiera sido un milagro que ella había presenciado.
Agarré mis cosas que estaban guardadas en una especie de mochila vieja y desgastada. Realmente no había mucho. Solo el teléfono, unas cuantas sábanas, pañuelos y una pequeña pulsera que no recordaba haber visto antes. La sostuve un momento, sintiendo su peso insignificante.
Encendí mi teléfono.
{26 de abril del 2018. Hora: 18:46 minutos}. Encendí el internet del teléfono. Esperé durante quince minutos, mirando fijamente la pantalla. No hubo nada. Ni mensajes ni llamadas. Solo un silencio incómodo, un vacío que pesaba más que cualquier notificación.
—Puede pasar a retirar los papeles. Ya lo han dado de alta, Yoshiya-kun—Asentí. Guardé lo que estaba en mis manos con movimientos lentos, como si el tiempo mismo se hubiera ralentizado.
Después pasé buscando los papeles en la recepción. Pagué lo que tenía ahorrado en mi cuenta. Aunque tenía dinero para sobrevivir unos cuantos meses, ¿por qué ahorraba tanto dinero? ¿Acaso soy idiota? ¿Por qué no gasté el dinero yendo a fiestas o bebiendo con amigos...?
Cierto, no tengo amigos.
Salí del hospital con la cabeza hecha un nudo. Es extraño, mis emociones se contradicen. Es como si tuvieran un cuerpo y una boca cada emoción, y todas me susurran al mismo tiempo lo patético que soy.
Qué sentimiento de mierda.
Caminé por las calles de Tokio. El lugar es el mismo de siempre. Luces hasta decir ya no más. Ruido hasta querer salir corriendo. Gente que va y viene sin mirar a nadie. ¿Cuándo fue la última vez que pasé por aquí? ¿Cuándo fue la última vez que realmente vi esta ciudad?
Aunque eso creo que no importa mucho... De todos modos, tengo hambre. Pasé por una tienda de conveniencia. Compré un pan de frijol con una bebida energética. Pero, qué combinación más extraña. Mi yo del pasado se estaría riendo de mí.
Bueno, todos tenemos gustos diferentes. Me comí lo que compré cuando llegué a un parque cercano. Claro, no comí mientras caminaba. No soy esa clase de lunático. Compré algo en una cafetería para disimular, solo para tener un lugar donde sentarme y observar.
El camino cada vez se hacía largo, pero a la vez corto. El viento soplaba fuertemente, haciendo que mi cabello se moviera bruscamente. Era de esperar. Las brisas de otoño son realmente agradables, frescas y limpias.
Hace tiempo no me sentía así. Pero, por más que intente pensar que fue un simple sueño, extraño a Ed. Aunque a los hermanos de Joshua también. Pero, claro, no tanto.
Llegué a un apartamento que estaba por detrás de la ciudad, escondido entre callejones estrechos y edificios viejos. A pesar de no estar tan lejos del centro, aquí era más calmado y no era tan bullicioso. Solo el sonido ocasional de una bicicleta o de alguien cerrando una puerta.
Después de abrir la puerta, dejé caer el bolso en el sofá, que soltó una nube de polvo. Fui directamente a darme una ducha. El agua caliente golpeó mi piel, y por un momento, sentí que me lavaba no solo el cuerpo, sino también los recuerdos. Después de unos cincuenta minutos, salí del baño con una toalla blanca alrededor de la cintura. Mi cabello aún estaba mojado, aunque mi cuerpo estaba seco y relajado.
Miré frente al espejo. Puedo decir con seguridad que no reconocía a la persona frente a mí. Aunque en el fondo sé que soy yo.
Era un hombre. Pestañas largas, cejas gruesas que hacían llamar la atención. Aunque era para bien, ya que eran hermosas. Unos ojos de color negro como la noche y unos labios rojos. En vez de parecer un profesor, parecía un ídolo de esos que salen en las revistas.
Pero lo más impactante fue el mechón blanco que tenía en el cabello. Realmente no recuerdo haber tenido un mechón blanco. ¿Desde cuándo está ahí? Toqué el cabello con mis dedos, sintiendo la textura diferente. De repente, un escalofrío recorrió mi cuerpo, como si alguien hubiera caminado sobre mi tumba.
—TIN TIN—Una notificación llegó a mi teléfono, haciendo que la pantalla se encendiera y rompiera el silencio de la habitación. ¿Quién podría ser a esta hora? Cogí mi teléfono con manos temblorosas.
El mensaje que llegó era de una antigua compañera. Natsukawa Nayu. El mensaje decía que me presentara para dar una clase de inglés en la preparatoria Seyu. Acabo de despertar y ya quieren que me ponga a trabajar. Qué típico de este mundo.
Dejé escapar un fuerte suspiro mientras me recostaba en la cama, sintiendo cómo el colchón se hundía bajo mi peso. Pero me tuve que levantar a ponerme una pijama. La vida no espera a nadie, y mucho menos a un profesor que acaba de despertar de un sueño de dos años.
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Al día siguiente, ya estaba en la preparatoria Seyu. Es una academia bastante prestigiosa. Puedo decir con seguridad que solo los niños millonarios estudian aquí.
Aunque es sorprendente que haya muchos. Nunca pensé que Japón tendría a tantos niños de papi y mami. Me llevé un café de la cafetería cerca de la puerta donde estaba Natsukawa-chan, esperando a que sonara el timbre.
—Hoy vendrá un compañero de trabajo a dar una clase—Escuché la voz de Natsukawa a través de la puerta. A pesar de que las paredes eran gruesas, podía escuchar los murmullos de los estudiantes. Hablaban entre ellos con esa energía juvenil que tanto extrañaba, o quizás no.
Qué irrespetuosos. ¿Acaso no les enseñaron que no se habla en clases? En mi época, eso no hubiera pasado. Bueno, en mi época también hablaban, pero al menos se escondían mejor.
—Denle la bienvenida al profesor Yoshiya—No entiendo por qué tanto alboroto por un simple profesor. Pero ya que...
Di un paso adelante, haciendo que mis zapatos de vestir —por supuesto, caros y de edición limitada, porque hasta en eso soy un snob— sonaran mientras avanzaba. Di pasos lentos y elegantes, como si estuviera en una pasarela. Si iba a dar clases, al menos iba a hacerlo con estilo.
Me paré frente a todos. Podía sentir las miradas de todos los estudiantes. Unos confundidos, otros curiosos. Las chicas me miraban como si fuera un ángel caído del cielo. Un chico me miró y se sonrojó. Oye, yo no le voy a ese bando. Aunque tampoco soy un delincuente para andar con un menor.
—Buenos días, soy el profesor Yoshiya. Hoy estaré a cargo de su clase de inglés—Mi voz sonó firme, segura. Como si nunca hubiera estado muerto. Como si nunca hubiera sido otra persona.
Pero en el fondo, una parte de mí seguía en aquel mundo de magia preguntándose si todo esto era real o solo otro sueño.