Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 11
Elisa actuó rápido, decidida a apagar cualquier chispa que pudiera volver a unirlos. Primero buscó a Miriam, fingiendo una dulzura y una comprensión que no sentía.
—Hola, Miriam… —la saludó con voz suave, acercándose con una sonrisa amable que no llegaba a sus ojos—. He sabido que has vuelto a coincidir con Adam. Solo quería acercarme, como una vieja conocida, para decirte que tengas cuidado. Sé lo mucho que sufriste por él.
Miriam la miró sorprendida, pero escuchó confundida.
—¿Cuidado? Solo lo vi un par de veces, no…
—Y eso es lo peligroso —la interrumpió Elisa con falsa ternura—. Él sabe cómo ser encantador cuando quiere. Pero no te dejes engañar de nuevo. He escuchado que solo busca recuperar lo que perdió por orgullo, no porque realmente te ame. No quiero que vuelva a romper tu corazón.
Esas palabras calaron hondo en la mente insegura de Miriam, sembrando nuevas dudas donde antes empezaba a haber esperanza.
Poco después, Elisa buscó a Adam, cambiando su discurso para herirlo en lo más profundo.
—Adam, te veo ilusionado solo por haberla visto un momento… —le dijo con tono compasivo, poniéndole una mano en el brazo—. Pero debo ser sincera por tu bien. He hablado con gente cercana a ella, y Miriam ya no sufre por ti. Dicen que habla de su pasado como algo totalmente cerrado, que ya no siente absolutamente nada. Que todo eso quedó atrás para siempre.
Adam palideció de golpe, como si le hubieran dado un golpe en el pecho.
—¿Estás segura? ¿De verdad ya no queda nada?
—Lo siento mucho —susurró ella, bajando la mirada con fingido pesar—. El tiempo cambia a las personas, y ella ya no es la que recuerdas. Si te acercas, solo conseguirás que te rechace otra vez y te hagas más daño. Mejor déjala ir, antes de que sea demasiado tarde para ti.
Así, con medias verdades y mentiras perfectamente construidas, Elisa logró lo que quería: alejarlos de nuevo. Mientras Miriam se convencía de que las intenciones de Adam eran falsas, él se hundía en la certeza dolorosa de que ella ya lo había olvidado por completo. Y Elisa sonreía para sí misma, satisfecha al ver que, una vez más, la confusión reinaba entre ellos.
Elisa se frotó las manos satisfecha al ver el resultado de sus palabras. Primero hizo dudar a Miriam de la sinceridad de Adam, y luego llenó a él de desesperanza sobre los sentimientos de ella.
—Es demasiado fácil —murmuró para sí misma, con una sonrisa fría y cruel—. Basta una palabra aquí, una mentira allá… y vuelven a estar separados por un muro más alto que antes.
Miriam, pensativa y herida, se repetía las advertencias de Elisa: «Solo te busca por orgullo…». Y Adam, destrozado, no podía sacarse de la cabeza: «Ella ya no siente nada por ti…».
Sin verse, sin hablarse, ambos volvieron a creer lo que no era, cayendo una vez más en la red que Elisa había tejido con maestría para mantenerlos lejos el uno del otro para siempre.
Miriam apretó los puños, luchando contra su propio deseo de creer en él.
—¿Y si tiene razón? —se susurró a sí misma—. ¿Y si todo lo que parece amor no es más que orgullo herido?
A unos kilómetros de allí, Adam sentía que el mundo se le venía encima.
—Ya no siente nada… —repetía con voz rota—. Todo este tiempo esperando en vano, y para ella ya no soy más que un recuerdo olvidado.
Y así, con unas pocas palabras venenosas, Elisa logró apagar la pequeña luz de esperanza que acababa de nacer entre ellos, dejándolos otra vez solos, confundidos y creyendo una mentira que nunca fue cierta.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.