En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 21: El precio de la redención
El impacto hizo temblar las ruinas del antiguo castillo.
Varek atravesó la oscuridad con una espada antigua que había tomado del suelo. La hoja, marcada con el emblema de los Draven, brilló al entrar en contacto con la sombra.
La criatura rugió.
No de dolor.
De sorpresa.
—Tú no puedes detenerme.
Varek sostuvo la espada con ambas manos.
—Tal vez no.
Pero alguien tiene que intentarlo.
La oscuridad comenzó a envolver su brazo.
La energía oscura avanzaba por su cuerpo como veneno.
Aiden dio un paso adelante.
—¡Varek!
El antiguo heredero lo miró.
Y por primera vez, Aiden no vio arrogancia en sus ojos.
Vio cansancio.
Y arrepentimiento.
—Toda mi vida quise demostrar que era digno de ese trono.
Pensé que si tenía suficiente poder...
Finalmente todos me mirarían.
Su voz se quebró.
—Pero perdí todo mientras intentaba obtener algo que ya tenía.
Aiden permaneció en silencio.
Varek bajó la mirada.
—Tu padre me perdonó muchas veces.
Incluso cuando yo lo odiaba.
Nunca entendí por qué.
Ahora lo entiendo.
Porque él era un verdadero Alfa.
La criatura empujó a Varek hacia atrás.
—Patético.
La redención no cambia nada.
Tus crímenes siguen existiendo.
Varek sonrió débilmente.
—Sí.
Pero mis decisiones de ahora también.
Y eso es algo que tú nunca entenderás.
Porque tú solo sabes destruir.
Aiden sintió una energía recorrer su cuerpo.
El cristal plateado que su padre había dejado en la caja comenzó a brillar.
Lo sacó.
La luz aumentó.
Selene lo miró sorprendida.
—Eso era la esencia del vínculo Alfa.
Aiden frunció el ceño.
—¿Qué significa?
—Tu padre no dejó un arma.
Dejó una conexión.
La antigua magia de los Alfas no provenía del dominio.
Provenía de proteger.
El joven cerró los ojos.
Sintió algo.
No era solo su fuerza.
Eran las voces de todos a su alrededor.
Los lobos.
Los vampiros.
Las personas que habían elegido luchar juntas.
Por primera vez entendió lo que significaba ser un Alfa.
No era estar arriba de todos.
Era estar dispuesto a ponerse delante de ellos.
Aiden abrió los ojos.
El dorado de su mirada brillaba como la luna.
—Escúchame.
La criatura lo observó con desprecio.
—¿Otro discurso?
—No.
Una decisión.
La energía plateada se extendió por la sala.
Los guerreros sintieron el calor recorrerlos.
Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente.
Las sombras que alimentaban la criatura comenzaron a desaparecer.
—No voy a destruirte —dijo Aiden.
Todos quedaron sorprendidos.
La criatura soltó una carcajada.
—¿Qué?
—Eso es lo que quieres.
Que respondamos con odio.
Que demostremos que somos iguales a ti.
La sonrisa del ser desapareció.
—Tú no entiendes.
Aiden dio un paso adelante.
—Sí entiendo.
Porque yo también sentí rabia.
Yo también quise culpar a alguien.
Pero si dejamos que el odio decida por nosotros...
Entonces tú ganas.
La criatura comenzó a perder forma.
Su cuerpo se volvió inestable.
Miles de sombras salieron de él como humo.
Por primera vez, parecía pequeño.
Antiguo.
Cansado.
—No...
No puede terminar así.
He existido desde antes de sus reinos.
Antes de sus nombres.
Aiden lo miró.
—Entonces deberías saber algo.
Todo lo que nace del odio termina destruyéndose a sí mismo.
La luz plateada envolvió completamente a la criatura.
Su grito recorrió las montañas.
Y después...
Silencio.
La oscuridad desapareció.
Durante unos segundos nadie habló.
El amanecer comenzó a entrar por las ventanas destruidas del castillo.
La primera luz del día tocó las ruinas.
Habían sobrevivido.
Pero el precio había sido alto.
Todos miraron a Varek.
Seguía de pie.
Pero apenas podía mantenerse.
La energía oscura había dejado una marca en él.
Aiden se acercó.
Varek levantó la mirada.
—¿Vas a matarme?
Aiden pensó en todo lo que había perdido.
Su padre.
Su infancia.
La vida que nunca tuvo.
Luego miró a su tío.
—No.
Varek pareció sorprendido.
—¿Después de todo?
Aiden asintió.
—Porque si realmente quiero ser diferente...
No puedo construir mi reino sobre venganza.
Por primera vez, Varek no tuvo una respuesta.
Solo cerró los ojos.
Y dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Te pareces a él.
Horas después, las ruinas quedaron en silencio.
Pero mientras todos se preparaban para regresar...
Aiden encontró algo escondido entre las piedras.
Un pequeño mensaje grabado.
No era de Varek.
Ni de su padre.
Era más antiguo.
Mucho más antiguo.
Decía:
"Cuando la sombra caiga, la luna despertará."
Y debajo...
Un símbolo desconocido.
Lyra lo vio y palideció.
—Aiden...
—¿Qué?
Ella señaló el símbolo.
—Ese es el emblema de los primeros vampiros.
Los que existían antes de los reyes.
Antes de los clanes.
Antes de nuestra historia.
Aiden frunció el ceño.
—¿Quieres decir que esto no terminó?
Lyra miró hacia las montañas.
—Creo que acabamos de despertar algo más antiguo que la guerra.