●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 21: El rugido del protector y la limpieza del nido
Capítulo 21: El rugido del protector y la limpieza del nido
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
La señal de alerta a través del lazo biológico había sido devastadora. En medio de su reunión de negocios, Louie había sentido una repentina y violenta punzada en el pecho, acompañada por el eco distante y amargo de un aroma a duraznos marchitos por el dolor. No necesitó explicaciones. Sus instintos de Alfa Dominante se encendieron en un segundo, transformando su habitual frialdad en una furia territorial destructiva. Abandonó la empresa de inmediato, ordenando a su chofer conducir a máxima velocidad hacia Manhattan.
Cuando Louie irrumpió en la planta alta de la tienda de flores y té, se encontró con una escena que hizo crujir sus colmillos. Bahir estaba sentado en el sofá, hecho un ovillo, con el rostro escondido entre las manos y el cuerpo temblando por los sollozos contenidos. El abuelo Bernard estaba a su lado, sosteniéndole una taza de té caliente que el omeguita ni siquiera podía levantar.
—¡Bahir! —la voz grave de Louie resonó en el espacio, densa y cargada de una urgencia posesiva.
Al escuchar a su alfa, el omeguita alzó la mirada con los ojos completamente rojos e hinchados por el llanto.
—¡Louie! —sollozó Bahir, desarmado.
Sin importarle nada más, el omega se levantó y se arrojó con desesperación a los brazos de su esposo. Necesitaba el consuelo de su alfa, su aroma, su protección. Louie lo atrapó contra su pecho con una fuerza casi dolorosa, rodeándolo con sus grandes brazos y liberando de inmediato una marea sofocante de feromonas de madera ahumada y cuero para calmar la angustia de su durazno. Enterró el rostro en el cuello de Bahir, justo sobre la marca del lazo, gruñendo bajito mientras acariciaba su espalda, desesperado por borrar el rastro de cualquier sufrimiento en su propiedad.
Mientras Bahir se aferraba a la camisa de Louie, buscando hundirse por completo en su pecho, el abuelo Bernard le explicó rápidamente al alfa lo que había sucedido en el parque y la infame aparición de Bianca. Escuchar el nombre de la mujer y sus mezquinas exigencias hizo que los ojos oscuros de Louie se entrecerraran con una frialdad asesina. Su sadismo innato pedía a gritos encontrar a esa mujer y destruir su vida pedazo a pedazo por haberle causado una sola lágrima a su omega.
En ese momento, el teléfono de Louie comenzó a sonar. Era su madre.
Roxanne ya se había enterado de lo sucedido. El personal de seguridad privado que Louie mantenía vigilando la zona del parque se había comunicado de inmediato con la mansión principal de los alfas para reportar el altercado con la mujer desconocida. Al escuchar la voz de su hijo, Roxanne habló con una firmeza inquebrantable, pero con un tono gélido que delataba que su paciencia se había agotado.
—Quédate junto a Bahir, Louie —ordenó Roxanne desde el otro lado de la línea, con su voz de omega líder resonando con autoridad—. Tu esposo te necesita en el nido ahora mismo. Consuélalo, llévalo a casa y asegúrate de que vuelva a sonreír. De esa mujer... me voy a hacer cargo yo misma.
Roxanne adoraba a Bahir como a un hijo propio. Había visto al omeguita crecer en pureza, curar las heridas del pasado y traer paz a la retorcida mente de Louie. No iba a permitir, bajo ninguna circunstancia, que una omega cualquiera, una aparecida mezquina que abandonó a su propia sangre por dinero diecinueve años atrás, viniera ahora a hacer un desastre en el nido de su hijo y a perturbar la felicidad de su adorado yerno. Para Roxanne, Bianca había cruzado la línea definitiva.
—Entendido, madre. Destrúyela —respondió Louie en un susurro frío, con una sonrisa de medio lado que Bahir no pudo ver.
—Consideración terminada, hijo. Disfruta de tu omega —concluyó Roxanne antes de colgar.
Louie guardó el teléfono y volvió a concentrarse por completo en Bahir, levantándolo en vilo con suavidad. El omeguita, aún somnoliento y agotado por el colapso emocional, escondió el rostro en el cuello de su alfa, aspirando el aroma protector que tanto lo calmaba.
—Vamos a casa, mi vida —susurró Louie con infinita ternura simulada, besando la frente de su esposo mientras caminaba hacia la salida, dedicándole un asentimiento firme al abuelo Bernard—. Te prepararé un baño caliente y nos quedaremos en el nido todo el tiempo que necesites. Nadie te va a volver a tocar.
Bahir asintió, sintiéndose el ser más seguro del universo en los brazos de su ángel guardián. No tenía idea de que, mientras Louie lo subía a la camioneta blindada rumbo a la fortaleza de los Hamptons, en otro punto de la ciudad, Roxanne ya estaba coordinando con los abogados de la familia y sus contactos de la alta sociedad para activar una red legal y social que asfixiaría las finanzas, el estatus y la vida de Bianca, borrándola del mapa de Manhattan para siempre. El nido de los recién casados iba a ser protegido, y la pureza del durazno permanecería intacta.