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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Protección silenciosa

El viernes, Sebastián no llegó a tiempo.

Valentina estaba frente a la universidad con Lucía, revisando el celular cada pocos minutos. Daniel le había escrito antes de la última clase.

"El señor Montero está en una reunión que se alargó. Enviaré chofer."

Valentina había respondido:

"No hace falta. Espero."

Lucía guardó sus apuntes en la mochila.

—Puedes venir conmigo.

—Sebastián dijo que mandaría chofer.

—Sebastián también dice que no escucha tu música y se sabe los coros.

Valentina sonrió.

Un auto se detuvo frente a ellas.

Nico bajó la ventanilla.

—¿Te llevo?

Lucía cruzó los brazos.

—Qué coincidencia.

Nico la miró.

—Estudio aquí.

—A veces.

Valentina miró la calle. El tráfico empezaba a ponerse pesado.

—¿No te molesta?

—No.

Lucía se inclinó hacia Valentina.

—Me escribes cuando llegues.

—Sí.

Nico esperó a que Valentina subiera y luego arrancó.

Durante los primeros minutos hablaron de cosas pequeñas. El tráfico. Una tarea. La cafetería que había cambiado el menú. Valentina miró su perfil mientras él manejaba.

Nico se puso tenso.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Es que te pareces mucho a Sebastián cuando miras hacia adelante.

Nico apretó el volante.

—Somos hermanos.

—Sí, pero no siempre. Cuando sonríes no te pareces.

—¿Y cuando manejo sí?

—Un poco.

Valentina lo dijo sin cuidado, sin intención de herir. Luego sacó una libreta de la mochila.

—Estoy preparando algo para mi cumpleaños.

—¿Ah, sí?

—Voy a invitar a Sebastián a cenar. Bueno, ya lo invité. Dijo que irá.

Nico mantuvo la vista en la calle.

—Suena bien.

—Quiero comprarle algo, pero no sé qué se le compra a alguien que puede comprar todo.

—Tiempo.

Valentina lo miró.

—¿Qué?

Nico bajó la velocidad en un semáforo.

—A Sebastián. Le regalas tiempo y lo va a guardar como si fuera algo caro.

Valentina sonrió despacio.

—Eso fue lindo.

Nico quiso retractarse. No pudo.

—No le digas que lo dije.

—No.

Llegaron a La Hacienda. Nico estacionó frente a la entrada, pero no apagó el motor.

Valentina tomó su mochila.

—Gracias por traerme.

—No es nada.

Ella abrió la puerta, luego se detuvo y volvió a inclinarse hacia él.

—Gracias, hermanito.

Lo abrazó.

Fue un abrazo corto, limpio, sin tensión. Valentina apoyó la mejilla un segundo en su hombro y se apartó.

Nico tardó en mover las manos. Cuando reaccionó, le dio una palmada suave en la espalda.

—Anda. Entra.

Valentina bajó y cruzó hacia la puerta con pasos rápidos. Antes de entrar, se giró y levantó la mano.

Nico respondió con un gesto.

Cuando la puerta se cerró, se quedó diez minutos en el auto.

Llamó a Lucía.

Ella contestó con desconfianza.

—¿Llegó bien?

—Sí.

—Entonces, ¿qué pasa?

Nico miró la fachada de La Hacienda.

—Ella... ¿se ve feliz?

Lucía no respondió al instante.

—Sí, Nico. Se ve muy feliz.

Él apoyó la cabeza en el respaldo.

—Bien.

—No suenas como si estuviera bien.

—Porque soy una mala persona.

—No tengo energía para contradecirte hoy.

Nico soltó una risa baja.

—Gracias.

—Pero si vas a hacer algo estúpido, no la uses a ella para castigarte.

—No voy a hacer nada.

—Eso espero.

Colgó.

Nico arrancó.

A los pocos metros, el celular vibró sobre el asiento.

Camila:

"Nico, necesito hablar contigo. Es sobre Valentina y tu hermano. Tengo algo que te puede interesar."

Nico leyó el mensaje en un semáforo.

No respondió.

Tampoco lo borró.

El auto detrás tocó el claxon. Nico dejó el celular boca abajo y avanzó, pero el mensaje ya se le había metido bajo la piel.

Camila no escribía por casualidad. Nunca. Si decía que tenía algo sobre Valentina y Sebastián, era porque había elegido ese anzuelo para él.

En el siguiente semáforo volvió a mirar la pantalla.

Pensó en Valentina diciendo "hermanito" con esa confianza limpia que le había dado vergüenza. Pensó en Sebastián, en la forma en que ella lo nombraba ahora, como si el mundo se ordenara alrededor de ese nombre.

Nico apagó el teléfono.

—No voy a contestar —se dijo.

La frase sonó bien dentro del auto.

Pero al llegar a la Residencia, guardó el celular en el bolsillo en vez de dejarlo sobre la mesa.

En la cena, Doña Mariana llamó por videollamada desde el viaje. Eduardo aparecía detrás, revisando una cuenta del hotel.

—¿Cómo está Valentina? —preguntó Mariana.

Nico movió la comida en el plato.

—Bien.

—¿Sebastián sigue llevándola y trayéndola?

—Sí.

Mariana apretó los labios.

—Tu hermano siempre cree que puede encargarse de todo.

Nico dejó el tenedor.

—A veces sí se encarga.

La frase sorprendió a Mariana. También a él.

Después de colgar, Nico volvió a mirar el mensaje de Camila. Ya no lo leyó con curiosidad limpia. Lo leyó con resentimiento, miedo y una pequeña parte de esperanza que le dio asco.

Si Camila tenía algo, podía destruir la calma de Sebastián.

También podía destruir la de Valentina.

Nico bloqueó la pantalla.

Esa noche durmió mal.

Soñó con el hospital. Valentina abría los ojos y lo llamaba primero a él. Después Sebastián entraba y ella giraba la cabeza hacia su hermano con una confianza que Nico no sabía romper.

Despertó antes del amanecer, sudando.

El celular estaba sobre la mesa de noche.

El mensaje de Camila seguía ahí, esperando.

Nico lo abrió, escribió "qué tienes" y se quedó mirando esas dos palabras.

No las envió.

Borró el texto.

Pero el hecho de haberlo escrito ya le dio vergüenza.

Por la mañana, Valentina le mandó una foto del desayuno que Sebastián le había preparado: pan tostado demasiado perfecto, fruta cortada en tamaños iguales y una nota que decía "come antes de discutir con estadística".

Nico escribió:

"Se ve bien."

No añadió nada más.

Valentina respondió con un audio riéndose:

—Está aprendiendo a no quemar pan. Milagro familiar.

Nico escuchó el audio dos veces. Después dejó el celular boca abajo.

Camila no necesitaba mentirle. Bastaba con recordarle que esa risa ya no era para él.

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Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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