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EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La Salida

(POV Lola)

La mañana siguiente amaneció tensa y eléctrica.

Me levanté antes del amanecer, con los nervios revolviéndome el estómago. Por primera vez en semanas, iba a salir de la mansión. Iba a pisar la calle. Iba a ver el mundo real.

—¿Preparada? —preguntó Elara desde su cama, ya vestida y con una energía que parecía café puro.

—No.

—Perfecto. Vamos.

Bajamos al recibidor y nos encontramos con el panorama completo.

Damián estaba apoyado contra la puerta, vestido de negro, con los brazos cruzados y el rostro de piedra. Marcus estaba a su lado, también de negro, también impasible. Parecían dos guardaespaldas de película.

Y junto a ellos, con una chaqueta de cuero y una sonrisa de oreja a oreja, estaba León.

—¡Equipo! —exclamó—. Salida de campo. ¿Llevamos snacks?

Damián lo fulminó con la mirada.

—Tú no vienes.

—Claro que vengo. Alguien tiene que vigilar que no os matéis entre vosotros.

—No hace falta.

—Si sales sin supervisión, puede pasar cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa, digo algo bueno, y eso te aterra.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

—Quédate atrás —dijo Damián al fin—. Y no te metas.

León me guiñó un ojo.

La comedia estaba servida.

(POV Externo - El Observador)

El coche negro salió de la mansión Blackwood a las ocho de la mañana.

Desde el bosque, unos prismáticos siguieron su trayectoria.

—Ya salen —dijo una voz ronca en un teléfono—. Van cinco. El Alfa, el segundo, el hermano, la omega y una beta pelirroja.

—¿Hacia dónde?

—Carretera sur.

—Perfecto. Que no te vean. Solo observa.

La llamada terminó.

Los prismáticos siguieron al coche hasta que desapareció en la distancia.

(POV Lola)

El viaje en coche fue incómodo y extraño.

Damián conducía. Yo iba a su lado, con las manos en el regazo, intentando no respirar demasiado hondo para no llenarme de su olor. En el asiento trasero, Elara y León no paraban de cuchichear.

—He oído que tienes una tienda —decía Elara.

—Una galería de arte —corrigió León—. Bueno, varias. Pero la principal está en el centro.

—¿Arte? ¿En serio?

—¿Por qué lo dices como si fuera raro?

—Porque tu hermano parece que solo entiende de estrategias y puños.

León se rió.

—Somos diferentes. Él heredó el liderazgo. Yo heredé el gusto.

Elara sonrió.

—Me gusta el gusto.

—¿Te gusta el gusto o te gusto yo?

—No te confundas.

—Demasiado tarde.

Les lancé una mirada por el retrovisor. Elara estaba sonrojada. León, satisfecho.

Damián, a mi lado, seguía impasible. Pero noté que sus manos apretaban el volante un poco más de lo necesario.

—¿Qué pasa? —pregunté en voz baja.

—Nada.

—Mientes.

Me miró un instante. Solo un instante.

—Hay demasiada gente —dijo—. Demasiados sitios donde esconderse.

—Es una universidad, no una emboscada.

—Para mí, todo es una emboscada.

No supe qué responder.

(POV Lola - Universidad)

La universidad era un mundo aparte.

Edificios modernos, estudiantes con mochilas, risas, prisas, normalidad. Me quedé un momento paralizada en la entrada, absorbiendo el bullicio que había echado tanto de menos.

—Por aquí —dijo Damián, tomándome del codo.

Su toque fue eléctrico. A través del vínculo, sentí su alerta, su tensión. Pero también algo más. Algo que no supe identificar.

Marcus se adelantó, explorando el camino. León y Elara iban detrás, cuchicheando sin parar.

Llegamos a ventanilla. La cola era larga.

—Voy a esperar —dije.

—Esperamos todos —respondió Damián.

—No hace falta.

—Sí hace falta.

No discutí.

Mientras esperaba, miré a mi alrededor. Estudiantes normales. Vidas normales. Gente que no sabía nada de alfaz, ni de vínculos, ni de omegas encerradas en mansiones.

Por un momento, los envidié.

—¿Lola? —la administrativa llamó mi nombre.

Me acerqué a la ventanilla. El trámite fue rápido: papeles, firma, pago. Cinco minutos y ya estaba.

Cuando me giré, vi a Elara y León en un rincón.

Ella reía por algo que él había dicho. Él la miraba como si fuera la única persona en el mundo. Estaban cerca. Muy cerca. Sus manos casi se rozaban.

—Son empalagosos —dijo Damián a mi lado.

—Son bonitos —corregí.

Damián no respondió. Pero su mirada se desvió hacia ellos un momento, y algo en su expresión cambió.

No supe qué era.

Pero por un instante, no pareció tan frío.

(POV Externo - El Observador)

Desde el edificio de enfrente, el mismo hombre de los prismáticos seguía observando.

Vio a la omega salir de ventanilla. Vio al Alfa pegado a ella como una sombra. Vio al hermano y a la beta riendo en una esquina.

Sacó el teléfono.

—Ya hizo el trámite. Están por irse.

—¿Notó algo?

—No. Soy invisible.

—Bien. Envía el mensaje ahora. Quiero que lo reciba cuando llegue a casa.

—Entendido.

La llamada terminó.

El hombre sonrió y guardó el teléfono.

(POV Lola)

El viaje de vuelta fue más relajado.

Elara y León seguían con su cuchicheo infinito. Damián conducía en silencio, pero noté que su tensión había disminuido ligeramente. Tal vez porque estábamos de vuelta. Tal vez porque nada había pasado.

Cuando llegamos a la mansión, bajamos del coche con una sensación extraña. Como si hubiéramos vivido una pequeña aventura.

—Ha sido divertido —dije sonriendo —. Deberíamos repetir.

—No —respondió Damián.

—No te preguntaba a ti.

León soltó una carcajada. Damián lo fulminó con la mirada.

Entramos en la mansión. Yo me dirigía a mi habitación cuando mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Lo abrí.

"Dile al Alfa que no puede protegerte siempre."

El mundo se detuvo.

—Lola? —la voz de Elara llegó lejana—. ¿Qué pasa?

Le mostré el teléfono.

Ella palideció.

—Damián —llamó—. ¡Damián!

Él apareció en segundos. Leyó el mensaje. Su mandíbula se tensó.

—¿Cuándo llegó?

—Ahora. Justo ahora.

—Kael —gruñó Marcus, apareciendo detrás—. Sabe que salimos. Sabe que volvimos.

—Sabe todo —dijo Damián, con voz helada.

Me miró.

—Desde ahora —dijo—, nadie sale. Nadie. Hasta que descubramos cómo sabe tanto.

—Damián...

—No discutas, Lola. Por una vez, no discutas.

No discutí.

Pero mientras subía a mi habitación, con el mensaje quemándome las manos, supe que esto no había hecho más que empezar.

(POV León - Pasillo)

León vio a su hermano alejarse con esa expresión de piedra que tanto conocía.

Vio a Lola subir las escaleras con el teléfono apretado contra el pecho.

Y vio a Elara, pálida, temblando ligeramente.

Se acercó a ella.

—¿Estás bien?

—No —susurró ella—. Esto es... esto es demasiado.

León dudó un momento. Luego, sin pensar, le rodeó los hombros con un brazo.

—Tranquila —dijo—. Mi hermano es un iceberg, pero también es un muro. No dejará que le pase nada.

Elara levantó la vista. Sus ojos verdes se encontraron con los de él.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Tú también eres un muro?

León sonrió.

—Yo soy la puerta. La que se abre cuando necesitas escapar.

Ella no respondió.

Pero no se apartó

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Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
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