Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 21: Verdades incómodas
El regreso a la capital fue silencioso.
Demasiado silencioso.
Nadie podía dejar de pensar en el encuentro con Viktor Draven.
Habían estado frente al hombre que llevaba meses moviendo los hilos desde las sombras.
Y aun así, él había escapado como si todo hubiera sido parte de un plan.
Lilian permanecía sentada dentro de un carruaje escoltado por soldados imperiales.
Sus ojos estaban hinchados por el llanto.
Sus manos temblaban constantemente.
Y por primera vez desde que Evelina la conocía, parecía realmente asustada.
—No parece estar fingiendo —comentó Diana.
—Yo tampoco lo creo —respondió Helena.
—Eso me preocupa aún más.
Alexander asintió.
Porque si Lilian tenía miedo...
Entonces Viktor era mucho más peligroso de lo que imaginaban.
Cuando llegaron a la mansión Valmont, Lilian fue llevada a una sala privada.
Alexander decidió interrogarla personalmente.
Helena permaneció a su lado.
Cedric también estaba presente.
Y para sorpresa de todos, Alexander permitió que Evelina asistiera.
—Quiero la verdad.
La voz del duque era fría.
Lilian bajó la cabeza.
—Lo sé.
—Entonces habla.
La joven comenzó a llorar.
—Yo nunca quise que las cosas llegaran tan lejos.
—Eso no responde nada.
—Lo conocí hace dos años.
La habitación quedó en silencio.
—¿A Viktor?
—Sí.
Cedric cruzó los brazos.
—Continúa.
—Al principio parecía amable.
Me ayudó cuando tenía problemas.
Me escuchaba.
Me daba consejos.
Ela sintió una sensación desagradable.
Conocía perfectamente ese tipo de manipulaciones.
—Y luego comenzó a pedir favores.
Lilian cerró los ojos.
—Información.
Pequeñas cosas al principio.
Después cosas más importantes.
Alexander parecía cada vez más furioso.
—¿Le hablaste de mi familia?
—Sí.
—¿Le hablaste de Evelina?
—Sí.
El silencio se volvió pesado.
Lilian comenzó a llorar nuevamente.
—Lo siento.
Por primera vez, Ela sintió algo inesperado.
Compasión.
No porque Lilian fuera inocente.
Porque claramente no lo era.
Pero ahora podía ver lo que realmente había ocurrido.
Había sido utilizada.
—¿Por qué te buscó específicamente a ti? —preguntó Helena.
Lilian levantó lentamente la vista.
—Porque me parecía a alguien.
Cedric reaccionó inmediatamente.
—¿A quién?
La joven dudó.
—Nunca me lo dijo.
Aquella respuesta dejó más preguntas que respuestas.
Después del interrogatorio, Lilian fue puesta bajo vigilancia.
No como prisionera.
Todavía no.
Pero tampoco podía abandonar la mansión.
Aquella noche, una nueva reunión tuvo lugar en el despacho de Alexander.
—Tenemos problemas.
—Eso ya es costumbre —comentó Julian.
Nadie discutió.
Helena desplegó varios mapas.
—Durante las últimas semanas encontramos movimientos militares extraños cerca de la frontera norte.
—¿Viktor?
—Probablemente.
Cedric observó el mapa.
—Está reuniendo fuerzas.
—¿Para qué?
Preguntó Diana.
La respuesta llegó de Alexander.
—Para una guerra.
El silencio cayó sobre la habitación.
Porque todos comprendieron inmediatamente lo que significaba.
Si Viktor conseguía suficiente poder...
El imperio entero estaría en peligro.
Horas después, cuando todos se retiraron, Ela permaneció sola en la biblioteca.
Necesitaba ordenar sus pensamientos.
Necesitaba entender por qué Viktor parecía tan interesado en ella.
Y sobre todo...
Necesitaba descubrir qué estaba ocultando la historia original.
—Sabía que te encontraría aquí.
Ela levantó la vista.
Cedric acababa de entrar.
—Empiezas a repetir mucho esa frase.
—Y tú empiezas a pasar demasiado tiempo en bibliotecas.
—Es un lugar tranquilo.
—Hasta que aparecen conspiraciones.
Ela sonrió.
Cedric tomó asiento frente a ella.
Por unos segundos ninguno habló.
Finalmente fue él quien rompió el silencio.
—¿Qué piensas de Lilian?
La pregunta sorprendió a Ela.
—Creo que tomó malas decisiones.
—Yo también.
—Pero no creo que sea el verdadero enemigo.
Cedric asintió.
—Yo tampoco.
Los ojos de ambos se encontraron.
Por primera vez desde que comenzó todo aquello, estaban completamente de acuerdo.
Sin embargo, en ese mismo instante, a cientos de kilómetros de distancia, Viktor Draven observaba un antiguo retrato.
Un retrato de una mujer de ojos violetas.
Idénticos a los de Evelina.
—La encontré.
Sus dedos recorrieron lentamente el borde del cuadro.
—Después de todo este tiempo...
Una sonrisa apareció en su rostro.
Una sonrisa que no tenía nada de amable.
Y por primera vez, el hombre que movía los hilos desde las sombras parecía emocionado.
Porque Evelina Valmont no era solo una pieza dentro de su plan.
Era el centro de todo.