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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 Las reglas del silencio

La niña se había quedado profundamente dormida, su respiración ya era suave y pareja, el calor insoportable se había alejado por fin.

Me quedé un momento más acariciando su mano, hasta que sentí que estaba totalmente tranquila.

Entonces me incorporé despacio y salí al pasillo, donde Nicolás esperaba apoyado contra la pared, con el rostro desencajado y los ojos todavía húmedos.

Se acercó a mí con paso inseguro, como si temiera que si se movía demasiado rápido desapareciera.

—Quédate…

Por favor.

No vuelvas a irte.

No sé qué haría si le pasara algo y no estuvieras tú.

No sé cómo te lo pido, pero quédate con nosotros.

Lo miré fijamente, vi el arrepentimiento escrito en cada línea de su cara, y sentí pena y dolor a la vez.

Le respondí con voz serena, pero firme, sin dejar espacio a dudas.

—Me quedaré.

Pero bajo una condición.

—Lo que sea —dijo él de inmediato—.

Lo que me pidas, lo haré.

—No quiero que me dirijas la palabra —le marqué despacio—.

No me hables a mí, no me preguntes nada, no me busques para conversar, no me mires como si tuviéramos algo que decirnos.

Lo único por lo que nos hablaremos, será por Nicole.

Tu hija. Solo ella nos une.

Solo ella tendrá nuestras palabras.

Él se quedó como golpeado, bajó la mirada y asintió muy despacio.

—Acepto.

Entiendo.

Haré exactamente lo que pides.

Solo…

No te vayas.

Eso es lo único que no soportaría.

Así fue como regresé a la casa, pero con un muro puesto entre nosotros.

Desde ese día todo cambió.

Al entrar, Nicolás me abrió paso sin decir un saludo, sin hacer una pregunta.

Cuando despertó a la mañana siguiente, puso el desayuno sobre la mesa y se sentó lejos.

Si necesitaba decirme algo, solo mencionaba a la niña.

“Tiene su abrigo puesto”, “Ya desayunó”, “Le duele un poco la cabeza todavía”.

Y yo respondía lo justo, solo sobre ella, sin añadir nada más.

Pasaron los días y el silencio entre nosotros se volvió parte de la rutina.

Comíamos sin cruzar la vista, caminábamos por la casa evitando coincidir, nos movíamos como dos extraños que compartían techo solo por el bien de la pequeña.

Pero aunque no habláramos, yo veía cómo él me miraba de reojo muchas veces.

Veía cómo se detenía al verme peinarla, cómo se quedaba escuchando cuando le cantaba, cómo sus ojos se llenaban de una confusión inmensa y de una tristeza que no sabía explicar.

La niña sanó por completo muy pronto.

Volvió a reír, a correr, a hablar sin parar.

Solo ella rompía aquel silencio pesado.

Cuando nos llamaba a los dos, acudíamos cada uno desde su sitio, pero no nos dirigíamos la mirada.

Nicolás cumplía al pie de la letra lo que le había pedido: no había frases amables, no había disculpas, no había preguntas sobre mi vida o mi paso por aquí.

Solo lo estrictamente necesario para ella.

Una tarde, mientras la niña jugaba en el jardín, él se detuvo cerca, sin mirarme directamente, y dijo bajito solo por cumplir lo pactado.

—Ella te busca todo el tiempo.

Cuando no estás, pregunta dónde te has metido.

Ya no se queda callada, ya no se encierra.

Gracias.

Solo…

gracias por eso.

—No me lo digas a mí —respondí sin levantar la vista—.

Dilo a ella.

Es por ella que estoy aquí.

Él asintió y se alejó.

Sabía que tenía razón, sabía que merecía aquel trato después de haberme echado y haberme tratado tan mal.

Pero también sentía que cada día que pasaba sin hablarme, sin saber de mí, se le hacía más difícil soportarlo.

No entendía por qué le dolía tanto aquel silencio, por qué le pesaba más que cualquier otra ausencia que hubiera llevado.

Yo también lo sentía.

Por dentro mi alma quería hablarle, quería abrazarlo, decirle que seguía siendo la misma que amaba.

Pero sabía que todavía no era el momento. Que debíamos aprender a estar juntos sin confundirnos, que debía probar que mi lugar allí no era para quitarle nada, sino para devolverle lo que el dolor le había quitado.

Así seguimos, paso a paso, separados por palabras guardadas, pero unidos por el amor más grande que teníamos.

El silencio entre nosotros era el precio que pagábamos, hasta que llegara el día en que ya no hiciera falta poner barreras.

Hasta que él pudiera mirarme y ver por fin, más allá de todo, quién caminaba a su lado.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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