Cinco años habían transcurrido desde que el Imperio dejó atrás la guerra que amenazó con consumirlo.
Las cicatrices seguían ahí, aunque ocultas bajo el esplendor de una nueva era.
Las ciudades prosperaban, las rutas comerciales se habían extendido hasta reinos que antes eran enemigos y el pueblo vivía una estabilidad que muchos creían imposible.
Pero la paz no eliminaba las ambiciones.
Solo les daba tiempo para crecer.
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El legado oculto 1
Durante varios segundos nadie se movió.
El pasadizo permanecía completamente oscuro.
Una corriente de aire frío ascendía lentamente desde las profundidades, como si aquel lugar hubiera permanecido sellado durante siglos.
Sacha dio un paso al frente.
El collar volvió a emitir un leve resplandor dorado.
No era tan intenso como el que había salvado a los aldeanos.
Era una luz tenue.
Constante.
Como si estuviera guiándola.
Dominic se colocó inmediatamente a su lado.
—Entraré primero.
Sacha negó con una pequeña sonrisa.
—Sabía que dirías eso.
Serafis levantó una antorcha que uno de los guardias acababa de encender.
—No sabemos qué encontraremos ahí abajo.
Será mejor permanecer juntos.
Sofía observó el pasadizo con una mezcla de curiosidad y respeto.
—He vivido en este castillo durante años...
Y jamás imaginé que existiera algo así.
Adrien respiró profundamente.
Aquel lugar pertenecía a la historia de su familia.
Y ahora tendría la oportunidad de conocerla.
Los cinco comenzaron a descender.
La escalera era estrecha.
Las paredes estaban construidas con enormes bloques de piedra blanca.
Sorprendentemente...
No había polvo.
Ni telarañas.
Como si el tiempo jamás hubiera conseguido entrar en aquel lugar.
Tras varios minutos de descenso, la escalera terminó frente a una enorme puerta de piedra.
No tenía cerradura.
Ni manijas.
Solo un enorme relieve ocupaba el centro.
Era el escudo de la familia Echeverría.
Debajo del escudo había una frase escrita en la antigua lengua.
Serafis se acercó lentamente.
Leyó las palabras en voz alta.
—"Solo quien proteja la vida podrá recibir nuestro legado."
Todos guardaron silencio.
Sacha apoyó una mano sobre el relieve.
No ocurrió nada.
Frunció ligeramente el ceño.
Entonces recordó las palabras de la carta.
"El collar abrirá aquello que ninguna llave puede abrir."
Lentamente sacó el collar de debajo de su ropa.
Por primera vez, todos pudieron observarlo con claridad.
La piedra transparente comenzó a iluminarse.
Su color era un dorado suave.
El mismo color que había aparecido cuando devolvió la energía vital a los aldeanos.
El collar se elevó unos centímetros por sí solo.
Flotó frente a la puerta.
Después...
Encajó exactamente en un pequeño espacio circular que hasta ese momento nadie había notado.
Un profundo sonido recorrió toda la sala.
La piedra comenzó a moverse lentamente.
La puerta se abrió.
Ninguno dijo una palabra.
Lo que apareció al otro lado no era un tesoro.
Era una enorme biblioteca.
Miles de libros descansaban sobre estanterías de madera oscura.
Pergaminos perfectamente conservados ocupaban vitrinas de cristal.
Mapas antiguos cubrían varias paredes.
En el centro de la sala había una gran mesa de piedra.
Sobre ella descansaban varios objetos cuidadosamente colocados.
Una espada.
Un bastón.
Un antiguo diario.
Y un pequeño atril vacío.
Serafis quedó completamente inmóvil.
Sus ojos recorrían cada rincón con auténtica fascinación.
—Esto...
Esto cambia siglos de historia.
Sofía caminó lentamente entre las estanterías.
Muchos de aquellos libros parecían incluso más antiguos que el propio Imperio.
Adrien apenas podía creer lo que veía.
—¿Todo esto perteneció a nuestra familia?
Sacha observó la sala sin responder.
Sentía algo extraño.
Como si aquel lugar...
La hubiera estado esperando.
Entonces ocurrió.
El collar volvió a brillar.
Pero esta vez cambió de color.
El dorado desapareció lentamente.
En su lugar apareció un intenso tono azul.
Todos lo observaron sorprendidos.
Sacha sintió una extraña fuerza guiando sus pasos.
Sin saber por qué...
Comenzó a caminar hacia una de las estanterías más alejadas.
No buscaba ningún libro.
Simplemente...
Sentía que debía ir allí.
Se detuvo frente a una pared aparentemente vacía.
Extendió la mano.
El collar brilló con más intensidad.
Y una pequeña sección de la estantería giró lentamente sobre sí misma.
Detrás apareció un compartimento oculto.
Solo había una caja de madera.
Pequeña.
Sencilla.
Sin adornos.
Sobre la tapa podía leerse una única inscripción.
"Solo la Heredera podrá abrir este legado."
Sacha respiró profundamente.
Sin darse cuenta...
Había encontrado el primer secreto que los Echeverría habían protegido durante generaciones.
Y comprendió que aquella habitación escondía muchos más.