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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Perfume ajeno y disculpas tardías

La cerradura giró con suavidad en medio del silencio denso de la madrugada. Eran exactamente las 3:17 a. m. cuando Luca empujó la puerta principal con cuidado, como si el más mínimo sonido pudiera desatar algo que aún no comprendía. La casa estaba sumida en penumbras; una luz débil proveniente de la cocina proyectaba sombras alargadas sobre las paredes. Un murmullo de lluvia persistía afuera, como si el mundo también estuviera aguantando la respiración.

Dejó las llaves sobre la pequeña mesa de entrada, colgó el abrigo empapado y se quedó quieto por un momento. Todo parecía estar igual… pero no lo estaba. No era solo el vacío que pesaba sobre los muebles o el murmullo eléctrico del reloj. Había algo más. Algo que le revolvió el estómago de inmediato.

Un aroma.

No el suyo. No el de Isabella.

Un perfume ajeno. Masculino. Amaderado. Penetrante. Como una firma invisible que se burlaba en cada rincón.

Frunció el ceño y avanzó por el pasillo con pasos silenciosos. Observó los cojines del sillón fuera de lugar, la manta caída a medio camino, una de las ventanas mal cerrada dejando entrar el viento helado. Todo estaba levemente alterado, como si alguien hubiese estado allí y lo hubiese dejado todo en su sitio… pero mal.

Subió las escaleras despacio. Cada escalón crujía como una advertencia. Entonces, justo al llegar al pasillo del segundo piso, la vio.

Isabella.

Estaba parada frente a su habitación, con el cabello revuelto y la mirada perdida, envuelta apenas en una remera larga que le cubría hasta los muslos. Iba descalza. Tenía los ojos hinchados, no solo por el insomnio, sino por algo más profundo. Algo que la había desgastado por dentro.

No se sorprendió al verlo. Eso fue lo que más le dolió.

—No sabía si ibas a volver esta noche —dijo ella en voz baja, apenas un hilo cargado de reproche contenido.

—Siempre vuelvo —respondió él, casi en un susurro.

Quiso acercarse. Abrazarla. Pero ella retrocedió un paso, como si su proximidad ahora la hiriera.

Luca sintió el corazón encogerse. Algo estaba mal. Más que mal. Estaba roto. Y él ni siquiera sabía cuándo había comenzado a quebrarse todo.

—No tenés idea de lo que pasó después de que saliste —continuó ella. Su voz temblaba, aunque intentaba mantenerse firme—. Dante apareció. Me encontró. Entró a esta casa como si ya supiera cada rincón. Estuvo aquí, Luca. En este mismo lugar. ¿Lo entendés?

El silencio cayó como un puñal.

—¿Qué? —Luca dio un paso hacia ella. Sus facciones se endurecieron, los ojos se le tensaron—. ¿Dante estuvo acá?

—Sí. Habló conmigo. Me miró como si nunca me hubiera soltado. Como si todavía pudiera tomar lo que quisiera cuando se le antojara. Y lo peor… es que no tuviste que preguntarle cómo entrar. Ya sabía cómo encontrarme.

El nudo que tenía en la garganta se transformó en furia contenida.

—¿Estás bien? ¿Te hizo algo?

—No me tocó. No le hizo falta para dejar su marca —murmuró, cruzándose de brazos como si intentara cubrirse del recuerdo.

Luca sintió que el aire se volvía más denso, como si la casa entera conspirara para asfixiarlo. Se pasó una mano por el rostro, retrocediendo apenas.

—¿Por qué no me llamaste?

—Lo hice, Luca. Cinco veces. —Isabella lo miró directo a los ojos, dolida—. Te llamé. Te mandé mensajes. Y vos no respondiste.

Un silencio espeso volvió a instalarse entre ellos. Luca tragó saliva. Todo en su interior pedía gritar, romper algo, pero solo logró murmurar:

—Lo siento. No pensé que…

—No pensaste. —Lo interrumpió sin levantar la voz—. Como tampoco pensaste cuando decidiste dejarme sola. Acá. En una casa que no conozco. Rodeada de sombras que me siguen.

—Isabella, juro que no sabía que podía pasar algo así. Nadie sabía dónde estábamos.

—Dante lo sabía.

Sus palabras fueron como un golpe final. Se dio la vuelta sin decir nada más. Sus pasos eran lentos pero firmes, y al llegar a la puerta de su habitación se detuvo, apenas un segundo.

—No quiero hablar más esta noche.

—Por favor… —Luca intentó acercarse una vez más, pero ya era tarde.

—Solo quiero dormir —dijo, sin volverse.

Y cerró la puerta con suavidad. Ese gesto simple, más que un portazo, lo dejó paralizado en el pasillo, con el alma hecha jirones. Se quedó de pie, con el pecho agitado, el corazón colgando de un hilo y ese maldito perfume ajeno aún flotando en el aire, clavándose como una puñalada de advertencia.

Algo había cambiado.

Algo ya no volvería a ser lo mismo.

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Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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