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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El desconocido de la terraza

El sol comenzaba a ocultarse sobre Puerto Azul, tiñendo el cielo de tonos anaranjados.

Nica caminaba despacio por la costanera con una pequeña bolsa de papel entre las manos. Dentro llevaba una barra de pan, algo de fruta y una botella de agua. Era una compra sencilla, pero la había pagado con el dinero que ella misma había ganado.

Aquello le provocaba una satisfacción difícil de explicar.

—Quién diría que comprar pan me haría tan feliz... —susurró con una sonrisa.

Se sentó en uno de los bancos frente al mar.

Las olas rompían suavemente contra las rocas mientras varias familias paseaban por la playa.

Por primera vez en mucho tiempo no sentía miedo del día siguiente.

No sabía qué le esperaba, pero al menos ese futuro le pertenecía.

En la terraza de un edificio cercano, un hombre dejó su taza de café sobre la mesa sin quitar la vista de la joven.

—¿La conocés? —preguntó otro hombre que acababa de salir.

—No.

—Entonces, ¿por qué la mirás tanto?

Él sonrió de lado.

—Porque desde ayer la veo caminar por la ciudad como si estuviera descubriendo el mundo por primera vez.

Su amigo observó a Nica durante unos segundos.

—Tal vez sea turista.

—No.

—¿Cómo lo sabés?

—Los turistas miran el paisaje. Ella mira a las personas.

El hombre guardó silencio unos instantes.

—Como si estuviera aprendiendo a vivir.

Su amigo soltó una risa.

—Siempre inventando historias.

—Tal vez.

Sin decir una palabra más, volvió a tomar su café.

Todavía no sabía que aquella desconocida cambiaría su vida.

Al día siguiente, Nica llegó temprano al Café del Puerto.

—¡Buenos días! —saludó con entusiasmo.

—Buenos días, querida —respondió Marta—. Hoy tenemos mucho trabajo.

Las mesas comenzaron a llenarse desde temprano.

Nica corría de un lado a otro tomando pedidos, sirviendo café y llevando desayunos.

Aunque seguía aprendiendo, ya se movía con más confianza.

—Mesa cinco, dos cafés y tres tostadas.

—¡Enseguida!

Cuando levantó la bandeja, un niño de unos seis años pasó corriendo delante de ella.

Nica perdió el equilibrio.

La bandeja se inclinó peligrosamente.

Antes de que todo terminara en el suelo, una mano firme sujetó el borde.

—Cuidado.

La bandeja volvió a quedar estable.

Nica levantó la vista.

Frente a ella había un hombre alto, de cabello oscuro y ojos intensamente grises.

Vestía una camisa blanca con las mangas arremangadas y un pantalón negro.

No parecía un cliente común.

—Gracias... —dijo ella, todavía sorprendida.

Él sonrió apenas.

—No fue nada.

El niño regresó corriendo hacia su madre.

—Perdón, señorita.

Nica le revolvió el cabello con una sonrisa.

—No pasó nada.

Cuando volvió a mirar al hombre, él ya caminaba hacia una mesa junto a la ventana.

Marta se acercó discretamente.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Menos mal que ese joven reaccionó rápido.

Nica asintió.

—Sí...

Sin saber por qué, volvió a mirarlo.

Él estaba concentrado leyendo unos documentos mientras tomaba café.

No levantó la vista ni una sola vez.

Al terminar el turno del almuerzo, Marta comenzó a cerrar algunas mesas.

—Nica.

—¿Sí?

—¿Podés llevar esta caja al depósito de atrás?

—Claro.

La caja parecía liviana.

Sin embargo, cuando intentó levantarla, descubrió que pesaba mucho más de lo que imaginaba.

Hizo un esfuerzo.

La caja resbaló de sus manos.

Antes de caer al suelo, alguien volvió a sostenerla.

—Creo que necesitás ayuda otra vez.

Era el mismo hombre.

Nica soltó una pequeña risa.

—Empiezo a pensar que tengo muy mala suerte.

—O muy buen timing.

Entre los dos llevaron la caja hasta el depósito.

Cuando terminaron, él se limpió las manos.

—Listo.

—Muchas gracias... otra vez.

—De nada.

Por un instante ninguno dijo nada.

—Bueno... me llamo Nica.

Él la observó unos segundos.

—Mucho gusto.

Esperó que dijera su nombre.

Pero él simplemente sonrió.

—Nos veremos.

Y se marchó.

Nica frunció el ceño.

—Qué hombre más raro...

Desde la puerta del café, Marta había visto toda la escena.

Sonrió para sí misma.

—Parece que el destino empezó a moverse...

Sin embargo, ninguna de las dos imaginaba que aquel misterioso desconocido volvería muy pronto.

Y que ese encuentro aparentemente casual sería el primero de muchos.

Continuará...

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