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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El niño que lo tuvo todo

El mismo día.

La misma hora.

Mientras, en una fría mansión perdida entre los bosques de Rusia, un niño nacía condenado a convertirse en un arma...

En otra parte del país, a cientos de kilómetros de distancia, otro recién nacido abría los ojos por primera vez.

Su primer llanto no fue recibido por el silencio.

Fue recibido por sonrisas.

—¡Es un niño!

La habitación se llenó de alegría.

Su madre, agotada, lloraba de felicidad mientras sostenía al pequeño entre sus brazos.

Su padre, un importante empresario ruso, sonreía con orgullo.

—Mi heredero...

Aquel niño jamás conocería el frío de una celda.

Jamás dormiría sobre piedra.

Jamás pasaría hambre.

Desde el instante en que nació, el mundo parecía dispuesto a entregarle todo.

 

Cuatro años después.

Una enorme mansión de paredes blancas se alzaba entre jardines perfectamente cuidados.

No era un lugar oscuro como la mansión donde Leon había crecido.

Allí había fuentes.

Flores.

Sirvientes.

Risas.

Y juguetes abandonados por cada rincón.

Un pequeño niño de cabello negro corría por los largos pasillos sosteniendo una espada de madera.

Detrás de él caminaban tres sirvientas completamente agotadas.

—¡Joven amo, espere!

—¡Es peligroso correr!

El niño soltó una carcajada.

No les hizo caso.

Entró corriendo al enorme comedor.

Su madre ya estaba esperando para almorzar.

Era una mujer elegante.

De rostro amable.

Al verlo sonrió inmediatamente.

—Ven, cariño.

La comida ya está lista.

El pequeño observó la mesa.

Frunció el ceño.

—No quiero eso.

La mujer mantuvo la sonrisa.

—Hoy prepararon tu comida favorita.

El niño tomó el plato con ambas manos.

Y lo arrojó al suelo.

El sonido de la porcelana rompiéndose hizo que toda la habitación quedara en silencio.

Los sirvientes bajaron inmediatamente la cabeza.

La madre abrió ligeramente los ojos.

No por enojo.

Por tristeza.

—¿Por qué hiciste eso...?

El pequeño cruzó los brazos.

—Porque sí.

—Quiero otra comida.

La mujer respiró profundamente.

—No debes tratar así a las personas.

Antes de que pudiera continuar...

Una voz grave resonó desde la entrada.

—Déjalo.

Todos giraron la cabeza.

Un hombre alto, vestido con un impecable traje oscuro, acababa de entrar.

El padre.

Su sola presencia hacía que todos los empleados se enderezaran.

La madre suspiró.

—Pero acaba de...

El hombre la interrumpió.

—Es un niño.

Tiene derecho a hacer lo que quiera.

El pequeño sonrió orgulloso.

Corrió hasta su padre.

—¡Papá!

El hombre le revolvió el cabello.

—Así me gusta.

No dejes que nadie te dé órdenes.

Tú naciste para que los demás las obedezcan.

Los ojos del niño brillaron.

—¡Sí!

La madre observó aquella escena en silencio.

Quiso decir algo.

Pero terminó bajando la mirada.

 

Los años continuaron avanzando.

Mientras otros niños aprendían modales...

Él aprendía que podía conseguir todo con un simple capricho.

Si quería un juguete...

Lo compraban.

Si se aburría de él...

Lo tiraba.

Si rompía algo...

Los sirvientes eran castigados.

Nunca él.

Jamás escuchó la palabra "no".

Porque nadie se atrevía a pronunciarla.

 

Una tarde caminaba por el jardín acompañado de un anciano jardinero.

El hombre llevaba décadas trabajando para aquella familia.

Era respetuoso.

Paciente.

Y muy amable.

Mientras podaba unas rosas, el pequeño pasó junto a él.

Sin motivo alguno...

Le dio una fuerte patada a una de las macetas.

La tierra salió despedida.

Las flores quedaron destrozadas.

El anciano las observó con tristeza.

—Joven amo...

El niño sonrió divertido.

—Plántalas otra vez.

—Pero me tomó meses...

—No me importa.

El jardinero guardó silencio.

Se arrodilló.

Y comenzó a recoger la tierra.

Desde una ventana, el padre del niño observaba toda la escena.

Lejos de molestarse...

Sonrió.

—Tiene carácter.

Así debe comportarse un verdadero líder.

 

A los cuatro años ya era conocido por todos los empleados de la mansión.

No por su bondad.

Sino por su arrogancia.

Trataba a los sirvientes como si fueran objetos.

Jamás daba las gracias.

Jamás pedía perdón.

Y cuando alguien no cumplía inmediatamente sus deseos...

Montaba un enorme berrinche.

Sin embargo...

Su padre nunca lo corregía.

Al contrario.

Siempre encontraba alguna excusa para felicitarlo.

Porque, según él...

Un hombre poderoso no debía mostrar debilidad.

Ni empatía.

 

Aquella misma noche, el niño caminó hasta el inmenso balcón de la mansión.

Desde allí podía verse toda la ciudad iluminada.

Sonrió con orgullo.

—Todo esto será mío algún día.

Su padre apareció detrás de él.

Apoyó una mano sobre su hombro.

—Y será solo el comienzo.

El niño levantó la cabeza.

—¿Puedo tener más?

El hombre soltó una pequeña risa.

—Si eres lo suficientemente fuerte...

Podrás tenerlo todo.

El pequeño sonrió satisfecho.

No sabía lo que era pasar hambre.

No sabía lo que era sentir frío.

No sabía lo que era llorar hasta quedarse dormido.

No sabía lo que era perder a alguien.

Porque el mundo siempre había sido amable con él.

Muy lejos de allí unos años en el futuro...

En algún lugar cubierto por el humo y las llamas...

Otro joven de la misma edad yacía inconsciente sobre la nieve, con una mano extendida hacia la persona que más amaba.

Dos niños nacidos el mismo día.

Uno había crecido rodeado de riqueza, juguetes y privilegios.

El otro había conocido únicamente el dolor, la sangre y el miedo.

Dos vidas completamente opuestas.

Y, sin saberlo...

El destino ya había comenzado a acercar sus caminos.

-apariencia Leon y Rose

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