nada es para siempre
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21
—Mmmm... Sabes, ya sé perfectamente de dónde te conozco —soltó Azul de repente, deteniendo su vaso de atole a medio camino y clavando sus ojos oscuros en las facciones del rubio.
Dmitriy, que acababa de dar un mordisco gigantesco , se congeló por un segundo. Pasó el bocado con un poco de esfuerzo y la miró de reojo, con una chispa de diversión bailando en sus pupilas claras.
—¿Ah, sí? A ver, ilustradme —respondió él, acomodándose en el suelo .
—Sip. Eres el tipo del ceño fruncido de ayer del restaurante, ¿cierto? El que parecía que se estaba muriendo pero intentaba verse muy importante frente a los ejecutivos —sentenció ella, dibujando una sonrisa triunfal en los labios.
Dmitriy soltó una risita avergonzada y se pasó una mano por el cabello rubio, totalmente descubierto en su mentira.
—Vaya... Pensé que no te acordarías de mí con la luz tan mala que había en ese reservado —confesó, rascándose la nuca.
—Oye, eres demasiado simpático como para no notarte —replicó Azul con total naturalidad, dándole un sorbo a su bebida caliente.
Dmitriy arqueó una ceja de inmediato, fingiendo una profunda indignación. Dejó la torta de tamal sobre el papel de estraza y se enderezó, inflando el pecho para lucir toda su imponente musculatura de un metro noventa. El español del heredero era notablemente más rebuscado, trabado y rústico que el de su primo; a diferencia de Taras, Dmitriy no era tan estudioso ni le gustaba pasar horas memorizando diccionarios o reglas gramaticales extranjeras. Él aprendía hablando en las calles y en las fiestas.
—¿Cómo que simplemente "simpático"? —protestó el rubio, exagerando los gestos con las manos—. Por favor, mujer, no me insultes de esa manera. Yo soy un hermoso y sexy ejemplar ruso en todo su esplendor. Deberías usar mejores palabras para describirme.
Azul soltó una carcajada limpia y sonora que resonó deliciosamente cerca del lago, contagiada por la tremenda arrogancia cómica del extranjero.
—Jaja, ok, ok, está bien. Sí, admito que eres bastante guapo, fortachón —cedió ella, mirándolo de arriba abajo con una chispa de picardía—. Pero el físico no lo es todo en esta vida, ¿o sí? Tiene que haber algo más allá de esa carita de modelo.
—No, claro que no lo es todo —coincidió Dmitriy, recuperando la sonrisa descarada y volviendo a tomar su tamal—. También soy un hombre sumamente gracioso, inteligente y de buen diente. En serio, esto que me compraste es verdaderamente delicioso. Es un manjar de los dioses.
—¿Qué? ¿A poco nunca en tu vida las habías probado? —preguntó Azul, verdaderamente sorprendida por el entusiasmo gastronómico del millonario—. En sí... ¿Qué demonios has hecho aquí en México que sea realmente interesante desde que llegaste? Cuéntame.
El rubio se quedó callado de golpe, con el pan a medio camino de la boca. En ese preciso instante, el cerebro de Dmitriy empezó a trabajar a marchas forzadas, repasando los últimos meses de su estancia en el país. Buscó en su memoria algún dato, alguna anécdota cultural, pero la realidad lo golpeó de frente: no tenía absolutamente nada rescatable que pudiera contarle a una chica como ella. No había visitado sitios arqueológicos importantes, no conocía los museos emblemáticos, no había caminado por parques nacionales y mucho menos se había parado en los lugares comunes que cualquier extranjero visitaría. Desde que había pisado tierras mexicanas, el heredero se había dedicado exclusivamente a andar de fiesta en fiesta, gastando fortunas en antros exclusivos y terminando completamente ebrio, tirado sobre algún sillón caro o directamente en el piso alfombrado del penthouse tras noches de excesos con el vodka.
El silencio se prolongó un poco, y Azul, al notar el repentino cambio en la expresión del ruso y la forma en que desviaba la mirada hacia el agua del lago, creyó entender la situación desde una perspectiva completamente diferente. Ella asumió que el joven estaba abrumado por las responsabilidades .
—Oye, no te preocupes, yo entiendo perfectamente —interrumpió Azul con un tono suave y empático, dándole una palmada reconfortante en el hombro—. Debes de tener múltiples tareas y responsabilidades enormes sobre tus hombros, justo como los negocios de ayer, fortachón. Sé lo absorbente que puede ser eso. Así que, si tú quieres y tu agenda de magnate te lo permite... Yo seré tu guía de turistas oficial por la ciudad.
Verla tan animada, con los ojos brillando de ilusión y ofreciéndole su tiempo de forma tan genuina, le provocó a Dmitriy un nudo tremendo en la garganta. Sintió una punzada de culpa en el pecho. No tenía el valor para destruir la imagen de "hombre de negocios trabajador" que ella se había formado en la cabeza; no podía confesarle de buenas a primeras que era todo un fiestero profesional y descontrolado, y que la junta de ayer había sido, de hecho, el único maldito día que había dedicado a trabajar de verdad por pura obligación de su padre.
Tragó saliva, apartó la culpa de su mente y le dedicó una mirada cargada de una ternura inédita en él.
—Sí... Me parece una idea perfecta —aceptó Dmitriy, asintiendo con la cabeza y sintiendo que la chispa de su interior se encendía con más fuerza—. Por favor, enséñame este hermoso país a través de tus ojos. Me encantaría.
—¡Hecho! Empezaremos con el centro de la ciudad , vale —anunció Azul, poniéndose de pie de un salto y limpiándose las migajas del vestido con entusiasmo—. Te va a encantar, te lo juro por mi vida. Vas a conocer el verdadero México.