trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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Italia, el día que cambio todo
La libreta seguía sobre la mesa.
Cerrada.
Pero ahora parecía distinta.
Como si después de leer aquellas palabras hubiera adquirido un significado nuevo.
Lukas estaba recostado junto a Dimitri en uno de los sofás de la sala principal.
La noche había caído hacía rato.
Y la mansión estaba silenciosa.
Solo se escuchaba el suave tic-tac de un reloj lejano.
Fue Lukas quien habló primero.
—Quiero saber algo.
Dimitri ni siquiera levantó la vista de su taza de café.
—Eso rara vez termina bien.
—Quiero recordar Italia.
Silencio.
—¿Italia?
—El día de la propuesta.
Por primera vez en varios segundos, Dimitri levantó la mirada.
Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Han pasado años.
—Lo sé.
—Recuerdo algunas cosas.
—Yo también.
—Y otras no.
—Por eso quiero escucharlo.
Dimitri apoyó la taza sobre la mesa.
Pensativo.
—¿Desde el principio?
—Desde el principio.
—Eso será tu culpa.
—Lo acepto.
---
Durante unos segundos ninguno habló.
Como si ambos estuvieran viajando mentalmente hacia aquel lugar.
Aquellos días.
Aquellas versiones más jóvenes de sí mismos.
Finalmente Dimitri comenzó.
—Llegamos un martes.
—Llovía.
—Sí.
—Y tu equipaje se perdió.
—No me recuerdes eso.
Lukas soltó una carcajada.
Era verdad.
Después de un vuelo larguísimo, la aerolínea había perdido una de sus maletas.
Y Dimitri había amenazado con comprar la compañía entera solo para despedir a alguien.
—Estabas furioso.
—Estaba razonablemente molesto.
—Furioso.
—Razonablemente furioso.
—Eso sí te lo concedo.
Ambos sonrieron.
Y poco a poco los recuerdos comenzaron a regresar.
Las calles empedradas.
Los cafés pequeños.
Las caminatas interminables.
Los restaurantes junto a los canales.
Las fotografías improvisadas.
Los mercados.
Las noches tranquilas.
Y sobre todo...
La sensación de estar lejos de todo.
Lejos del trabajo.
Lejos de las responsabilidades.
Lejos de las presiones que normalmente perseguían a Dimitri.
—Parecías diferente —admitió Lukas.
Dimitri arqueó una ceja.
—¿Diferente?
—Más relajado.
—Eso es una acusación grave.
—Sonreías más.
—Calumnias.
—Sonreías muchísimo más.
Dimitri negó con la cabeza.
Pero la sonrisa que apareció en su rostro lo traicionó completamente.
---
—La segunda noche fue cuando cancelaste todo.
Dimitri soltó un suspiro.
—Sí.
—Todavía no puedo creerlo.
—Ya hablamos de eso.
—Porque es increíble.
—Gracias.
—¿Qué hiciste exactamente?
Silencio.
Dimitri pareció avergonzado.
Algo extremadamente raro.
—Volví al hotel.
—¿Y?
—Guardé el anillo.
—¿Y?
—Me convencí de que era una mala idea.
—¿Y?
—Y pasé dos horas imaginando escenarios catastróficos.
Lukas ya estaba riéndose.
—¿Qué escenarios?
—No son importantes.
—Dimitri.
—No.
—Dimitri.
—No.
—Dimitri.
—Bien.
El empresario cerró los ojos.
Derrotado.
—Pensé que dirías que no.
—Ajá.
—Pensé que te asustarías.
—Ajá.
—Pensé que terminarías conmigo.
Lukas se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Lo sé.
—¿Qué?
—Lo sé.
—¿QUÉ?
Dimitri se cubrió el rostro.
—No estoy orgulloso.
—¡Eso no tiene sentido!
—Mi cerebro tampoco estaba colaborando.
—Dimitri.
—Lukas.
—Estábamos enamorados.
—Lo sé.
—¡Estábamos de vacaciones juntos!
—Lo sé.
—¡Habíamos hablado de vivir juntos para siempre!
—Lo sé.
—¡Qué hombre tan dramático!
—Eso me lo pegaste tú.
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Después de varios minutos de burlas merecidas, ambos terminaron riéndose.
Y entonces Lukas recordó algo.
—La noche siguiente.
Dimitri asintió lentamente.
—Sí.
—La cena.
—La cena.
Ambos se quedaron callados.
Porque esa parte era importante.
Mucho más importante.
—Recuerdo que hablábamos sobre el futuro.
—Sí.
—Y yo estaba contando alguna tontería.
—Varias.
—Gracias.
—Intento ser preciso.
Lukas le dio un pequeño golpe en el hombro.
Y Dimitri sonrió.
—Hablabas sobre una casa.
—¡Sí!
—Y sobre adoptar un perro.
—Tú dijiste que no.
—Porque ya sabía que acabaría cuidándolo yo.
—Mentira.
—Verdad.
—Mentira.
—Verdad.
—Mentira.
—Verdad.
Lukas decidió ignorarlo.
Porque había algo más importante.
—¿Fue ahí cuando cambiaste de opinión?
La sonrisa de Dimitri se volvió más suave.
Más tranquila.
Más sincera.
—Sí.
—¿Solo por una conversación?
—No.
Silencio.
—Fue porque te escuché hablar como si yo ya formara parte de todo eso.
Lukas lo observó.
Sin interrumpir.
—No hablabas del futuro como una posibilidad.
Hablabas como si fuera algo seguro.
Como si ni siquiera imaginaras una vida donde no estuviéramos juntos.
La voz de Dimitri bajó ligeramente.
—Y me di cuenta de que llevaba meses buscando señales.
Pruebas.
Confirmaciones.
Cuando la respuesta había estado frente a mí todo el tiempo.
Lukas sintió algo cálido en el pecho.
Porque podía imaginar perfectamente ese momento.
A Dimitri sentado frente a él.
Escuchándolo.
Y finalmente entendiendo algo que había sido evidente para todos menos para él.
---
—Entonces llegó el día.
La voz de Lukas salió casi en un susurro.
Dimitri asintió.
Y ambos sonrieron inmediatamente.
Porque ahora sí recordaban todo.
Perfectamente.
El clima.
El lugar.
La hora.
La ropa.
Los nervios.
Todo.
—Estabas pálido.
—Gracias.
—Parecías enfermo.
—Gracias.
—Pensé que te había sentado mal la comida.
—Lukas.
—Estoy siendo sincero.
—Qué amable.
—Siempre.
Dimitri negó con la cabeza.
Y luego soltó una pequeña risa.
—Tenía el anillo en el bolsillo.
—Lo sé.
—Y estaba convencido de que podía escucharse.
—¿Escucharse?
—Sí.
—¿El anillo?
—Parecía hacer ruido.
Lukas lo observó durante dos segundos.
—Definitivamente estabas entrando en pánico.
—Correcto.
---
El silencio regresó.
Uno cómodo.
Lleno de recuerdos.
Y finalmente Dimitri habló.
—¿Sabes qué es lo que más recuerdo?
—¿Qué?
La respuesta tardó apenas un segundo.
—Tu cara.
Lukas parpadeó.
—¿Mi cara?
—Sí.
—¿Cuando te dije que sí?
—No.
—¿Entonces?
La sonrisa de Dimitri se volvió cálida.
Extraordinariamente cálida.
—Cuando entendiste lo que estaba pasando.
Silencio.
—Porque parecías sorprendido.
Y feliz.
Y emocionado.
Todo al mismo tiempo.
La mirada de Dimitri permaneció fija en él.
—Y recuerdo haber pensado que, incluso si me desmayaba de los nervios...
ya había valido la pena.
Lukas soltó una risa suave.
Y luego apoyó la cabeza sobre su hombro.
Porque después de escuchar toda la historia completa...
Entendía algo.
El recuerdo favorito de Dimitri nunca había sido el anillo.
Ni el lugar.
Ni la propuesta perfecta.
Había sido ese instante.
Ese pequeño segundo donde ambos comprendieron que querían pasar el resto de sus vidas juntos.
Y quizás por eso seguía siendo tan especial.
Porque los años habían pasado.
Las fotografías habían envejecido.
Las páginas de la libreta se habían desgastado.
Pero aquel momento...
Seguía intacto.
Como si hubiera ocurrido ayer.