Camila Naranjo estaba a tres meses de casarse con Diego Cárdenas, el hombre al que amó toda su vida. Pero Diego se enamoró de su secretaria y creyó que Camila aceptaría una boda sin amor con tal de conservar su lugar en la familia Cárdenas.
Se equivocó.
Después de una humillación pública y de descubrir que su propia familia siempre elegirá a otra mujer antes que a ella, Camila cancela la boda y toma una decisión que nadie vio venir: se casa con Sebastián Cárdenas, el tío de Diego y el hombre más poderoso de la familia.
Ahora Diego tendrá que verla en cada cena familiar como la esposa de su tío.
Lo que empezó como una venganza elegante se convierte en un matrimonio lleno de secretos, deseo y una protección que Camila nunca había conocido.
Esta vez, ella no va a rogar por amor.
Esta vez, todos tendrán que verla ganar.
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Capítulo 19
Capítulo 19
Dulce volvió dos días después con una maleta, ojeras y una noticia que parecía más amenaza que oportunidad.
Camila fue por ella al aeropuerto. La cuñada de Dulce, editora de una revista de moda, apenas alcanzó a saludar antes de irse a una junta urgente. Dulce esperó hasta llegar al estacionamiento para hablar.
—Tengo una noticia buena y una mala.
Camila apagó el motor.
—Empieza por la que no me va a dar gastritis.
—La buena: conseguí una oportunidad para que el estudio despegue. Una portada de Win.
Camila abrió los ojos.
Win era una revista con prestigio real. Una portada ahí podía mover carreras.
—¿Y la mala?
Dulce respiró hondo.
—La modelo es Misa Santos.
Camila tardó un segundo en procesar el nombre.
—La ex de Bruno.
—La misma.
—La que te humilló con fotos manipuladas y casi nos hace pelear en su restaurante.
—También la misma.
Camila la miró como si acabara de admitir que había vendido su alma por un descuento.
—¿Te cayó agua en el cerebro durante el viaje?
Dulce no se defendió con drama. Eso preocupó más a Camila.
—Misa quiere usar la portada para su regreso. Tiene ruido, tiene equipo y tiene dinero detrás. Si me usó antes para dolerme, ahora yo puedo usar su ruido para levantar tu estudio. No voy a dejar que esa mujer sea solo una humillación en mi historia.
Camila quiso negarse. Luego vio la mandíbula tensa de Dulce.
No era impulsividad.
Era decisión.
—Si en algún momento quieres salirte, nos salimos —dijo.
—No me voy a salir.
Esa noche llovió con furia.
Sebastián llegó a Lomas cerca de las once, antes de lo que había avisado. La tormenta le recordó que Camila dormía mal con truenos, y aunque tenía una reunión después de la cena, la dejó a medias.
La encontró en la sala, viendo televisión sin mirar nada.
—¿Por qué no dormiste?
—Tengo trabajo.
Él se sentó a su lado.
—Eso no responde la pregunta.
Camila le contó lo de Win, Misa y Dulce. También preguntó lo que le pesaba desde que escuchó el nombre de Misa.
—¿Bruno está detrás de su regreso?
Sebastián se quedó en silencio un segundo.
Misa había sido modelo famosa antes de retirarse. Su regreso estaba por todos lados: titulares, videos, notas pagadas, rumores de contratos. Sebastián no había preguntado porque no quería meterse en los desastres sentimentales de Bruno. Pero si Camila preguntaba ahora, era porque Dulce ya estaba involucrada.
—No lo sé. Puede ser.
Camila apoyó la cabeza en su hombro.
—Le debo a Bruno lo del médico en el extranjero. Si no fuera por eso, ya le habría pegado.
Sebastián la abrazó más fuerte.
Le molestó, de una forma infantil y silenciosa, que Bruno hubiera ganado ese lugar en la gratitud de Camila. Luego recordó todas las veces que él mismo había usado a Bruno para llegar donde no podía llegar.
No dijo nada.
Cuando Camila se durmió, Sebastián escribió a Pablo:
`Win. Proceso normal. Sin atajos sucios.`
Pablo entendió al instante.
Yago Serrano recibió la llamada de madrugada y casi se cayó del sillón.
—¿Sebastián cambió de opinión?
—No hará trampa por usted —dijo Pablo—. Pero si quiere comprar Win, hay una forma limpia de entrar a la negociación. Mañana hablamos.
Yago, que todavía recordaba la advertencia de Pablo, no celebró. Solo tragó saliva.
Si Sebastián estaba moviendo Win, no era por él.
Era por alguien más.
En el hospital, Daniela decidió no contarle de inmediato a Cecilia que estaba embarazada. Esperó tres días, hasta que los estudios se estabilizaron y su cara dejó de parecer de papel.
Cecilia llegó corriendo al oír "reposo absoluto".
—¿Amenaza de aborto?
Daniela bajó la mirada.
—Fue por el choque con Camila.
No dijo que ella había chocado a Camila. No dijo que el reporte de tránsito la señalaba a ella como responsable. Solo dejó la frase flotando.
Cecilia entendió lo que quiso entender.
Salió al pasillo y llamó a Camila.
Camila estaba en la cafetería del estudio, probando un croissant de castaña. Contestó sin mirar.
—¿Bueno?
La voz de Cecilia entró como una navaja.
—¡Camila! ¿No te basta con no poder tener hijos que quieres quitarle el suyo a Diego? Si algo le pasa a mi nieto, ni Sebastián va a poder protegerte.
Camila tardó un segundo en bajar el croissant.
Luego tomó agua.
Iba a responder cuando Cecilia colgó.
Llamó de vuelta.
No contestaron.
Después apagaron el teléfono.
Camila miró el celular.
—Ah, no. Esto no se queda así.
Su primer impulso fue ir al hospital y arrancar disculpas a gritos. Luego recordó la regla de Sebastián: si algo era importante, avisarle primero.
Lo llamó.
Él escuchó en silencio.
—No vayas al hospital —dijo al final—. Espera mi mensaje.
Camila esperó.
Al mediodía, Pablo le envió el video de tránsito: Daniela acelerando en rojo y golpeando su auto detenido. Limpio, claro, imposible de torcer.
Antes de que Camila pudiera llamar a Sebastián, Leonardo la añadió a un grupo nuevo.
`Familia Cárdenas`
El grupo empezó con decenas de miembros. Luego cien. Luego más.
Camila escribió a Leonardo:
`???`
Leonardo respondió:
`Orden de Sebastián. Se está llenando de primos, tíos, ramas raras y gente que jura ser familia. Diviértete.`
Entonces llegó el mensaje de Sebastián.
`Si vas a pelear en persona, puedes salir lastimada. Y si sales lastimada, me duele a mí. Te puse público. Sube el video. Di lo que quieras. Yo respondo.`
Camila leyó esa línea tres veces.
La rabia no se fue.
Pero se volvió sonrisa.
Sebastián le había construido un escenario.
Y ella siempre había sabido actuar cuando las luces estaban encendidas.