Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.
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La llegada (part2)
Lo vio antes de que él la viera a ella.
No porque lo estuviera buscando. Sino porque cuando entró al salón su mirada hizo el recorrido habitual — salidas, grupos de personas, posiciones relevantes — y en ese recorrido llegó a la plataforma levemente elevada donde la familia imperial recibía a los invitados antes de que comenzara el evento formal.
El Emperador estaba al centro.
Lo reconoció de inmediato aunque nunca lo había visto. Había una forma específica en que las personas con poder absoluto ocupan el espacio que no necesita explicación ni contexto — simplemente es. Aldric Voss tenía el cabello plateado que había sido negro, los ojos grises con esa calidad de quien ha visto demasiado, y la postura de alguien que lleva treinta años siendo el punto alrededor del cual todo lo demás gira.
A su izquierda estaba una mujer que Ren identificó como Lirien — la hija ilegítima, veintidós años, cabello castaño dorado — con la sonrisa de alguien que sabe exactamente cuánto vale cada expresión y la invierte con cuidado.
A la derecha del Emperador—
Julius.
Tenía dieciocho años y se notaba de una forma que no era simplemente la juventud física sino algo más específico. Era la tensión particular de alguien que ha sido educado para parecer completamente tranquilo y que en este momento preciso está haciendo ese esfuerzo con toda su capacidad.
Cabello negro como su padre en su juventud. Ojos grises pero con algo diferente — esa diferencia que Ren había leído en la descripción de Dracon y que ahora, viéndolo en persona, entendía que era simplemente humanidad. Los ojos del Emperador no tenían humanidad. Los de Julius sí.
Julius miraba al frente cuando Ren entró.
Luego algo en el salón le indicó que mirara hacia las puertas.
La miró.
Sus ojos encontraron los de Ren.
Y en ese instante — breve, sin palabras, cruzado de lado a lado de un salón lleno de gente que no prestaba atención a ese intercambio específico — ocurrió algo que Ren no había anticipado.
Julius la reconoció.
No de haberla visto antes. No era ese tipo de reconocimiento. Era el reconocimiento de alguien que ha llevado semanas con una imagen abstracta en la mente — la duquesa de ojos rojos, el hijo de la profecía, la mujer que representa algo enorme y aterrador — y de repente esa imagen abstracta tiene un rostro real y ojos reales y está de pie en el salón de su cumpleaños con un vestido rojo que dice exactamente lo que dice.
Julius desvió los ojos antes de que pudiera leerse demasiado en ellos.
Ren continuó caminando.
Pero guardó ese momento con el cuidado específico de las cosas que podrían ser importantes.
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Ricart Devallent estaba junto a la columna del lateral oeste.
Ren lo identificó por la descripción que Devan había dado sin saber que la daba — en la conversación sobre su familia, en las dos frases con esa neutralidad que requería más esfuerzo del que parecía. Veintidós años, uniforme de jefe de caballeros imperiales, el aspecto de quien fue llevado a reuniones de la alta sociedad desde pequeño y ha aprendido que eso es lo que define su valor.
Guapo de una forma que era completamente consciente de serlo.
Miraba el salón con la satisfacción de alguien en su territorio.
Sus ojos pasaron por Ren sin detenerse.
Luego volvieron.
Y en su expresión hubo algo que Ren leyó sin dificultad: no era interés romántico ni evaluación política. Era el reconocimiento de alguien que ve algo que no encaja con lo que esperaba y no sabe todavía qué hacer con esa información.
Interesante, pensó Ren.
Se preguntó si Devan sabía que su hermano estaba aquí esta noche.
Probablemente sí.
Probablemente eso era otra razón por la que Devan había trabajado con una concentración ligeramente más tensa de lo habitual en los últimos tres días.
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Caelan Morth estaba en el lateral norte.
Con la copa en la mano y el aspecto completamente convincente de un noble de mediana edad que asiste a eventos sociales porque es su obligación y los encuentra moderadamente aburridos. Los anteojos de montura delgada. El cabello castaño con las canas en las sienes.
Sus ojos encontraron los de Ren durante un instante.
No hizo ningún gesto.
Ren tampoco.
Pero en ese instante de contacto visual había suficiente información intercambiada para los dos.
Te veo. Estoy aquí. Observo.
Ren continuó hacia la plataforma imperial.
Diez días de preparación, pensó. Ahora empieza.
buenisima historia
me encanta la protagonista..
más capítulos xfavor