Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 20: Ecos bajo la nieve
Capítulo 20: Ecos bajo la nieve
La tormenta golpeaba con fuerza las enormes murallas de MoonBlood.
El viento helado recorría cada rincón de la fortaleza mientras los guerreros continuaban entrenando incluso entrada la noche.
Dentro de la sala de reuniones…
el ambiente era mucho más frío que el exterior.
Los ancianos de MoonBlood permanecían sentados alrededor de una enorme mesa circular de piedra negra.
Cassio estaba de pie frente a ellos.
Agora permanecía sentada a su lado observando en silencio.
Efraín descansaba apoyado contra una pared con los brazos cruzados.
Uno de los ancianos golpeó lentamente la mesa con su bastón.
—La situación con los cazadores empeora.
Otro anciano continuó.
—Los ataques contra vampiros aumentaron.
—Y los renegados vuelven a moverse.
El ambiente se volvió más pesado.
Cassio habló finalmente.
—Las barreras serán reforzadas. También aumentaremos patrullas en las fronteras del norte.
—Eso no será suficiente —gruñó otro anciano—. Si los humanos comienzan a colaborar con renegados, tarde o temprano intentarán entrar en territorio Alfa.
Efraín soltó una pequeña risa seca.
—Que lo intenten.
Varios ancianos lo ignoraron.
Entonces uno de ellos cambió el tema.
—También debemos hablar del examen de supervivencia.
El silencio cayó ligeramente.
Agora levantó la mirada.
Cada año, los jóvenes guerreros de MoonBlood eran enviados a sobrevivir varios días dentro de las montañas heladas.
Sin ayuda.
Sin protección.
Solo con lo que fueran capaces de conseguir por sí mismos.
Era la prueba que separaba a los verdaderos guerreros… de los débiles.
Uno de los ancianos habló nuevamente.
—La hija de Andrea Warren no debería participar.
Los ojos rojos de Cassio se estrecharon apenas.
—¿Razón?
—Es demasiado débil.
Otro anciano asintió lentamente.
—Si algo le ocurre… MoonBlack lo tomará como una ofensa.
—Una guerra entre manadas supremas sería desastrosa.
—La niña no está preparada.
El ambiente permaneció en silencio unos segundos.
Hasta que Agora habló.
Y toda la sala quedó inmóvil.
—Bella es miembro de MoonBlood.
Su voz fue tranquila.
Pero firme.
Los ancianos giraron lentamente hacia ella.
La Luna de MoonBlood sostuvo sus miradas sin retroceder.
—Entrena como nuestros jóvenes. Sangra como ellos. Se levanta como ellos.
Sus ojos verdes brillaron apenas.
—Entonces será evaluada igual que cualquier otro guerrero.
Uno de los ancianos frunció el ceño.
—Pero ella no es—
—Es parte de esta manada —interrumpió Agora fríamente.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Incluso Cassio la observó ligeramente sorprendido.
Porque aunque Agora siempre había tratado correctamente a Bella…
aquella era la primera vez que la reconocía abiertamente como parte de MoonBlood.
Efraín sonrió apenas desde la pared.
—Además… la niña es más resistente de lo que creen.
Los ancianos guardaron silencio.
Porque incluso ellos habían comenzado a notar algo extraño en Bella.
Cada vez que caía…
volvía a levantarse.
Mientras tanto…
en el segundo piso de la residencia principal…
Bella permanecía sentada junto a la ventana de su habitación.
La nieve caía lentamente del otro lado del cristal.
Sus manos sostenían una pequeña piedra negra cubierta de símbolos plateados.
El regalo de Charles.
Bella respiró profundamente antes de susurrar:
—Charles…
La piedra brilló tenuemente.
Y segundos después…
la voz del brujo resonó suavemente.
—Buenas noches, pequeña loba.
Bella sonrió automáticamente.
—Buenas noches.
Del otro lado de la conexión, Charles permanecía sentado frente a la chimenea de su biblioteca.
Una copa de vino descansaba cerca de varios libros abiertos.
—¿Cómo estás sobreviviendo entre esos salvajes? —preguntó él.
Bella soltó una pequeña risa.
—Creo que ya me golpean un poco menos.
—Fascinante progreso.
Bella infló las mejillas.
—Eso sonó ofensivo.
—Porque lo era.
La niña sonrió nuevamente.
Extrañaba MoonBlack.
Extrañaba a Rafael.
A Andrea.
A Vicente.
Pero sobre todo…
extrañaba la tranquilidad de aquella biblioteca.
Charles habló nuevamente.
—¿Sigues haciendo las pociones que te enseñé?
Bella asintió rápidamente aunque él no pudiera verla.
—Sí. Incluso Agora dijo que una de mis pomadas funcionó mejor que la del sanador.
Charles sonrió apenas.
—Como era de esperarse.
Bella comenzó a contarle entonces todo lo ocurrido durante las últimas semanas.
Los entrenamientos.
Las peleas.
Los gemelos.
La nieve.
Efraín.
Incluso cómo había logrado permanecer tres minutos completos luchando antes de terminar estampada contra una pared.
Charles escuchaba en silencio mientras el fuego crepitaba suavemente.
Y por primera vez en varios días…
Bella parecía relajada.
—Muy pronto será el examen de supervivencia —murmuró ella finalmente.
Charles permaneció callado unos segundos.
—Entonces sigue leyendo mis libros.
Bella inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Para qué? Dijiste que muchas cosas requieren magia.
—No todas.
Sus ojos lilas brillaron tenuemente bajo la luz del fuego.
—Existen posiciones, técnicas y conocimientos que no necesitan magia para funcionar.
Luego añadió tranquilamente:
—La curación es una de ellas.
Bella quedó pensativa.
Charles continuó:
—La mayoría de guerreros solo aprende a destruir. Muy pocos entienden cómo preservar la vida.
Bella sonrió suavemente.
—Suena como algo que tú dirías.
—Es porque soy extremadamente sabio.
—Y dramático.
Charles fingió ofenderse.
—Qué falta de respeto.
Bella soltó una pequeña risa.
Pero entonces recordó algo.
—¿Cómo está MoonBlack?
Charles apoyó lentamente una mano sobre su mentón.
—Interesante.
Bella frunció el ceño.
—Eso no responde nada.
—Recibiremos una visita importante pronto.
Bella abrió ligeramente los ojos.
—¿Quién?
Charles sonrió apenas.
—Si te lo digo ahora, perdería dramatismo.
Bella hizo un pequeño puchero.
—Te gusta demasiado hacer eso.
—Sí.
La niña suspiró resignada.
Entonces alguien golpeó la puerta de su habitación.
—Lady Bella, la cena está lista.
Bella levantó rápidamente la piedra.
—Debo irme.
Charles asintió suavemente.
—Come bien.
Bella sonrió.
—Buenas noches, Charles.
—Buenas noches, pequeña loba.
La conexión desapareció lentamente.
El brillo de la piedra se apagó.
Charles permaneció observando el fuego de la chimenea varios segundos.
Pensativo.
Silencioso.
Hasta que una voz resonó detrás de él.
—Brujo…
Charles levantó lentamente la mirada.
Graham permanecía sentado al otro lado de la biblioteca.
Las llamas iluminaban parcialmente el rostro del líder duende.
Sus ojos parecían más cansados que de costumbre.
—Tú eres uno de los Heraldos.
El silencio llenó inmediatamente la habitación.
Charles no respondió.
Solo tomó lentamente su copa de vino.
Y luego devolvió la pregunta.
—¿Por qué no fuiste sincero con nosotros?
Graham entrecerró ligeramente los ojos.
Charles continuó hablando con calma.
—Nos ocultaste que también fueron atacados por vampiros.
El líder duende permaneció inmóvil.
—¿Qué escondes realmente, Graham?
El fuego crepitó lentamente.
Charles apoyó entonces la copa sobre la mesa.
Sus ojos lilas brillaron peligrosamente.
—Y más importante aún…
la voz del brujo se volvió fría.
—¿Por qué el duende que debía convertirse en sacerdote del Templo de la Muerte… terminó sacrificándose?
La expresión de Graham cambió apenas.
Solo un instante.
Pero Charles lo notó.
Ambos permanecieron mirándose en silencio.
Ninguno respondió.
Y afuera…
la tormenta siguió cubriendo MoonBlack bajo un cielo cada vez más oscuro.