Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 21
Ya de regreso, abandonamos aquella miserable oficina y tomamos el camino de vuelta a casa.
Durante varios minutos el carruaje avanzó en silencio.
Padre parecía sumido en sus pensamientos mientras revisaba algunos de los documentos que habíamos confiscado. Víctor observaba por la ventana, seguramente imaginando nuevas formas de convertir criminales en sacos de boxeo.
Fui yo quien rompió el silencio.
—Padre, creo que deberíamos intentar contactar al hombre mencionado en el edicto.
Ambos levantaron la vista hacia mí.
—¿El comandante extranjero? —preguntó Víctor.
Asentí.
—Matew Kieran Dragomir.
Aún me parecía un nombre peculiar.
—Creo que lo que encontramos es mucho más grande de lo que pensábamos. Al principio creíamos que solo perseguíamos a unos cuantos nobles degenerados, pero ahora sabemos que existe una red organizada, barcos involucrados, pagos constantes y víctimas provenientes de varios territorios.
Padre permaneció en silencio, escuchándome.
—No estaría de más tener ayuda —continué—. Especialmente si esa ayuda ya está investigando exactamente lo mismo.
Gael apoyó un brazo sobre la ventanilla.
—Lo consideraré.
Esa respuesta significaba que ya había comenzado a hacerlo.
Seguí observando los documentos sobre mis piernas.
Ahora teníamos otra persona a quien seguir.
Lord Alistair Pembroke.
Un hombre que aparecía una y otra vez en los registros.
Dinero.
Contratos.
Pagos.
Intermediarios.
Todo parecía conducir hasta él.
Y sin embargo...
Algo no encajaba.
—Hay algo extraño —murmuré.
—¿Qué cosa? —preguntó Víctor.
Fruncí el ceño.
—Alistair claramente está involucrado.
Tomé uno de los documentos y golpeé suavemente el papel con un dedo.
—Pero no creo que fuera uno de los hombres que me atacaron.
El silencio llenó nuevamente el carruaje.
—¿Por qué dices eso? —preguntó padre.
—Porque su papel parece diferente.
Volví a revisar las anotaciones.
—Paga.
Organiza.
Conecta personas.
Mueve dinero.
Pero en ninguna parte aparece realizando el trabajo sucio personalmente.
Era como una araña sentada en el centro de una telaraña.
Movía los hilos.
Pero rara vez abandonaba su rincón.
Apoyé la cabeza contra el respaldo.
Entonces la pregunta volvió a aparecer.
La misma que me había estado rondando desde que encontramos aquellos documentos.
Si Alistair Pembroke había financiado todo aquello...
¿Por qué?
¿Qué podía ganar un noble arruinado participando en algo tan monstruoso?
Y más importante aún...
¿Quién estaba por encima de él?
Porque cada nueva pista parecía llevarnos a la misma conclusión.
No estábamos acercándonos al final de la investigación.
Apenas acabábamos de encontrar la entrada al laberinto.
---
Pasaron varios días.
Volvimos a nuestra rutina habitual.
Entrenaba cada mañana con Víctor, ayudaba a madam Hattie en la cocina cuando tenía tiempo libre y, casi todas las tardes, tomaba el té con padre.
A pesar de la normalidad de aquellos días, la investigación seguía avanzando en silencio.
Graison enviaba informes ocasionales sobre Montfort y, por el momento, nuestra rata parecía estar comportándose.
Hasta que una tarde, mientras tomábamos el té con padre, este me mostró una carta.
—Hice como dijiste, mi niño.
Dejó la carta sobre la mesa.
—Al inicio busqué información sobre el Alto Comandante, pero al final terminé poniéndome en contacto con él.
Levanté la mirada inmediatamente.
—¿Lo hiciste?
Padre sonrió divertido por mi reacción.
—Resulta que las invitaciones del rey lo han traído hasta este país. En un par de semanas llegará junto con otros invitados extranjeros para comenzar una serie de reuniones y visitas oficiales.
Tomé la carta y observé el sello.
—También me tomé el atrevimiento de invitarlo y mostrarle los documentos que tenemos.
Padre apoyó la taza sobre el plato.
—¿Qué te parece?
Por un momento me quedé observando la carta en silencio.
Había esperado que padre consiguiera información.
Tal vez incluso que intercambiara correspondencia con algunos contactos.
Pero no esperaba que contactara directamente al hombre.
—¿Aceptó?
—Más rápido de lo que esperaba.
Eso llamó inmediatamente mi atención.
—¿Tan interesado está?
—Al parecer sí.
Padre señaló la carta.
—Según sus propias palabras, cualquier información relacionada con desapariciones, tráfico de personas o movimientos sospechosos entre puertos es de interés para su investigación.
Abrí la carta.
La escritura era limpia y firme.
Directa.
Sin adornos innecesarios.
Por alguna razón imaginé a un hombre exactamente igual.
—Además —continuó padre—, parece que ya conocía algunos de los nombres que encontramos.
Sentí cómo mi espalda se enderezaba.
—¿Alistair Pembroke?
Padre asintió.
—Y también algunos comerciantes relacionados con las rutas marítimas.
Eso no me gustó.
Significaba que aquella organización llevaba mucho más tiempo operando de lo que habíamos imaginado.
Y lo suficientemente lejos como para llamar la atención de otro imperio.
Víctor, que se encontraba recostado en uno de los sillones, soltó una pequeña risa.
—Entonces tendremos a un Alto Comandante Imperial hospedado en casa.
—Por unos días —corrigió padre.
—¿Y cómo es? —pregunté.
Gael se encogió ligeramente de hombros.
—Difícil de decir. Solo hemos intercambiado cartas, pero tengo la impresión de que es un hombre serio.
—Suena aburrido.
—Dice el hombre que se divierte revisando libros de cuentas durante horas.
—Eso es diferente.
La carcajada de padre llenó la habitación.
Yo también terminé sonriendo.
Sin embargo, cuando bajé nuevamente la vista hacia la carta, mi atención se detuvo en el nombre escrito al final.
Matew Kieran Dragomir.
Era un nombre fuerte.
El tipo de nombre que uno esperaría encontrar en viejas historias sobre guerreros legendarios.
Y dentro de pocas semanas estaría aquí.
Sentado en esta misma casa.
Compartiendo nuestra mesa.
Y quizás...
Ayudándonos a descubrir quién era realmente la persona que movía los hilos detrás de todo aquello.
---
Luego de un par de días más, Graison envió nueva información.
Al parecer Montfort había cumplido su palabra.
No conocía todos los nombres involucrados, pero sí algunos.
Y uno de ellos llamó inmediatamente mi atención.
Era el tercer hijo de un vizconde.
Un hombre llamado Leopold Everhart.
Según el informe, llevaba años intentando conseguir apoyo para heredar el título familiar.
El problema era que tenía dos hermanos mayores.
Y ambos parecían mucho mejor posicionados que él.
Leí la información mientras padre y Víctor escuchaban.
—Está desesperado —comenté.
—¿Por el título? —preguntó Víctor.
Asentí.
—Según Montfort, lleva años comprando favores, buscando aliados y acumulando deudas para conseguir influencia.
Padre tomó el informe y continuó leyendo.
—Dice que ha perdido grandes sumas apostando por nobles influyentes que prometían apoyarlo.
—Y que varios de esos nobles terminaron engañándolo —añadí.
No pude evitar sentir cierto desprecio.
Había conocido personas así en mi vida anterior.
Hombres que convertían una ambición legítima en una obsesión enfermiza.
Personas capaces de sacrificar cualquier cosa por conseguir el puesto que deseaban.
Familia.
Amigos.
Principios.
Todo.
—Es el tipo de hombre que haría cualquier cosa para obtener ese título —murmuré.
Víctor soltó una risa seca.
—Entonces encaja perfectamente con el resto de la basura que estamos persiguiendo.
Sin embargo, algo me llamó la atención.
Volví a leer el informe una segunda vez.
Y luego una tercera.
—¿Qué sucede? —preguntó padre.
Golpeé suavemente el papel con un dedo.
—Leopold recibió dinero.
—Mucho dinero.
—Pero no parece ser quien lo entrega.
Los dos me observaron.
—Otra vez estamos viendo el mismo patrón.
—Montfort recibe dinero.
—Alistair mueve dinero.
—Leopold recibe dinero.
Levanté la mirada.
—Todos parecen depender de alguien más.
El silencio se instaló en la habitación.
Porque los tres habíamos llegado a la misma conclusión.
Todavía no habíamos encontrado a la verdadera cabeza de la organización.
Solo estábamos siguiendo las migajas que había dejado detrás.
Y cada nueva pista parecía acercarnos un poco más a ella.
O a él.
Porque una cosa estaba clara.
Nadie financiaba tantos secuestros.
Nadie compraba tantos silencios.
Nadie movía tanto dinero.
Sin ocupar una posición de enorme poder.
Y comenzaba a sospechar que la persona que buscábamos era alguien mucho más importante de lo que habíamos imaginado al principio.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo