Un joven sufre un accidente automovilístico después de una noche Que se borracha porque pierde la mujer que amaba y queda en coma durante dos años. En el hospital, una doctora se encarga de su cuidado diario y nunca pierde la esperanza de que despierte.
Con el tiempo, su dedicación crea un vínculo especial entre ambos, más allá de lo médico. Cuando el chico finalmente despierta, comienza una nueva etapa de recuperación donde poco a poco ambos descubren que lo que los une se convierte en amor.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: Esta china me pone nervioso
Después de pasar un buen rato en el parque con Valeria, yo ya estaba entendiendo una cosa muy clara:
esa china me ponía demasiado nervioso.
Y no era porque hiciera algo exagerado.
Era peor.
Porque ella hacía cosas pequeñas que me desordenaban completo.
La noche en Manzanares estaba fría. Las luces del parque iluminaban suave las calles y el viento bajaba desde las montañas haciendo que todo se sintiera tranquilo.
Nosotros seguíamos sentados en una banca medio apartada.
Ella todavía tenía puesta mi chaqueta encima del uniforme del colegio.
Y sinceramente…
se veía demasiado linda así.
Yo intentaba actuar normal, relajado, como si no estuviera sintiendo el corazón raro cada vez que ella me miraba.
Pero era imposible.
Valeria hablaba tranquila, contándome cosas del colegio, de unas amigas, de un profesor que le caía mal.
Y yo la escuchaba.
O bueno…
intentaba escucharla.
Porque honestamente me distraía demasiado viéndola hablar.
Su cara, sus ojos, la manera en que sonreía…
todo.
En un momento ella me miró de repente.
—“¿Qué tanto mira?”
Yo reaccioné rápido.
—“Nada.”
Ella soltó una risa pequeña.
—“Mentiroso.”
Yo sonreí de lado.
—“Pues estoy viendo a mi novia.”
Y automáticamente se puso roja.
Otra vez.
Eso ya se estaba volviendo costumbre.
Ella bajó la mirada intentando esconder la sonrisa.
—“No diga eso así…”
Yo me reí.
—“¿Así cómo?”
—“Así bonito.”
—“¿Y cómo quiere que se lo diga?”
Ella me empujó suave el brazo.
—“Cállese.”
Seguimos hablando un rato más.
Todo estaba tranquilo.
Sin presión.
Sin peleas.
Sin caos.
Y sinceramente eso me hacía sentir raro… porque yo ya estaba acostumbrado a que mi vida fuera complicada.
Pero con ella no.
Con Valeria todo se sentía suave.
Después de unos minutos ella bostezó bajito.
Yo sonreí.
—“¿Sueño?”
Ella asintió.
—“Un poquito.”
—“Pobrecita.”
Ella hizo cara de fastidio.
—“No me diga así.”
—“Entonces no bostece como niña chiquita.”
Ella soltó una risa.
Y antes de que yo pudiera seguir molestándola…
se acomodó despacio y terminó acostándose sobre mi pierna.
Así de la nada.
Como si eso no fuera a causarme un paro cardíaco.
Yo me quedé completamente tieso.
Sentí el cuerpo duro del nervio.
Ella acomodó la cabeza tranquila encima de mi pierna mientras miraba hacia arriba como si nada.
Y yo…
ay no.
Yo miré para otro lado nervioso inmediatamente.
Literal para cualquier parte menos hacia ella.
Porque sentía que si la miraba me iba a poner peor.
Ella se dio cuenta de una.
Obvio.
Y comenzó a sonreír.
—“¿Qué le pasó?”
—“Nada.”
—“¿Entonces por qué está mirando pa’ otro lado?”
Yo me aclaré la garganta.
—“Normal.”
Ella comenzó a reírse suave.
—“Edwin…”
Yo seguía mirando hacia adelante.
Nervioso horrible.
Y ella seguía riéndose.
—“Ay no…” —dijo entre risas— “usted sí se pone nervioso conmigo.”
Yo por fin la miré un segundo.
—“Pues vea cómo está.”
Ella abrió los ojos inocente.
—“¿Cómo estoy?”
—“Ahí acostada encima mío como si nada.”
Ella soltó otra risa.
—“Porque usted es mi novio.”
Esa frase otra vez.
Dios mío.
Cada vez que decía “mi novio” me desordenaba completo.
Yo me pasé la mano por el cuello nervioso.
Ella me miraba divertida desde abajo.
—“¿Tan nervioso lo pongo?”
Yo solté una risa incómoda.
—“Sí.”
—“¿Mucho?”
—“Demasiado.”
Ella comenzó a reírse más duro.
Y yo terminé riéndome también.
Porque sinceramente verla feliz me daba paz.
Después de un rato dejó de molestarse y solo se quedó ahí acostada tranquila sobre mi pierna, jugando con mis dedos.
Y poco a poco fui relajándome.
Aunque seguía sintiendo el corazón rápido.
Le acaricié el cabello suave.
Ella cerró los ojos un momento.
—“Me gusta estar contigo” —dijo bajito.
Yo sentí algo bonito en el pecho.
Algo tranquilo.
—“A mí también.”
Silencio.
Del bonito.
El frío seguía fuerte en todo Manzanares, pero yo ya casi no lo sentía.
Porque ella estaba ahí.
Y eso hacía que todo se sintiera distinto.
Después de unos minutos ella abrió los ojos otra vez y me miró sonriendo.
—“¿Sabes algo?”
—“¿Qué?”
—“Pensé que ibas a ser más serio como novio.”
Yo me reí suave.
—“¿Y entonces?”
Ella sonrió más.
—“Resultaste todo nervioso y tierno.”
Yo negué con la cabeza riéndome.
—“No diga eso que me da pena.”
Ella abrió los ojos sorprendida.
—“¿A usted le da pena algo?”
—“Con usted sí.”
Ella volvió a sonreír de esa manera que me dejaba sin saber qué decir.
Y ahí fue donde entendí algo.
Yo podía tener plata, carros, una mansión y todo lo que quisiera…
pero ninguna de esas cosas me había hecho sentir tan nervioso y tan tranquilo al mismo tiempo como esa china de 18 años acostada sobre mi pierna en un parque frío de Manzanares.