Después de la misteriosa muerte de su padre, la vida de Aurora Castell se convierte en un desastre. Deudas millonarias. Amenazas. Secretos. Y una familia al borde de perderlo todo. Pero la verdadera pesadilla comienza la noche en que conoce a Alessio Moretti. El hombre más poderoso y peligroso de la ciudad. CEO multimillonario. Intocable. Frío. Obsesivo. Y dueño de un imperio construido sobre dinero… y sangre. Cuando Aurora descubre que alguien pagó todas las deudas de su familia, ya es demasiado tarde. Porque Alessio no hizo aquello para ayudarla. Lo hizo para reclamarla. Ahora, atrapada en un matrimonio que jamás quiso, Aurora deberá sobrevivir a un hombre capaz de destruir cualquiera que se interponga en su camino. Pero mientras más intenta odiarlo… más peligroso se vuelve enamorarse de él. Especialmente cuando descubre que Alessio oculta un secreto capaz de destruir su vida por completo. Uno relacionado con la muerte de su padre. Y con la razón real por la que él la eligió. Porque en el mundo de Alessio Moretti… el amor no existe. Solo la obsesión.
NovelToon tiene autorización de Jonathanf para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LA SANGRE DE BARONE
El silencio después de aquellas palabras fue devastador.
“Luca se la llevó.”
Sentí el corazón hundirse brutalmente dentro de mi pecho.
Vivian.
La única persona que parecía conocer toda la verdad.
La única que todavía podía explicarme quién demonios era yo realmente.
Y ahora estaba en manos de Luca Barone.
Mi respiración empezó a acelerarse nuevamente.
—No…
Retrocedí lentamente.
—No puede encontrarla antes que nosotros.
Alessio ya estaba tomando otro teléfono.
Su rostro había cambiado completamente.
Oscuridad pura.
La clase de oscuridad que hacía entender por qué hombres armados obedecían cada orden suya sin cuestionar.
—Cierren todas las salidas de la ciudad.
Nadie entra.
Nadie sale.
La voz sonó fría.
Mortal.
Escuchó apenas dos segundos antes de continuar:
—Quiero cada cámara revisada desde el hospital hasta el puerto.
Puerto.
La palabra me tensó inmediatamente.
Todo terminaba siempre allí.
Como si aquella ciudad entera estuviera construida sobre cadáveres y secretos enterrados cerca del mar.
Alessio colgó.
Y cuando volvió a mirarme…
vi algo peligroso en sus ojos.
Preocupación real.
Eso hizo que el miedo dentro de mí creciera todavía más.
—¿Qué pasa?
Él sostuvo mi mirada unos segundos.
Demasiados.
—Si Luca tomó a Vivian…
es porque sabe que está perdiendo tiempo.
Sentí un escalofrío inmediato.
—¿Perdiendo tiempo para qué?
La mandíbula de Alessio se tensó apenas.
—Para encontrarte.
El aire se volvió pesado otra vez.
Oscuro.
Asfixiante.
Mi mente seguía intentando procesar todo.
Luca Barone era mi padre.
La frase todavía se sentía irreal.
Sucia.
Enferma.
Como si perteneciera a otra persona y no a mí.
Abracé mis brazos intentando controlar el temblor.
Pero no funcionó.
Porque cada vez que pensaba en él…
recordaba la llamada.
La voz tranquila.
La manera en que habló de mi madre.
La forma en que dijo:
“Quiero recuperar lo que me pertenece.”
Dios mío.
Sentí náuseas otra vez.
Alessio dio un paso hacia mí lentamente.
—Aurora—
—No me mires así.
Frunció apenas el ceño.
—¿Así cómo?
Mi respiración se quebró un poco.
—Como si sintieras lástima.
La oscuridad en sus ojos cambió apenas.
Y entonces respondió algo que me golpeó demasiado fuerte.
—No siento lástima por ti.
Silencio.
Luego añadió:
—Siento rabia.
El corazón me dio un golpe brusco.
—¿Rabia por qué?
Alessio se acercó un poco más.
Demasiado cerca.
—Porque él te arrastró a esto.
El aire cambió inmediatamente entre nosotros.
Otra vez.
Y odiaba que mi cuerpo reaccionara así a él incluso ahora.
Incluso rota.
Incluso confundida.
Porque Alessio seguía siendo peligroso.
Tal vez más peligroso que Luca.
La diferencia era que Luca quería poseerme…
y Alessio empezaba a querer salvarme de una manera igual de obsesiva.
—No necesito que me salves.
Mi voz salió más firme esta vez.
Pero Alessio sostuvo mi mirada como si pudiera leer todo lo que intentaba ocultar.
—Eso es exactamente lo que diría Isabella.
El pecho me dolió inmediatamente.
Mi madre.
Otra vez ella.
Siempre ella.
—Deja de compararme con ella.
—No puedo.
La respuesta salió demasiado rápido.
Demasiado sincera.
Y eso me desestabilizó más de lo que debía.
—¿Por qué?
Los ojos oscuros de Alessio descendieron lentamente hacia mi rostro.
Como si estuviera viendo algo peligroso.
Algo prohibido.
—Porque cada vez que te miro…
la veo a ella otra vez.
El corazón empezó a golpearme demasiado fuerte.
No.
No quería escuchar eso.
No quería sentir el peso emocional detrás de aquellas palabras.
Retrocedí inmediatamente.
—Eso está mal.
La mandíbula de Alessio se endureció.
—Lo sé.
—Entonces deja de hacerlo.
Silencio.
Y entonces dijo algo que destruyó completamente el aire entre nosotros.
—No puedo.
Mi respiración se cortó.
Porque la forma en que lo dijo…
sonó exactamente igual a una confesión.
Una confesión oscura.
Peligrosa.
Y completamente equivocada.
Entonces el teléfono volvió a sonar.
Alessio contestó inmediatamente sin apartar los ojos de mí.
—¿Qué encontraron?
Escuchó unos segundos.
Y el ambiente cambió brutalmente.
—¿Están seguros?
Mi corazón volvió a acelerarse.
—¿Qué pasa ahora?
Él colgó lentamente.
Pero no respondió enseguida.
Mala señal.
Muy mala señal.
—Alessio.
Finalmente habló.
—Encontraron el auto de Vivian.
El alivio me golpeó apenas un segundo.
Hasta que vi su expresión.
Oscura.
Tensa.
Mortal.
—¿Dónde?
—Cerca de la antigua residencia de Barone.
Sentí frío.
Muchísimo frío.
—¿Y Vivian?
Silencio.
Dios.
Otra vez no.
—¡¿Y VIVIAN?!
La voz salió quebrada.
Desesperada.
Alessio respiró profundamente antes de responder:
—Había sangre dentro del auto.
El mundo volvió a inclinarse debajo de mis pies.
No.
No.
Vivian no.
No después de todo.
—Tenemos que ir.
Me moví inmediatamente hacia la puerta.
Pero Alessio me sujetó del brazo.
Firme.
Instantáneo.
El calor de sus dedos atravesó mi piel como electricidad.
—No.
Giré furiosa hacia él.
—¡Suéltame!
—Es una trampa.
—¡No me importa!
La oscuridad en sus ojos se volvió brutal.
—A mí sí.
El silencio explotó entre nosotros.
Porque aquello no sonó racional.
Sonó personal.
Demasiado personal.
Intenté apartarme otra vez.
Pero Alessio no soltó mi brazo.
Y Dios.
La intensidad con la que me miraba empezaba a volverse insoportable.
—Escúchame con atención.
Su voz descendió grave.
Peligrosa.
—Luca quiere que pierdas el control emocionalmente.
—¡Claro que estoy perdiendo el control!
¡Acabo de descubrir que soy hija de un psicópata!
Mi respiración empezó a quebrarse nuevamente.
—¡No sé quién soy!
¡No sé qué parte de mi vida fue real!
El silencio cayó brutalmente.
Y entonces Alessio hizo algo inesperado.
Me acercó lentamente hacia él.
Mi cuerpo chocó contra su pecho antes de que pudiera reaccionar.
El corazón empezó a golpearme violentamente.
—Suéltame…
Pero la frase salió débil.
Demasiado débil.
Porque el problema no era solo él.
El problema era que una parte rota de mí necesitaba sentir estabilidad.
Y Alessio Moretti siempre se sentía peligrosamente estable.
Incluso en medio del caos.
Sus dedos sujetaron suavemente mi rostro obligándome a mirarlo.
—Escúchame bien, Aurora.
La intensidad de sus ojos me atravesó completamente.
—La sangre de Barone no define quién eres.
El pecho me dolió.
Muchísimo.
Porque justo ahora…
necesitaba escuchar eso más de lo que quería admitir.
—No puedes saberlo.
—Sí puedo.
Su voz descendió todavía más.
Más íntima.
Más peligrosa.
—Porque te he observado suficiente para saber exactamente qué clase de mujer eres.
Mi respiración se cortó otra vez.
Dios.
La forma en que decía ciertas cosas…
era peor que un beso.
Mucho peor.
Porque se metía debajo de la piel.
Debajo del miedo.
Debajo de la lógica.
—Alessio…
Los ojos oscuros descendieron apenas hacia mis labios.
Error.
Grave error.
Porque el aire cambió completamente entre nosotros.
Y por un segundo…
solo un segundo…
sentí que iba a besarme.
Mi corazón empezó a latir tan fuerte que dolía.
Pero entonces…
el sonido de un disparo explotó afuera de la mansión.
Los dos reaccionamos inmediatamente.
Alessio me soltó bruscamente y sacó el arma de su espalda.
La oscuridad en su rostro volvió al instante.
—Quédate aquí.
—¡No!
Otro disparo resonó afuera.
Luego otro.
Gritos.
Hombres corriendo.
Mi respiración se congeló.
—¿Qué está pasando?
Uno de los escoltas irrumpió violentamente en la habitación.
Sangre en el hombro.
Agitado.
—¡Señor Moretti!
¡Entraron por el ala norte!
El corazón me dejó de funcionar correctamente.
No.
No.
No podía ser.
Alessio levantó inmediatamente el arma.
—¿Cuántos?
—No lo sabemos.
Otro disparo explotó abajo.
Mucho más cerca esta vez.
Y entonces el escolta dijo algo que heló completamente mi sangre.
—Preguntan por la hija de Barone.
El silencio explotó brutalmente dentro de la habitación.
Y por primera vez…
vi a Alessio Moretti verdaderamente dispuesto a matar a cualquiera que intentara acercarse a mí.