En Valdoria, donde la mafia controla cada sombra de la ciudad, dos almas rotas se cruza sin saber que sus pasados están unidos por sangre, traición y secretos enterrados.
lo que empieza como desconfianza se convierte en un vínculo imposible de romper.... incluso cuando la verdad amenaza con destruirlo todo.
NovelToon tiene autorización de Ailed Dayana Araujo Medrano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Trato
Alex apenas durmió después de lo ocurrido en el jardín del orfanato.
Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver aquella sombra desapareciendo entre los árboles. Intentó convencerse de que podía haber sido cualquier cosa. Un desconocido. Un trabajador. Incluso una ilusión provocada por el cansancio.
Pero no se lo creyó.
Porque la sensación de estar siendo observado seguía allí.
Y cada día era más difícil ignorarla.
A la mañana siguiente decidió continuar investigando. Si alguien realmente lo estaba vigilando, entonces quedarse quieto no iba a resolver nada. Además, estaba demasiado cerca de algo importante como para detenerse ahora.
Pasó gran parte de la mañana revisando archivos antiguos en una biblioteca universitaria. No encontró información nueva sobre los Laurent, pero sí varias referencias indirectas a La Noche Gris. Todas terminaban igual: documentos incompletos, registros eliminados o páginas desaparecidas.
Era desesperante.
Cerca del mediodía abandonó el edificio con una libreta llena de notas inútiles y una creciente sensación de frustración.
Mientras caminaba por una calle poco transitada, revisó una de sus anotaciones.
No vio el automóvil negro estacionado unos metros más adelante.
Tampoco vio a los hombres que descendieron de él.
Solo los escuchó cuando ya era demasiado tarde.
—Es él.
Alex levantó la cabeza.
Tres hombres bloqueaban el paso.
Otros dos aparecieron detrás.
Su estómago se contrajo.
Aquello no parecía una coincidencia.
—Creo que se equivocaron de persona —dijo.
Nadie respondió.
Uno de los hombres avanzó.
—Ven con nosotros.
—Definitivamente se equivocaron de persona.
—No hagas esto más difícil.
Alex retrocedió un paso.
Después otro.
Su mente trabajaba desesperadamente.
Cinco contra uno.
Aquellas matemáticas no le gustaban.
Ni un poco.
—Escuchen, soy pobre, vivo en un orfanato y probablemente tengo menos dinero que ustedes.
Los hombres continuaron avanzando.
—¿Siempre hablas tanto?
—Cuando estoy nervioso.
—Pues deja de hacerlo.
Alex observó rápidamente las calles alrededor.
Vacías.
Perfecto.
Justo la clase de suerte que venía teniendo últimamente.
Cuando uno de los hombres intentó sujetarlo, reaccionó por instinto.
Lo empujó.
Giró.
Y salió corriendo.
Los gritos comenzaron detrás de él.
—¡Atrápenlo!
—¡No lo dejen escapar!
Alex aceleró.
Las calles parecían interminables.
Giró una esquina.
Luego otra.
Escuchaba pasos cada vez más cerca.
Su respiración se volvió irregular.
Aquello ya no era una simple sospecha.
Realmente alguien iba tras él.
Y no parecía tener buenas intenciones.
Doblando una nueva esquina, chocó contra alguien.
—¡Mierda!
Estuvo a punto de caer.
Una mano lo sujetó antes de que terminara en el suelo.
Alex levantó la vista.
Y maldijo mentalmente.
—¿Tú?
Ian Marzanto lo observó con evidente falta de entusiasmo.
—Otra vez tú.
—No tengo tiempo para esto.
—Eso veo.
Ian observó a los hombres que aparecían al final de la calle.
Su expresión cambió inmediatamente.
Ya no parecía molesto.
Ahora parecía peligroso.
Muy peligroso.
Los perseguidores también lo reconocieron.
Y eso fue suficiente para que la situación se volviera extraña.
Nadie avanzó.
Nadie habló.
El silencio duró varios segundos.
—¿Problemas? —preguntó Ian sin apartar la mirada de los hombres.
—Cinco hombres intentan secuestrarme.
—Seis.
—¿Qué?
—Hay otro detrás del automóvil.
Alex parpadeó.
—Eso no ayuda.
Ian ignoró el comentario.
Porque algo acababa de llamar su atención.
Uno de los hombres llevaba el símbolo que había visto anteriormente.
El mismo grupo.
Los mismos que vigilaban a Alex.
Los hombres relacionados con Dante Valieri.
Y aquello no le gustó nada.
—Váyanse —ordenó Ian.
Nadie se movió.
Uno de los sujetos dio un paso adelante.
—No es asunto tuyo, Marzanto.
Mal error.
Alex no conocía demasiado a Ian, pero incluso él pudo sentir cómo cambiaba el ambiente.
La temperatura parecía haber descendido varios grados.
—Acabo de decidir que sí lo es.
El hombre dudó.
Ian no.
—Última oportunidad.
El silencio volvió a extenderse.
Finalmente uno de los hombres hizo un gesto a los demás.
Retrocedieron.
Sin protestar.
Sin insistir.
Y eso fue precisamente lo que más inquietó a Ian.
Porque personas así no abandonaban una misión fácilmente.
A menos que hubieran recibido órdenes específicas.
O que el objetivo fuera mucho más importante de lo normal.
Los vehículos desaparecieron poco después.
La calle volvió a quedar vacía.
Alex soltó el aire que llevaba reteniendo.
—Bueno.
Ian giró hacia él.
—Bueno.
—Gracias.
—No te acostumbres.
—Ya estamos regresando a la parte donde eres desagradable.
Ian ignoró el comentario.
Estaba demasiado ocupado pensando.
Porque ya no tenía dudas.
Aquello no era casualidad.
Primero el colgante.
Luego la vigilancia.
Y ahora un intento de secuestro realizado por hombres vinculados a Dante.
Todo apuntaba a la misma dirección.
Alex estaba relacionado con algo mucho más grande de lo que él mismo imaginaba.
Y probablemente ni siquiera era consciente de ello.
—¿Qué hiciste? —preguntó Ian.
—¿Perdón?
—¿Por qué te buscan?
—Si lo supiera, esta conversación sería mucho más fácil.
Ian estudió su expresión.
No parecía estar mintiendo.
Y eso complicaba aún más las cosas.
Alex pasó una mano por su cabello.
—¿Quieres decirme qué está pasando?
—No.
—¿Por qué?
—Porque todavía no lo sé.
—Eres increíblemente frustrante.
—Tú tampoco ayudas.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Alex esperaba que Ian simplemente se marchara.
Después de todo, ya le había dicho claramente que no volviera a meterse en problemas.
Y sin embargo, aquello no ocurrió.
Ian observó la calle vacía.
Luego observó a Alex.
Y finalmente tomó una decisión.
Una decisión que no le gustaba.
Pero que parecía necesaria.
Porque si Dante realmente estaba interesado en aquel chico, dejarlo solo era una pésima idea.
—No.
—¿No qué?
—No vas a seguir caminando solo por la ciudad.
—No puedes decidir eso.
—Claro que puedo.
—No, no puedes.
—Sí puedo.
—Eso suena ilegal.
—Probablemente.
Alex abrió la boca para protestar.
Ian habló primero.
—A partir de ahora vienes conmigo.
El silencio cayó entre ambos.
Alex lo observó durante varios segundos.
Esperando una sonrisa.
Una broma.
Cualquier señal de que estaba exagerando.
No encontró ninguna.
Ian hablaba completamente en serio.
Y por alguna razón, eso le preocupó más que los hombres que habían intentado secuestrarlo.
Porque significaba que el peligro era real.
Y que las respuestas que llevaba semanas buscando quizás estaban más cerca de lo que imaginaba.