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Ecos De Luz Y De Sombras

Ecos De Luz Y De Sombras

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Amor prohibido / Completas
Popularitas:702
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙

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Capítulo 22 — El silencio antes de la tormenta

Habían pasado casi cuatro meses desde el nacimiento de los gemelos, aunque en aquel mundo extraño y luminoso el tiempo parecía comportarse de forma distinta, como si la luz misma estirara o comprimiera los días según su voluntad. Aun así, Kael y Elara sabían que en el mundo de origen la guerra seguía latente, esperando el regreso de quienes quedaban como pilares entre la Luz y la Sombra. Era una calma engañosa, una tregua temporal construida únicamente por la distancia.

El refugio seguía siendo hermoso, casi idílico. Las flores seguían brillando con sus corazones de cristal; los árboles murmuran historias antiguas en lenguajes olvidados; los animales de ojos enormes continuaban acercándose cada mañana buscando caricias y alimento. Las haditas revoloteaban como pequeñas guardianas, observando todo con su curiosidad inquieta. Pero algo había cambiado.

Los gemelos.

Era imposible ignorarlo.

En apenas cuatro meses habían crecido como si tuvieran más de dos años. No en tamaño —sus cuerpos conservaban la sutileza de bebés que recién aprendían a sostener bien el peso de su cabeza—, pero su mente, su magia y sus capacidades estaban muy por encima de cualquier criatura normal.

El niño, de aura oscura como un remolino suave, controlaba sombras sin esfuerzo, moldeándolas en formas que parecían tener vida. A veces creaba figuras de animales; otras, símbolos que Kael reconocía como runas antiguas. La niña, por su parte, irradiaba luz pura que nunca cegaba, sino que envolvía todo con una calidez que curaba pequeñas heridas o calmaba emociones intensas. Su magia fluía como un río claro, constante y natural.

Era evidente que su destino estaba marcado desde antes de nacer.

Y ellos lo sabían.

Por eso, cada día que pasaba, la idea de abandonar el refugio se hacía más urgente. El mundo que habían dejado atrás no estaba dormido. Aeryn ya no estaba para interponerse, pero la oscuridad que lo había devorado se seguía moviendo, crecían rumores en las grietas entre mundos, y los ecos de aquella gran batalla final seguían esperándolos.

Kael lo sentía cada vez que el viento cambiaba.

Elara lo sentía cada vez que soñaba.

Los niños lo percibían incluso sin comprenderlo del todo.

La mañana en que todo empezó a definirse, el cielo estaba despejado, con un brillo suave que hacía vibrar la hierba perlada bajo sus pies. Kael había salido temprano para entrenar. Aunque su magia oscura era inmensa, necesitaba contenerla, moldearla, mantenerla en equilibrio para no perder control cuando llegara el momento decisivo.

Se movía con precisión, dejando que la sombra se desplegara alrededor de su cuerpo en quietud absoluta. No gritaba hechizos, no forzaba su poder. Lo canalizaba. Cada gesto era un recordatorio de que su fuerza no estaba hecha para destruir sin pensar, sino para proteger.

Sintió una presencia a su lado.

—No deberías estar descalza —dijo sin girarse.

Elara, con el cabello recogido de forma desordenada y los pies rozando la hierba brillante, sonrió con suavidad.

—Este suelo nunca lastima —respondió mientras se acercaba—. Además, ellos ya despertaron.

Kael volvió la mirada hacia el refugio. Dos pequeños destellos —uno oscuro, uno dorado— se movían dentro, jugando entre las raíces que formaban su hogar temporal.

—Cada día parecen más conscientes —dijo Kael, dejando que la sombra regresara a su cuerpo.

—Y más impacientes —añadió Elara—. La niña ya intenta caminar. El niño… bueno, él prefiere levitar.

Kael soltó un leve suspiro, una mezcla entre sorpresa y resignación.

—La combinación de nuestros poderes es peligrosa.

Elara apoyó una mano sobre su brazo.

—No es peligrosa. Es única. Y ellos… ellos son el equilibrio que nunca pensamos posible.

Kael la miró. El sol filtrado a través de la copa de los árboles iluminaba sus ojos. Ella había cambiado también. Su magia luminosa era más profunda, más estable. La maternidad la había vuelto más consciente de sí misma, más fuerte en silencios que antes la hacían dudar.

—¿Te preocupa lo que viene? —preguntó él.

—Me preocuparía más si no viniera —respondió, sincera—. No podemos quedarnos aquí. No mientras el mundo que conocemos se desmorona allá afuera. Y ellos… —miró hacia el refugio— merecen un hogar que no sea una huida constante.

Kael asintió.

—Entonces tendremos que prepararnos.

Elara se acercó un poco más.

—Kael… hay algo más. Las haditas estuvieron inquietas anoche.

Él arqueó una ceja.

—¿Qué dijeron?

—Que las grietas entre mundos se están abriendo más rápido. Que la magia oscura que absorbió a Aeryn no se detuvo… sino que está buscando algo. O a alguien.

Kael cerró el puño. No le gustaba esa sensación. Esa falta de forma. Ese eco de un enemigo sin rostro claro.

—Aeryn eligió su destino —dijo él con voz firme—. Pero si lo que absorbió aún lo usa como ancla… tendremos que enfrentarlo.

Elara bajó la mirada por un segundo.

—Sarem regresará pronto. Necesitaremos su guía para estabilizar el viaje entre mundos. Y tal vez… también necesitemos aceptar que los niños serán parte activa de lo que está por venir.

Kael detuvo el aire en su pecho.

—No quiero exponerlos.

—Tampoco yo —dijo Elara con suavidad—. Pero no son como otros niños. No podemos tratarlos como si no entendieran lo que sucede. Ellos… perciben más que nosotros. Y la profecía…

Él cerró los ojos un momento. La frase seguía resonando como una sentencia:

“Cuando la sangre de la Luz y la Sombra se unan en deseo y alma, el mundo renacerá… o arderá.”

Kael abrió los ojos y miró hacia donde sus hijos brillaban.

—¿Crees que ya está comenzando?

—Creo que ellos ya lo saben, incluso si no pueden decirlo —respondió Elara.

Esa misma tarde, la grieta que anunciaba la llegada de Sarem se abrió por encima del lago sagrado. Esta vez no era un portal sereno, sino uno lleno de filamentos oscuros y dorados entrelazados, como si la magia del mundo al que pertenecían estuviera desgastándose.

Sarem emergió con rapidez. Su rostro estaba cansado. Su energía, disminuida. Aun así, su presencia llenó el aire con autoridad.

—No hay más tiempo —anunció antes de que ellos pudieran acercarse.

Elara se tensó.

—¿Qué sucedió?

Sarem descendió, apoyándose en su bastón.

—La magia oscura que atrapó a Aeryn… ha comenzado a tomar forma propia. No es él. No es su conciencia. Pero usa su esencia como un puente para expandirse. Está abriendo grietas en todos los reinos. Si no regresan pronto, no habrá hogar al cual volver.

Kael dio un paso adelante.

—Entonces es hora.

Sarem lo miró con gravedad.

—No sólo ustedes. Los niños también deberán venir. Su magia es el único ancla capaz de cerrar las grietas desde dentro.

Elara tragó con dificultad.

—¿Pueden soportarlo?

Sarem los observó a ambos con un dejo de ternura y seriedad.

—Ellos no son simples criaturas. Son una convergencia. Nacieron para esto, aunque no lo queramos. Su magia es equilibrio puro. Pueden cerrarlo. Pueden detener lo que viene… temporalmente.

Kael respiró profundo.

—No habrá más refugios después de hoy, ¿verdad?

—No —dijo Sarem—. El tiempo del escondite ha terminado.

Al caer la tarde, los gemelos estaban inquietos. Sentían el llamado de la magia incluso sin entenderlo completamente. La niña extendía manos luminosas hacia el cielo. El niño generaba sombras que giraban como pequeños círculos protectores a su alrededor.

Elara los sostuvo contra su pecho.

Kael se acercó por detrás, envolviendo a su familia en un abrazo ancho, firme.

Ninguno habló por unos segundos.

Cuando Elara levantó la mirada, sus ojos estaban llenos de determinación.

—Vamos a volver —dijo—. Vamos a enfrentarlo. Pero lo haremos juntos.

Kael asintió.

—Y lo terminaremos.

Sarem abrió un nuevo portal. Esta vez la energía era inestable, como si respirara, como si la oscuridad intentara cerrarlo y la luz intentara expandirlo.

Los niños dieron un pequeño destello, cada uno con su propio color, y el portal se equilibró.

Kael tomó la mano de Elara.

Elara sostuvo a los gemelos.

Sarem aguardó el último segundo para cerrar la marcha.

Y juntos, dieron el primer paso hacia el final que llevaba tanto tiempo esperándolos.

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