Tras una muerte inesperada, una joven despierta convertida en un bebé dentro del mundo de la novela que leyó antes de morir: “Casada con el Príncipe Maldito”. Pero no como un personaje secundario… sino como la propia protagonista.
Con recuerdos intactos de la historia original, sabe exactamente cómo terminará todo: obligada a casarse con el temido príncipe heredero, un hombre marcado por una maldición que lo consume lentamente… y que, al final, incapaz de soportar el dolor y el rechazo, se quita la vida.
Ahora, renacida en su lugar, la nueva protagonista siente algo muy distinto: rabia hacia esa historia injusta… y una profunda lástima por el hombre destinado a romperse.
¿Debe seguir el curso de la novela para sobrevivir y alcanzar un final seguro… o desafiar el destino para salvar a alguien que nunca fue amado?
En un mundo donde el amor puede ser salvación o condena, cambiar la historia podría costarle todo… incluso su propia vida.
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Preparativos
El silencio que quedó después de las palabras de Estefan y Liam no fue breve ni cómodo. Incluso el Sacerdote Mayor parecía sorprendido por el rumbo que había tomado la conversación, en la novela original nada de esto ocurrió así. Estefan quería acompañar la expedición, sí, pero nadie le permitió involucrarse directamente al inicio, argumentando que el príncipe heredero no podía arriesgarse en una zona tan peligrosa, y Liam ni siquiera insistió demasiado. Pero aquí… las cosas estaban cambiando otra vez. Y honestamente, me alegraba.
—Su alteza, comprenda que esto no es una visita ceremonial —dijo finalmente el obispo, mirando a Estefan con seriedad—. El Bosque Oscuro ha dejado de ser seguro incluso para sacerdotes experimentados.
—Precisamente por eso iré —respondió él sin apartar la mirada—. Si Selene estará allí, no pienso quedarme en la capital esperando noticias.
Mi padre observó a Estefan durante unos segundos. No parecía molesto. Más bien… lo analizaba.
—Entiendo su intención, príncipe heredero, pero esto no es una decisión simple.
—Lo sé.
—Entonces entiende también el riesgo.
—Lo entiendo mejor que nadie.
Algo en su voz hizo que el salón quedara en silencio otra vez. Porque era verdad. Estefan entendía el miedo, el peligro y el rechazo mejor que cualquiera en esa habitación. Él había vivido toda su vida rodeado de personas que lo observaban como si fuera una amenaza latente.
Liam dio un paso al frente antes de que alguien más hablara.
—Yo también iré.
—Principe... —murmuró el obispo, claramente incómodo.
—No soy un niño pequeño —respondió él—. Sé usar magia y espada. Además… —sus ojos se desviaron hacia mí un momento antes de volver al frente— no quiero que ellos enfrenten eso solos.
Mi madre suspiró suavemente, llevándose una mano a la frente.
—Esto se está convirtiendo en una locura…
—No —dije finalmente, haciendo que todos me miraran—. Tiene sentido, tenemos que hacerlo.
Mi padre frunció levemente el ceño.
—Selene.
—Padre, si el bosque es tan peligroso como dicen, entonces necesitaremos protección real, no solo sacerdotes. Además… —miré directamente al Sacerdote Mayor— si algo ocurre y el príncipe heredero está ausente, la responsabilidad recaerá completamente sobre nosotros.
El hombre guardó silencio, porque sabía que tenía razón. La política seguía existiendo incluso en momentos como este.
—Y si el príncipe heredero va… —continué— el templo tendrá que movilizar a sus mejores hombres para garantizar la seguridad de la expedición.
El obispo abrió apenas los ojos, entendiendo inmediatamente hacia dónde iba.
Más protección, más vigilancia, más responsabilidad compartida. Exactamente lo que quería.
Estefan me observó en silencio. Por un momento sentí que entendía perfectamente lo que estaba haciendo. No solo estaba aceptando ir. Estaba asegurándome de que nadie pudiera tratarnos como piezas sacrificables.
Finalmente, el Sacerdote Mayor exhaló lentamente.
—Muy bien. Discutiremos los preparativos con la familia ducal y el palacio real.
—Eso significa que aceptan —dijo Liam rápidamente.
—Significa que no podemos negarnos fácilmente —corrigió el obispo con cansancio.
Liam sonrió un poco. Y sinceramente… era raro verlo tan serio respecto a algo.
La reunión terminó poco después, aunque el ambiente permaneció pesado incluso cuando los sacerdotes se retiraron. Apenas las puertas se cerraron, mi madre se acercó inmediatamente hacia mí y sostuvo mis hombros con suavidad.
—Selene… ¿de verdad quieres hacer esto?
La miré en silencio unos segundos, era difícil explicar algo así, porque sí, tenía miedo. Aunque conociera parte de lo que iba a pasar, eso no hacía que fuera menos real.
El Bosque Oscuro no era un escenario ficticio aquí. Los monstruos existían. La corrupción existía. El peligro existía. Y yo… ahora también existía dentro de esa historia.
—Tengo que hacerlo —respondí finalmente.
Su expresión se entristeció apenas.
—Sigues siendo una niña…
Sentí algo extraño en el pecho al escuchar eso. Porque a veces olvidaba cómo me veían los demás, yo pensaba demasiado, entendía demasiado, recordaba demasiado, pero seguía teniendo apenas ocho años.
Mi padre se acercó entonces, colocando una mano sobre la cabeza de mi madre antes de mirarme a mí.
—No permitiré que estés en peligro innecesariamente.
Asentí suavemente.
—Lo sé.
Y era verdad. Él me quería. Ambos lo hacían. Eso también era diferente a la novela.
En la historia original, la familia de Selene la apreciaba, sí, pero muchas veces la veían primero como “la Santa” antes que como su hija. Aquí… yo había cambiado demasiadas cosas sin darme cuenta.
—Entonces empezaremos los preparativos mañana —dijo finalmente mi padre—. Si van los príncipes, esto dejará de ser una simple expedición religiosa.
—Parecerá casi una campaña militar —murmuró mi madre.
—Y mejor así.
No pude evitar pensar que Estefan estaría de acuerdo con eso. Como si mis pensamientos lo hubieran llamado, la puerta volvió a abrirse unos minutos después y ambos príncipes regresaron, aunque esta vez sin la formalidad anterior. Liam fue el primero en hablar.
—¡Selene!
Corrió directamente hacia mí mientras Estefan caminaba detrás de él con mucha más calma.
—¿Tienes miedo? —preguntó Liam.
La pregunta fue tan directa que casi me hizo reír.
—Un poco.
—Yo también —admitió él sin vergüenza—. Pero estará bien. Mi hermano da miedo cuando pelea.
—Liam... —el tono empleado por Estefan, era un modo de advertencia silenciosa.
—¿Qué? Es verdad.
No pude evitar sonreír ligeramente. Entonces miré a Estefan, que permanecía más callado de lo habitual.
—¿Y tú? —pregunté.
Sus ojos se encontraron con los míos.
—No dejaré que te pase nada.
Así era él, directo, simple, completamente sincero y por alguna razón… mi corazón se sintió extraño un instante. Porque recordé algo.
En la novela original, nadie protegió realmente a Estefan.
Ni sus padres, ni los sacerdotes, ni siquiera la protagonista, pero ahora… él estaba aquí diciendo eso con total naturalidad.
Protegiéndome.
Cuando era él quien más necesitaba que alguien estuviera de su lado.
Liam hizo una mueca exagerada.
—Hermano, suenas demasiado serio.
—Lo es.
—Ahora entiendo por qué todos dicen que ustedes parecen un matrimonio de verdad.
—Liam —murmuró Estefan esta vez con visible advertencia.
Yo terminé riendo bajito y eso hizo que Liam sonriera satisfecho. Pero entonces noté algo más.
La expresión de Estefan era más suave, más viva y por un momento… recordé al chico de la novela que terminó completamente roto y solo.
No.
No iba a dejar que eso pasara otra vez, ni la maldición, ni el dolor, ni ese final horrible. Esta vez… haría todo lo posible para cambiarlo.