Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Empezaron a caer las murallas.
Al día siguiente, durante el desayuno, le pregunto a Leo qué le parece el profesor Nahuel. A lo que, con los ojos brillando de emoción, me responde sin dudar.
—¡Me agrada muchísimo, mami! Es bueno y siempre me ayuda y me escucha... ¡también juega a la pelota conmigo en los recesos! _ la emoción se siente en cada palabra que me da.
—Me alegra que sea tan bueno —sonrío, un calorcito invadiéndome el pecho— ¿Te gustaría que lo invite a cenar en forma de agradecimiento por toda su ayuda?
—¡Síí! ¡Cocina mucha comida deliciosa para él!
—¡Ja, ja, ja! Mi pequeño entiendes que esto es una forma de agradecimiento, ¿verdad? Él es una buena persona, pero...
—Lo entiendo, mamá. Me agrada la idea de que venga a casa y así compartir con el profe como amigos.
—¡Genial! Entonces tendremos que ir de compras y me ayudaras a preparar una gran cena.
"Lo siento, mami... pero de verdad quiero que el profe sea mi papá. Yo también quiero que seas feliz y ya no estés sola, así que no me puedo rendir ahora. Esta noche descubriré si al profe le gustas... y si es así, ¡entonces daré el siguiente paso en mi plan!"
Me preparo para ir al colegio. Ahora ya no tengo miedo de asistir a la escuela y, definitivamente, ganaré ese torneo, sé que, aunque mamá no me lo diga, ella está en problemas y necesita el dinero. Cuando crezca, seré un hombre exitoso que gane mucho para tratarla como la reina que es.
A pesar de que mamá me advirtió, no pude evitar comentarle la idea al profe. Su gran sonrisa me dejó entender que está muy contento. Mi mamá es muy hermosa y una mujer muy independiente... ¿quién no la quisiera?
—Leo, yo no pienso que estés haciendo bien —dice Ana, mi amiga de clase, su voz llena de prudencia.
—¿Por qué, Ana? _ sigo dibujando mi plan infalible con sumo detalle y entusiasmo.
—A mi parecer, y eso que no soy una experta, estás vendiendo a tu mamá. Yo creo que no deberías interferir con sus relaciones.
—¡Ana, nunca vendería a mi mamá! Solo quiero que ella tenga a alguien a su lado.
—¿Pero estás segura de que a tu mamá le gusta el profe?
—Esta noche lo descubriré. Ana, por favor, no le digas nada a nadie.
—Soy una tumba, amigo. Gracias por confiar en mí.
—Ni siquiera a tu mamá, Ana. _ le extiendo mi dedo meñique para sellar el pacto.
—Ya te dije que no le diré a nadie, Leo. _ ella hace lo mismo jurando así mantener este secreto bien guardado.
Sin dudas esta noche conseguiré un esposo para mi mamá y un papá que siempre esté a nuestro lado, así ya nadie se atreverá a molestarnos nunca más.
En el hotel, Briella pedía un adelanto de su sueldo para poder pagar la cuantiosa multa por agresión.
Mientras que Octavio, con una expresión sombría, nuevamente pasaba por Roxana a la estación policial.
—¡No puedo creer que otra vez me dejaste en ese lugar! —grita Roxana, la voz estrangulada por la indignación.
—¿Qué significa esto? Dijiste que ayer llegaste tarde por ir al hospital, pero aquí tengo el cargo por una rinoplastia — le muestro un papel con una gran suma a pagar, mi mirada acusadora sobre ella.
—Tenía que arreglar mi nariz... _ me responde encogiéndose de hombros
—Eso lo podías hacer en el hospital y no con un cirujano plástico. Tú provocaste todo esto, así que no me culpes por los resultados.
—¡Octavio!...
—Ya di de baja todas tus tarjetas. _ mi voz fría y distante.
—¿Qué se supone que haga sin dinero?
—Trabajar como lo hacen todos, Roxana.
"¡Maldito idiota! ¿Cómo se atreve a dejarme sin dinero? ¡Esta noche tengo que conseguir algo o de lo contrario estaré arruinada... y todo por culpa de esa estúpida de Briella y su pequeño bastardo!"
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Esa noche, preparé una deliciosa comida mientras mi príncipe preparaba todo con sumo cuidado, su entusiasmo contagiándome. De verdad puedo ver cuánto aprecia y lo quiere a Nahuel... también cuánto necesita de una figura paterna en su vida. De pequeño recuerdo que cada noche preguntaba dónde estaba su papá, el porqué él no tenía uno mientras todos a su alrededor sí. También cómo se quedaba observando en las plazas a esos niños que disfrutaban junto a sus padres... y él, con sus ojitos llorosos, solo los miraba. Tal vez sí fui muy cruel al nunca permitirme volver a iniciar mi vida. ¿Pero cómo podía volver a confiar? Como podía estar segura de que esta vez no nos abandonaría a los dos.
¿Cómo estar segura de que alguien más podría querer y cuidar a un hijo que no era suyo? ¿Quién me daba la confianza de no estar cometiendo un gran error que pondría en peligro a Leo? La puerta suena y lo veo correr a abrirla, su energía infantil disipando mis dudas. Bueno, es momento de olvidarme de todo y solo disfrutar de esta noche.
—¡Buenas noches, campeón! —dice Nahuel, con una sonrisa amplia y genuina.
—¡Buenas noches, profe! _ Leo lo abraza con gran fuerza colgandose de su cuello con entusiasmo.
—No estamos en la escuela, puedes llamarme Nahuel. Ahora solo somos dos amigos, así que está bien que lo hagas.
—¿Mamá? —me mira con esperanza, su mirada interrogante.
—No me agrada mucho la idea... pero si no te molesta, puedo hacerme de la vista gorda —digo, riendo, la rigidez empezando a disolverse.
—¡Síí! ¡Pasa, Nahuel! ¡Mamá preparó una cena deliciosa... la mejor que probarás en toda tu vida!
—Huele delicioso —dice Nahuel, con una sonrisa— Aquí traigo el postre.
—No hacía falta... gracias, Nahuel. Siéntete como en casa. _ tomo el envoltorio con cuidado sintiendo el ligero calor en mis manos.
Esa noche definitivamente fue diferente, se sintió más cálida y con una sensación muy acogedora. Mi pequeño no paraba de reír y se le notaba tan feliz, disfrutando de eso que tanto deseaba. Por otra parte, yo también pude conocer a un Nahuel más relajado... y yo también me olvidé de mis prejuicios y actué más normal. Creo que, después de todo, dejar caer un poco mis barreras no sería mala idea, no por completo, pero de a poco podría darme la oportunidad de conocernos mejor.
Leo se levanta al baño y Nahuel aprovecha para deslizar un sobre con dinero sobre la mesa, con una discreción casi imperceptible.
—Briella, no lo tomes a mal, pero quiero ayudar a pagar la multa.
—¡No... noo, Nahuel!
—Tómalo como un gesto entre amigos. No me pareció justo que te dieran esa multa cuando esa mujer fue la que provocó todo.
—Aun así, yo también estuve mal en hacer eso dentro de la escuela. Por eso no puedo aceptar esto.
—Me siento mal porque no lo cuidé como se debía... lo que provocó todo esto. _ su exprecion reflejaba toda la culpa que no tenía.
La escuela contaba con dos cursos diferentes. Leo en uno y Rodo en otro, Nahuel es el profesor de Leo, pero tampoco podía vivir cuidando de el únicamente cuando hay 15 niños bajo su supervisión.
—Nahuel, tienes a muchos alumnos bajo tu cuidado, no puedes prestarle atención solo a Leo. Así que no te sientas mal, esto no es tu culpa.
—De todas formas, me siento culpable por no notar las señales... así que te pido, por favor, lo aceptes y también mis más sinceras disculpas por fallarle a Leandro.
—Te lo agradezco mucho, pero no puedo. Yo soy su madre, la que lo tiene que proteger y cuidar. Esta es mi responsabilidad y la voy a cumplir... porque yo también actué mal. La debí de golpear afuera de la instalación sin público presente —reí, una chispa de picardía en mis ojos tratando de cambiar el tema de la culpa.
—¿Lo dices en serio, Briella? —pregunta Nahuel, riendo también, contagiado por mi humor.
—¿Tú qué crees?... ¡ja, ja, ja!
Leo vuelve elogiando al escuchar las risas, su presencia llenando de luz el ambiente. Los tres pasamos un agradable momento hasta que Nahuel se va y nosotros nos acostamos, el dulce sabor de la esperanza flotando en el aire.
- ¿La pasaste bien mamá? _ pregunta acurrucado en mi pecho.
- Si, me agrada Nahuel. ¿Tú como la pasaste, mi príncipe?
- ¡Muy bien! me gusta mucho, no como mi padrino, el profesor me agrada mucho más porque no está todo el tiempo buscando chicas o llorando porque ellas no le hablan.
- Ja ja ja ja ¿Qué estás diciendo? _ rompo a reír por su absurda declaración. Rafa sin dudas es un declarado al hacer eso con mi hijo delante. De repente siento su bostezo contagioso.
- ¡Ahhh solo digo que seria lindo que el profe fuera mi papá!
Me quedo muda por un instante, luego busco su cara para preguntarle más. Pero mi pequeño ya duerme plácidamente. Esto sin dudas era algo que no me lo esperaba, ya sospechaba de sus intenciones desde el primer día que lo conoció, pero decirlo en voz alta es por que ya lo ha aceptado como tal y mi Leo es sumamente tenaz cuando se propone algo así que tendré que hablar con él.
Nahuel 🥰