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SOMBRAS BAJO LA LEY

SOMBRAS BAJO LA LEY

Status: En proceso
Genre:Demonios / Casos sin resolver
Popularitas:539
Nilai: 5
nombre de autor: Dorothea"

En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de Dorothea" para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — Lo que la Oscuridad Devora.

El silencio llegó primero.

No un silencio normal, sino uno antinatural, pesado… como si el aire hubiese olvidado cómo moverse. El pasillo deformado del edificio respiraba lentamente, sus paredes ondulaban como carne viva atrapada bajo concreto. Las luces parpadeaban en intervalos irregulares, revelando sombras que no coincidían con nadie presente.

La criatura había retrocedido.

No por miedo.

Por hambre.

El grupo permanecía unido por primera vez desde que comenzó el colapso del bucle: Lin Yue al frente, respirando con dificultad; Mateo sosteniéndose el pecho aún tembloroso; Aiko cubierta por una sombra viscosa que lentamente se regeneraba; y Zhao Ren, firme, observando en silencio con su daga aún baja.

Entonces el suelo comenzó a latir.

Un sonido húmedo emergió desde las paredes.

—¿Escuchan eso…? —susurró Mateo.

Un crujido respondió.

La pared frente a ellos se abrió como una herida.

Y lo que salió no fue la entidad.

Fueron personas.

Cuerpos humanos cayeron uno tras otro, envueltos en una sustancia negra translúcida. Algunos respiraban débilmente; otros permanecían inmóviles con expresiones congeladas en terror absoluto.

Lin Yue abrió los ojos con horror.

—No… no los estaba matando…

La criatura emergió detrás, su forma cambiando constantemente, como si estuviera hecha de recuerdos rotos.

Entonces lo entendieron.

No devoraba carne.

Devoraba algo peor.

Recuerdos.

Identidades.

Voluntad.

Las personas liberadas miraban al vacío, incapaces de reconocer siquiera sus propias manos.

—Los está vaciando… —murmuró Lin Yue—. Se alimenta de lo que los hace humanos.

La entidad emitió un sonido similar a múltiples voces susurrando al mismo tiempo.

Había aprendido.

Ya no solo cazaba.

Seleccionaba.

El aire vibró violentamente y una presión invisible cayó sobre ellos. Imágenes comenzaron a filtrarse en sus mentes: miedos, arrepentimientos, momentos perdidos.

Lin Yue cayó de rodillas.

Algo dentro de ella se quebró.

Durante años había reprimido aquello que su familia le enseñó. Había negado los rituales, las voces ancestrales, el llamado espiritual que siempre la perseguía.

Pero ahora…

Las almas liberadas temblaban a su alrededor.

Y la criatura seguía alimentándose.

Sus manos comenzaron a brillar con una luz tenue azulada.

Sellos invisibles aparecieron alrededor de sus muñecas como tinta flotante.

—Ya basta… —susurró.

El aire giró.

Campanillas invisibles resonaron.

Por primera vez, Lin Yue dejó de resistirse.

Sus ojos cambiaron, reflejando símbolos antiguos.

—Espíritus errantes… escuchen mi voz.

El suelo se iluminó con círculos chamánicos que se expandieron bajo sus pies.

Las presencias atrapadas reaccionaron.

Las sombras que envolvían a las víctimas comenzaron a desprenderse como humo quemado.

La criatura chilló.

No de dolor.

De molestia.

Había perdido alimento.

Mateo observó en silencio… y algo dentro de él respondió.

La marca en su mano ardió.

Un humo oscuro comenzó a escapar entre sus dedos.

—Genial… —murmuró, más serio de lo habitual—. Supongo que ya no puedo seguir haciendo chistes.

La temperatura descendió.

El humo se condensó formando una figura curva.

Metal negro.

Antiguo.

Una guadaña apareció en su mano.

El aire alrededor murió instantáneamente, como si incluso el sonido temiera acercarse.

Los ojos de Mateo ya no reflejaban miedo.

Reflejaban inevitabilidad.

—Ahora entiendo… —dijo en voz baja— por qué me llaman el poseído.

La criatura retrocedió por primera vez.

Reconocía esa presencia.

Muerte.

Aiko sonrió ligeramente, limpiándose sangre seca del rostro.

A su lado, abrió una grieta pequeña y extrajo unas tijeras gigantescas, desproporcionadas, cuya hoja vibraba como si cortara algo más que materia.

—Entonces peleamos en serio —dijo tranquila.

Zhao Ren suspiró.

—Ya era hora.

Sacó lentamente una daga distinta a la anterior. Su hoja estaba cubierta de inscripciones apenas visibles, antiguas y silenciosas.

No brillaba.

No emitía poder.

Pero el espacio alrededor se estabilizó.

—Solo humanos abusando del descanso… o cosas que olvidaron cómo morir —murmuró.

El grupo avanzó instintivamente, colocándose uno junto al otro.

Lin Yue alzó sus manos, guiando a las almas liberadas lejos del campo de batalla.

Mateo giró la guadaña, el humo formando espirales alrededor.

Aiko dio un paso adelante, ansiosa.

Zhao Ren adoptó una postura tranquila, precisa.

La criatura comprendió algo peligroso.

Ya no eran presas separadas.

Eran un frente unido.

El pasillo colapsó alrededor mientras la entidad expandía su cuerpo, creando múltiples extremidades hechas de sombras solidificadas.

Voces robadas gritaron desde su interior.

Intentó dividirlos nuevamente.

Pero esta vez nadie se movió.

Mateo habló primero:

—Nadie se separa. ¿Sí?

—Sí —respondió Lin Yue con firmeza.

Aiko asintió.

Zhao Ren simplemente avanzó.

La batalla comenzó.

Las sombras chocaron contra los sellos espirituales de Lin Yue, rompiéndose en fragmentos de recuerdos que flotaban como vidrio.

Mateo cortó el aire con la guadaña y cada golpe borraba partes de la criatura, no destruyéndolas… sino obligándolas a morir correctamente.

Aiko atravesaba las extremidades con sus tijeras, desgarrando dimensiones enteras.

Zhao Ren se movía entre ellos como un ancla silenciosa, su daga cortando puntos exactos donde la entidad intentaba regenerarse.

Por primera vez…

La criatura estaba siendo obligada a retroceder.

Pero mientras gritaba, algo más se reveló dentro de su núcleo.

Una silueta humana.

Alguien aún consciente.

Alguien que tal vez…

seguía siendo el verdadero origen del bucle.

El combate se detuvo apenas un segundo.

Suficiente para entender que esto no era el final.

Solo la verdad empezando a mostrarse.

Y la oscuridad, por primera vez, parecía… asustada.

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