En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un nuevo comienzo
palabras de la autora:
ahora que general no tiene memoria, esta mujer va a proteger a su hombre con garras uñas y diente, es la protagonista más empoderada que he creado; va a proteger a su princeso como una fiera.
La noticia llegó a mis oídos como un golpe en el estómago. No podía permitir que lo ejecutaran, no después de todo lo que habíamos compartido, y mucho menos siendo víctima de una mentira tan vil. Actué con rapidez y discreción. Reuní en secreto a los cinco hombres más leales y antiguos del General, aquellos que sabían que su señor era incapaz de traición y que, aunque me veían como al soldado Huang Yi, sabían que mi lealtad y mi inteligencia eran inquebrantables. Esa noche, dentro de mi refugio, me quité por completo mi disfraz de hombre y, con voz grave y autoritaria, les conté la verdad: quién era yo, quién era realmente el General y la trampa en la que había caído. Se quedaron atónitos, pero la urgencia del momento y la evidencia de mis palabras les dio confianza.
—Preparad los caballos más rápidos y las armas necesarias —les ordené, trazando un plan detallado sobre un mapa—. Iremos hasta la misma puerta del tribunal si es necesario. Lo sacaremos de ahí, probaremos su inocencia y lo llevaremos a un lugar seguro.
Monté mi caballo, un animal fuerte y veloz que me acompañaba desde hacía años, y junto a esos cinco hombres leales, galopamos sin descanso hacia la capital. Llegamos justo cuando el sol comenzaba a ocultarse y los verdugos se preparaban para la ejecución. Allí estaba él, en el cadalso, atado, débil, pálido y sin memoria, mirando a la multitud como si fuera un extraño en su propia vida.
Sin dudarlo, saqué de mi espacio dimensional unas bombas de humo especiales, mezcladas con una fórmula química que yo misma había perfeccionado, capaz de dormir a cualquier persona sin causar daño permanente. Las lancé al aire, y una espesa nube de color blanco y azul envolvió la plaza, confundiendo a los guardias y al pueblo. Mientras todos tosían y caían en un sueño profundo, avancé velozmente, corté las cuerdas que lo ataban y, con ayuda de mis hombres, lo monté detrás de mí sobre la silla.
—¡Vámonos! —grité, y partimos al galope, perdiéndonos entre los caminos oscuros que conducían hacia las montañas, el único lugar donde podríamos estar a salvo.
Una vez lejos del peligro, nos detuvimos en una cueva oculta, un refugio que yo conocía bien. Allí, nuevamente, me despojé de las ropas de soldado y me vestí con una túnica de mujer, fina y elegante, y me recogí el cabello con gracia. Adopté el nombre de Yi, una identidad sencilla y dulce que no levantara sospechas.
Él, sentado sobre una manta, me miraba fijamente, y de repente, una sonrisa amplia y infantil iluminó su rostro, una sonrisa inocente y feliz que me partió el alma. Se acercó torpemente y tomó mis manos entre las suyas.
—¡Esposa! —dijo con alegría, sus ojos brillando de afecto—. ¡Eres hermosa! Qué bonita es mi esposa.
Lo miré con los ojos muy abiertos, totalmente perpleja.
—¡Cállate, tarado! —le grité, dándole un ligero empujón en el pecho, aunque con cuidado de no hacerle daño—. ¡No soy tu esposa! ¿En qué cabeza cabe semejante tontería?
Pero él negó con la cabeza, terco como un niño pequeño, y volvió a abrazarme con fuerza, apoyando su cabeza en mi hombro con una ternura que me desarmaba.
—Sí lo eres... tú eres mi esposa, te amo mucho, esposa. —Su mente, dañada por el golpe, había tejido una historia nueva, sencilla y feliz, donde yo era el centro de su mundo—. Me acuerdo... tú eres mi mujer, la que me cuida. Te amo, te amo, te amo.
Suspiré con exasperación, pero no pude evitar sonreír levemente. Era inútil discutir con él; ahora era como un niño grande, inocente y dependiente. De repente, me miró con una expresión de urgencia, se puso de pie de un salto y me tiró de la manga con desesperación.
—¡Esposa! ¡Esposa, quiero hacer pipí! ¡Rápido, rápido! —decía saltando de un pie a otro, con una cara de angustia que era absolutamente cómica—. ¡Ponme a hacer pipí, por favor! ¡Ayúdame, esposa!
Sentí cómo el calor subía por mis mejillas hasta la raíz del cabello. Abrí la boca para hablar, pero las palabras no salían, solo un grito de pura indignación y vergüenza.
—¡¿Estás loco?! —exclamé, alejándome de él de un salto, poniéndome detrás de una roca para crear distancia—. ¡Estás completamente loco! ¡No voy a tocar... esa parte tuya ni de broma! ¡Hazlo tú solo, bestia! ¡Cómo se te ocurre decirme eso!
Pero él no entendía de decoro ni de pudor, solo veía en mí a su cuidadora y a su compañera, y siguió insistiendo con una cara de súplica tan graciosa y desesperada que, a pesar de la situación, no pude evitar soltar una carcajada, mezcla de rabia y diversión.
—¡Pero no sé cómo! —decía con voz llorosa, haciendo un puchero que desentonaba totalmente con su tamaño y sus músculos—. ¡Esposa mala, no me quieres ayudar!
—¡Ayúdame tú a mí a no morir de un infarto! —le respondí, cruzándome de brazos, aunque ya avanzaba hacia él para guiarlo, indicándole torpemente hacia un arbusto—. ¡Vete allá y hazlo tú mismo, y no me hables más de esas cosas o te dejo aquí tirado!
Él obedeció corriendo, feliz de haber encontrado solución, y yo me quedé allí, apoyada en una roca, mirando el cielo estrellado. Habíamos logrado escapar de la muerte, habíamos salvado al General de una traición cruel, y ahora, en medio de las montañas, tenía al hombre más temido del imperio convertido en un niño enamorado que creía que yo era su esposa y que me pedía ayuda para todo.
La aventura apenas comenzaba, llena de misterios por resolver, enemigos que aún nos perseguían y un amor que, aunque prohibido y complicado, seguía latiendo entre nosotros, ahora bajo la forma más divertida y tierna que jamás hubiera imaginado. Y mientras lo veía regresar corriendo hacia mí con una sonrisa radiante, supe que, aunque el destino fuera cruel, al menos por ahora, yo tenía lo más importante: su vida, y la oportunidad de devolverle, poco a poco, su memoria... o quizás, disfrutar un poco más de esta locura dulce antes de que todo volviera a ser complicado.