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Justicia Entre Las Sombras

Justicia Entre Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Mafia / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:77.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

La noche en que mataron a sus padres, Vanessa de la Vega dejo de ser una niña.
Criada a golpe de disciplina por su abuelo, un hombre con más sangre en las manos que perdón en el alma aprendió que el poder no se mendiga: se arranca. Hoy es la Reina de la mafia. Inteligente, seductora y letal, gobierna un imperio donde la lealtad es todo y la traición se paga con la vida.
Pero la venganza que la sostiene también amenaza con destruirla. Porque en su mundo, las alianzas son frágiles, los enemigos tienen rostros ocultos y el amor es un lujo más peligroso.

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

Con el paso de los días, Carlo y Vanessa estaban más cerca que nadie. La noche aún se sentía cálida, como si el día no quisiera irse.

Vanessa y Carlo caminaban tranquilos por la calle, que las lámparas iluminaban, y sus pasos iban casi a la par.

Los guardaespaldas de Vanessa se mantenían lejos, discretos, pero siempre atentos, dándoles su espacio y vigilando cada movimiento.

Carlo tenía las manos en los bolsillos, un gesto que hacía siempre que se ponía nervioso. Sentía que el corazón le latía muy fuerte, casi como cuando trabajaba en sus proyectos o hacía una presentación en la facultad.

Vanessa caminaba a su lado con una calma que lo descolocaba; parecía moverse por el mundo con una seguridad que él no creía poder tener.

Y aún así, cuando la miraba, notaba un poco de cansancio, de soledad, como si cargara algo pesado que intentaba esconder.

—Tu proyecto... el de seguridad... suena complicado —dijo Vanessa, rompiendo el silencio con una voz más suave.

—Lo es —respondió él, levantando un poco la vista—. Pero también me gusta. Espero que sea útil.

—¿Útil para quién? —Carlo se encogió de hombros.

—Para quien necesite proteger algo. Oh, alguien...

Vanessa lo miró de reojo. Aquella respuesta le tocó algo por dentro, algo que tenía bien guardado.

—Debe ser bonito crear cosas que protejan —murmuró.

—Supongo. —Vanessa frunció el ceño.

—¿Supongo? —preguntó ella, con timidez.

—No soy bueno explicando lo que hago... al menos no cuando estoy contigo.

—¿Por qué?

—Porque... —Carlo respiró hondo—, me pongo nervioso.

Vanessa se detuvo. Carlo siguió caminando un par de pasos antes de darse cuenta de que ella ya no estaba a su lado.

Se giró, sorprendido, y la vio quieta, mirándolo como si le hubiera contado un gran secreto.

—¿Te pongo nervioso?

—Sí. Mucho.

Vanessa entrecerró los ojos, intentando recordar la última vez que un chico le había dicho algo así, sin mentiras, sin segundas intenciones. No lo recordaba. —No deberías —dijo al final, más para sí misma que para él—. No soy importante.  —Carlo negó con la cabeza, rápido.

—Para mí sí.

Vanessa sintió un leve sobresalto en el pecho, casi imperceptible. Siguió caminando, como si no hubiera oído nada, pero en realidad lo había escuchado muy bien.

Ese chico la estaba desarmando sin darse cuenta. Carlo, por su parte, caminaba intentando no pensar en lo que acababa de decir. Tenía la cabeza hecha un desastre.

Vanessa le había gustado desde el primer día que la conocieron en ese callejón oscuro. Le había parecido peligroso, muy hermosa y demasiado fuerte para algien como él. Pero luego descubrió que también podía ser dulce, y que a veces su mirada se ponía triste, como si cargara un pasado que nadie debía tocar. Y eso lo atraía más. Pero también lo asustaba. —¿En qué piensas tanto? —preguntó Vanessa, sin detenerse.

—En cosas —respondió él.

—Eso no es una respuesta. —Carlo respiró hondo.

—En ti. —Vanessa volvió a detenerse. Él también.

Los guardaespaldas lo notaron, pero no dijeron nada. Solo observaron desde lejos.

—Carlo —dijo ella, pasándose la mano por el pelo —Yo no... no soy buena en esto. No sé cómo... sentir.

—No te pido nada —respondió él con suavidad —Solo... no puedo evitar pensar.

Vanessa bajó la mirada. Sentía algo en el pecho, algo incómodo, peligroso, algo que había prometido no dejar entrar. No porque no quisiera sentir, sino porque sabía lo que pasaba cuando uno sentía demasiado. Te volvías débil. Vulnerable. Fácil de lastimar. Fácil de perder. Y Vanessa no podía permitirse perder nada más.

Caminaron en silencio un rato más, hasta que llegaron al edificio de Vanessa. Ella sacó las llaves con calma, pero antes de abrir la puerta, se giró hacia él.

—Gracias... por acompañarme —dijo despacio.

—Siempre lo haría —respondió él con esa sinceridad que no podía ocultar.

Vanessa sintió un pequeño escalofrío. Antes de darse cuenta, se inclinó a abrazarlo. Carlo la rodeó con los brazos, algo torpe pero cálido. Era un abrazo suave, honesto, de esos que te hacen sentir seguro sin pedir nada a cambio. Vanessa, casi sin querer, giró la cara al separarse. Pensaba besarle la mejilla. Pero su beso cayó justo en la comisura de sus labios. Un toque rápido. Un momento pequeño. Pero suficiente para que ambos se queden congelados.

Carlo sintió cómo todo su cuerpo se encendía. Vanessa abrió los ojos con sorpresa. El ambiente se volvió más tenso, más lento, más intenso.

—Yo... —tartamudeó ella, intentando reaccionar —Pasa, si quieres. Tomamos algo; si quieres, claro.

Él dudó un segundo. Pero accedió. Subieron en silencio, intentando no parecer afectados.

El departamento de Vanessa era elegante, con tonos grises y cálidos, todo ordenado. Ella dejó las llaves sobre la mesa, sacó dos copas y una botella de vino. —¿Mucho o poco? —preguntó mientras servía.

—Lo que quieras —respondió Carlo, sentándose en el sofá.

—Eso suena peligroso. —dijo Vanessa y levantó una ceja.

—Contigo todo suena peligroso —contestó Carlo.

Tomaron la primera copa hablando de cosas sin importancia: la universidad, Mariana, los grupos de estudio, el clima, reian como si el mindo no existiera.

Pero cada vez que sus ojos se cruzaban, la tensión crecía. Algo que ninguno sabía cómo manejar. Después de la segunda copa, Vanessa se sentó más cerca de él.

—Carlo —susurró—. Sobre lo de abajo... —El beso —dijo él sin dudar. —Fue un accidente.

—Lo sé. —dijo él —no hay problema.

—No quiero... que esto se complique.

—Lo sé —volvio a repetir 

—Y tú... no deberías querer complicarte la vida conmigo.

Carlo juntó las manos, luchando contra los nervios.

—Aunque no quiera, pasa.

Vanessa sintió que el suelo temblaba un poco. Ese chico, el más dulce y tímido, tenía una forma de decir las cosas que atravesaba sus defensas como si no existieran.

—Carlo, vengo de un mundo peligroso —dijo ella, bajando la voz—. Un mundo donde la gente buena suele sufrir. Te lo dije antes.

—Y te dije que puede que no sea tan bueno como crees.

Vanessa lo miró fijamente, ese fue el error, porque mirarlo así, con el corazón temblando y la guardia baja, permitió que algo más entrara.

Él levantó una mano, despacio, y tocó un mechón de su pelo que le caía sobre la cara.

Ella cerró los ojos un instante y al abrirlos, todo había cambiado.

Vanessa se acercó primero, Carlo después. El beso que siguió no fue como el de antes. Fue más lento, más profundo... Más intenso.

Las copas quedaron olvidadas sobre la mesa. La botella abierta. El silencio solo roto por la respiración agitada de ambos.

Era un beso que sabía a algo prohibido, un beso que empezó suave... y acabó cruzando la línea entre lo correcto y lo que necesitaban.

Vanessa se agarró a su camisa, atrayéndolo más. Carlo la tomó por la cintura, sintiendo cómo el mundo se hacía pequeño a su alrededor. Ella sintió que, por primera vez en años, alguien lograba atravesar el muro que había construido con miedo y disciplina.

Carlo sintió que estaba soñando, aunque parecía muy real.

No sabían cuánto tiempo pasó, ni cuántas veces volvieron a besarse, pero de pronto, Carlo abrió los ojos y se separó, respirando con dificultad.

Vanessa lo miró confundida.

—¿Qué pasa? —le preguntó.

Carlo se levantó, pasándose una mano por el pelo, intentando controlarse.

—Yo... no puedo. No así. No ahora.

—Carlo...

—No quiero que esto sea solo... un momento. O que mañana lo olvides. O que te arrepientas. No... no quiero ser algo pasajero para ti.

Vanessa sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

—No digo que seas pasajero.

—Tampoco dices que no lo sea —respondió él, dolido, pero firme.

Vanessa quiso responder, pero no supo qué decir. Porque sí tenía miedo, porque sí temía encariñarse demasiado. A perderlo, averlo sufrir por su culpa.

Él tomó su mochila.

—Necesito irme. Pensar. Y que tú también pienses.

Vanessa dio un paso hacia él.

—Carlo, espera...

—Si me quedo, voy a querer besarte otra vez. Y no sé si es bueno para los dos.

Carlo caminó hacia la puerta.

Vanessa lo siguió sin detenerlo.

Cuando él abrió, se giró por última vez, estaba rojo, nervioso, confundido y enamorado.

Vanessa tenía los labios hinchados, el corazón latiendo fuerte y la cabeza llena de dudas.

—Buenas noches —murmuró él, sin mirarla a los ojos.

La puerta se cerró. Vanessa se quedó quieta unos segundos, luego se tocó los labios, aún calientes.

—¿Qué he hecho? —susurró.

Se dejó caer en el sofá, miró la botella abierta, las copas medio vacías, el desorden que habían dejado.

Sacudió la cabeza, estaba nerviosa temblando por dentro.

Había cometido un error. O quizá había hecho lo correcto por primera vez.

No lo sabía, solo sabía que Carlo se había ido con el corazón en llamas y... que el suyo ardía igual, aunque no quisiera admitirlo.

Y eso, para alguien como ella, era peligroso, una peligrosa, dulce, inevitable amenaza.

Porque Vanessa había abierto una puerta y no estaba segura de saber cómo cerrarla.

1
Lupita Garcia Esparza
excelente trabajo escritora felicidades
Maigualida Ramirez
que bueno que mato a todas esas miserables ratas
Maigualida Ramirez
que lindo es Carlos
Maigualida Ramirez
eso sí descansa y no dejes ni una rata viva
Maigualida Ramirez
ella debió ponerle protección a sus amigos
Maigualida Ramirez
que misterio
Maigualida Ramirez
ya tiene al novio y a la amiga
Maigualida Ramirez
yo creo alberti que te va a tocar pagar también por traidor
Maigualida Ramirez
bastante crudo este capitulo pero tiene que ser así no hay de otra
Maigualida Ramirez
así pueden luchar juntos por una misma causa
Maigualida Ramirez
Justicia al fin hablaron ya era hora
Maigualida Ramirez
ella no está comiendo cuentos va por lo seguro
Maigualida Ramirez
aquí lo que reina es la desconfianza y la maldad y nada mas
Maigualida Ramirez
mariana tuvo mucho que ver en esto
Maigualida Ramirez
la Mariana es tremenda siempre les pone un cable a tierra
Maigualida Ramirez
gelatina y hielo juntos que locura el pobrecito Carlos con lo que siente y ella intentando no sentir eso es de locos
Maigualida Ramirez
está trama es un mar
de secretos
Maigualida Ramirez
está novela es puro misterio
Maigualida Ramirez
será Carlos que se está intentando meter a su sistema puede ser
Maigualida Ramirez
no es fácil comenzar otro lugar pero con fé convicción y determinación todo se puede el querer es poder
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