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Escuchar Al Corazón

Escuchar Al Corazón

Status: Terminada
Genre:Niñero / CEO / Padre soltero / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Ariana Montiel tiene 22 años y un secreto increíble: puede escuchar los pensamientos de todo el mundo. Aunque el caos de la mente humana la abruma, descubrió el trabajo perfecto gracias a su don. Como niñera, solo necesita sintonizar la mente de los bebés para saber exactamente qué les duele o qué necesitan, convirtiéndose en la más famosa de la ciudad.
Todo cambia cuando Carlos Monterrey, un frío, estresado y millonario CEO, se cruza en su camino. Carlos es un padre soltero al borde del colapso con un bebé de seis meses que no deja de llorar. Desesperado pero desconfiado, le propone a Ariana un trato extremo: cuidará a su hijo por tres días. Si logra calmarlo y ve una mejoría real, obtendrá el trabajo de su vida con un sueldo espectacular; si falla, se irá a casa con los bolsillos vacíos.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

La tarde del viernes era perfecta y apacible en la mansión. A través de la ventana de la recámara de Jonathan, la luz dorada del sol poniente teñía de tonos cálidos las paredes de la habitación. En el baño contiguo, el sonido del agua cayendo y las risas del bebé llenaban el ambiente de una alegría contagiosa.

—¡A ver esos patitos de goma, campeón! —le decía a Jonathan mientras le echaba agüita tibia por la espalda, haciéndole cosquillas para que soltara sus carcajadas más dulces.

En la habitación, la puerta principal se abrió suavemente. Era Carlos, quien regresaba temprano de la oficina con una caja azul envuelta en un listón plateado bajo el brazo. Traía un regalo especial para mí: un pañuelo de seda que había visto en una boutique y que sabía que me encantaría. Venía con una sonrisa enorme en los labios, ansioso por darme la sorpresa y darme un beso a escondidas antes de la cena.

Al no verme en la recámara, escuchó el chapoteo del agua en el baño y caminó hacia la mesa de noche para dejar la caja. Sin embargo, al pasar junto a mi pequeño escritorio de madera, la manga de su saco se enganchó torpemente con la esquina de una libreta de pasta de cuero verde que yo solía guardar en el cajón superior.

El cuaderno cayó al suelo con un golpe seco, abriéndose de par en par sobre la alfombra.

—Ups... qué torpe —murmuró Carlos para sí mismo, agachándose de inmediato para recogerlo.

Al tomar la libreta para cerrarla, sus ojos se posaron sin querer en la primera línea de la página izquierda. La caligrafía era inconfundiblemente mía, trazada con tinta azul. Pero no eran notas de gastos ni listas de compras para el bebé.

Carlos se congeló en su posición.

*«12 de mayo: Hoy fue mi primer día en la mansión Monterrey. Carlos es un hombre extremadamente cerrado y duro por fuera, pero en su mente hay un dolor gigante por el abandono de Sofía. Puedo escuchar la estática ruidosa de sus pensamientos. Escuchar a la gente es mi mayor secreto, pero escuchar la mente del pequeño Jonathan es lo más hermoso del mundo. El bebé no habla, pero en su cabeza me dice que me quiere...»*

Carlos parpadeó una y otra vez, sintiendo que la cabeza le daba vueltas. El pulgar le tembló sobre el papel. Con el corazón empezando a latirle desbocado contra las costillas, pasó a la siguiente página. Y a la otra. Y a la otra.

Allí estaba todo. Con lujo de detalles.

Escribí sobre cómo escuchaba sus miedos a volver a salir herido, sobre cómo supe desde la primera tarde que odiaba el café con demasiada azúcar, sobre cómo sabía exactamente qué palabra decirle en el momento preciso porque había leído sus pensamientos más íntimos segundos antes de que él los expresara. Escribí sobre la mente ruidosa de los ejecutivos en las reuniones, sobre los pensamientos del Chef Gastón, y sobre cómo mi don se había apagado milagrosamente la noche en que nos besamos bajo la lluvia.

Para Carlos, el mundo pareció detenerse en un abismo helado.

La caja del regalo se le resbaló del brazo y cayó sobre la mesa con un ruido sordo. Un choque de adrenalina pura le recorrió la espina dorsal, transformando su rostro relajado en una máscara de incredulidad, decepción y pánico absoluto.

*«¿Qué es esto...?»*, pensaba Carlos mientras su mente se llenaba de un ruido insoportable de traición. *«¿Lee la mente...? ¿Todo este tiempo estuvo escuchando mis pensamientos más oscuros? ¿Mis secretos? ¿Mis miedos de los que jamás le hablé a nadie?»*.

El pensamiento de que su privacidad más sagrada había sido violada desde el primer minuto en que me conoció lo golpeó como un puñetazo en el estómago. La empatía que lo había enamorado, la ternura que lo había salvado de su soledad, la forma tan "mágica" en que yo siempre sabía cómo consolarlo... de pronto se sentía como un truco frío y calculado.

—¿Todo esto fue un engaño...? —susurró con la voz completamente quebrada, apretando la libreta entre sus dedos con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

En ese preciso momento, apagué la llave de la tina, envolví a Jonathan en su toalla con capucha de osito y salí del baño cargándolo en mis brazos, sonriendo y cantándole una canción de cuna.

—Mira, Jonathan, a ver si ya llegó tu pa...

Las palabras se me congelaron en la garganta.

Carlos estaba de pie en medio de la recámara. Tenía la cara pálida como un fantasma, los ojos desorbitados y rojos de rabia contenida, y en la mano derecha sostenía mi diario personal abierto de par en par.

Sentí que la tierra se abría bajo mis pies. Una ola de terror puro me heló la sangre de pies a cabeza.

—Carlos... —alcancé a decir con un hilo de voz que apenas salió de mis labios.

—No me digas así —dijo él con una voz helada, tan dura y distante que no parecía la del hombre que me había besado con tanta ternura el día anterior—. No te atrevas a usar tu voz suave conmigo.

Acomodé a Jonathan en su cuna a toda prisa para que no sintiera la vibración del ambiente, y me giré hacia Carlos con las manos temblándome violentamente.

—Por favor, déjame explicarte... —supliqué, dando un paso tembloroso hacia él—. Sé cómo se ve eso, pero no es lo que piensas.

—¿Que no es lo que pienso? —interrumpió Carlos, levantando el diario en el aire con rabia viva—. ¡Aquí dice claramente que puedes escuchar lo que la gente piensa, Ariana! ¡Dice que leías la cabeza de mi hijo, que escuchabas mis miedos más profundos desde el primer día que pisaste esta casa!

—¡Es un don con el que nací! —exclamé con lágrimas en los ojos, tratando de no gritar para no asustar al bebé—. ¡No es algo que yo haya elegido! Jamás usé mi don para hacerte daño, te lo juro por Dios, Carlos. Jamás.

—¿Ah, no? —sonrió él con una amargura terrible, dejando escapar una risa fría que me rompió el corazón en mil pedazos—. ¿Y todas esas veces que parecías la mujer más comprensiva del mundo? ¿Todas esas veces que sabías exactamente qué decirme cuando me sentía mal? Pensé que era conexión, Ariana. Pensé que era empatía real, que nos entendíamos con solo mirarnos. ¡Pero no era nada de eso! ¡Era un truco de magia mental! ¡Leías mi mente como si fuera un periódico abierto!

—¡No! —grité, con las lágrimas rodando sin control por mis mejillas—. ¡Al principio sí escuchaba tu estática porque no podía controlarlo del todo, pero mis sentimientos por ti siempre han sido reales! ¡Te juro que todo lo que siento por ti es verdad!

—¡No me mientas más! —sentenció Carlos con la mirada encendida de dolor—. Me sentí al desnudo. Violaste mi privacidad, leías los secretos de mi cabeza mientras yo me abría contigo pensando que estabas conociendo al hombre real. ¿Cómo puedo saber si alguna vez me quisiste por quien soy o si solo jugaste a la niñera perfecta porque sabías cómo manipularme?

—¡Eso no es verdad, Carlos! —lloré desesperada, intentando acercarme a él—. ¡Escúchame! ¡El don se apagó! ¡Por eso ya no puedo escuchar nada tuyo! ¡Desde la noche que nos besamos en la lluvia no puedo leer tu mente porque te amo de verdad!

Carlos dio un paso atrás, evitándome como si fuera un peligroso enemigo. Cerró el diario de golpe y lo tiró sobre la mesa.

—Ya no sé qué creer —dijo con la voz rota, mirándome con una decepción tan profunda que dolía más que cualquier insulto—. Toda mi vida he tenido miedo de que la gente se acerque a mí por interés o por mentiras. Pensé que tú eras diferente. Pensé que eras la única persona transparente en este mundo de mierda. Pero resulta que la mayor mentira de esta casa la tenías tú guardada bajo la almohada.

—Carlos, por favor... te lo suplico, no cierres tu corazón así —le rogué con las manos juntas, sintiendo que el pecho me quemaba del dolor.

—Tengo que pensar qué voy a hacer con esto —dijo Carlos, recuperando esa fachada dura e impenetrable que no le veía desde hacía semanas—. No puedo tener a alguien en quien no confío cerca de mi hijo. Quédate aquí esta noche cuidando a Jonathan. Mañana en la mañana hablaresmos de tu salida de esta casa.

—¿Mi salida...? —repetí en shock, sintiendo que el mundo se me derrumbaba por completo.

Carlos no me respondió. Dio media vuelta, salió de la habitación y cerró la puerta con un golpe seco que resonó en todo el piso superior.

Me dejé caer sobre las rodillas en medio de la alfombra, cubriéndome el rostro con las manos mientras lloraba desconsoladamente. El secreto más grande de mi vida había salido a la luz de la peor manera posible, destruyendo en cuestión de segundos la hermosa historia de amor que habíamos construido. Mi mayor don me había dado el regalo de conocer al hombre de mi vida, pero ahora, ese mismo secreto parecía haberlo alejado de mí para siempre.

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Sandra Vielmas
serían 6 meses no un año. porque el niño tenía 6 meses cuando ella se hizo cargo de el...
Sandra Vielmas
muy bonita historia pero muchas inconsistencias con las fechas. Y no me gustó el final
Sandra Vielmas
pues gracias a ese don te salvó de la ruina. cucaracho
Sandra Vielmas
pero autora no ha pasado ni un mes y ya están enamorados🤔
Sandra Vielmas
como le va a explicar ella, como lo supo...
Sandra Vielmas
esta muy lastimado. además apenas son 6 meses...
Sandra Vielmas
Valeria. quien la contactó la amiga de el va a ponerse celosa y será la villana del cuento🤔
Sandra Vielmas
es difícil convivir con alguien que te gusta...
Daiana Martínez
hermosa novela
Luna del Mar
Buena historia
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