Me llamo Dayana Gamez. Y en este libro plasmo los recuerdos de mi vida, cada palabra, cada estrofa, cada párrafo y cada capítulo son las líneas que se fueron escribiendo en mi cuerpo y luego en mis recuerdos.
Sin embargo todos ellos se fueron convirtiendo en raíces convirtiendo mi vida en un gran árbol fuerte.
En un momento sentí que mi vida no valía la pena, pero llegó esa luz que me hizo ver el propósito de mi vida.
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C-2
Capítulo 2
Lo mencionado fue hecho por un hombre muy cercano a nosotros, de mucha confianza en mi casa, provenía del mismo pueblo de donde veníamos, y el hombre era amable carismático y se hacía querer por las personas que lo rodeaban; sin embargo, fui la desafortunada que conoció el monstruo que se escondía en él.
Mi abuela le ofreció alojamiento en nuestro hogar, para que tuviera un techo donde dormir, mientras buscaba un mejor futuro para su vida "según él eso buscaba” pero en realidad lo que pasó es que tiempo después me quitó mi inocencia.
No me gustaria recordar ese momento, pero se los voy a contar.
Cuando ese hombre llegó, toda la casa se convirtió en una alegría extrema, hacia reír a todos de una manera maravillosa, recuerdo las risas de todos en mi casa, eran muy alegre en ese tiempo, pero un mes después para mi todo cambió, la alegria de los demás se convirtió en las puertas del infierno para mi.
El patio de de la casa en donde vivía era muy amplio, nosotros vivíamos en la casa que estaba al frente, eran solo dos piezas de material, y un baño interno, no tenia sala ni cocina, así, que una de las habitaciones era sala y cocina y la otra la habitación era donde dormíamos todos.
En mitad del patio había una pieza hecha en barro que era donde vivía el dueño de la casa antes de construir las piezas y alquilar el lugar.
En esa pieza de barro se instalo nuestra visita, atrás de la pieza esa, había seis árboles de mango que daban una sombra maravillosa al patio trasero, eran pocos los rayos de sol que podían atravesar las abundantes ramas.
A mi papá le empezó a ir muy bien en el empleo hasta obtener el dinero para comprar una casa propia, debido a eso mi abuela empezó a salir todos los días a buscar una casa propia para comprarla y tener nuestro propio hogar.
Con nosotros estaba una tía, la mamá de mi primo, pero ella viajo quince días antes a llevar a su hijo, ya que cuando nos vinimos para acá se lo entregaron a su familia paterna y solo pasaba con mi abuela las vacaciones.
Algunas veces mi abuela me llevaba con ella, pero en otras no, debido a que estaba en la escuela, cuando salía de la institución, solo debía cruzar la calle, mi escuela se encontraba al frente de mi casa.
Un día cualquiera de la rutina mi abuela habia salido y yo llegué de clases, ahí se encontraba el "hombre sin nombre", por que así lo llamaré.
Fui directo al cuarto y me cambié el uniforme colocándome algo cómodo, una bata suave.
Me coloque unas zapatillas y fui al patio trasero a jugar, ya estaba acostumbrada a estar la mayor parte del tiempo sola y me gustaba.
Cuando estaba jugando, el hombre sin nombre se acercó a mí y me convido a su cuarto a ver algo nuevo que quería que viera.
No me opuse a su petición y lo tome de la mano, y caminamos rumbo al lugar donde nunca debí entrar.
En el momento que ingrese a ese lugar me senté en una pequeña cama donde el dormía.
Camino a donde me encontraba y se sentó a mi lado y colocó su enorme mano en mi pierna, por instinto no me gusto su acto y quise levantarme, pero no me lo permitió ejerciendo presión, en su agarré.
Me asuste mucho temiendo por lo que me fuera hacer, se acercó a mi oído y empezó a hablar palabras obscenas del deseo que según el yo causaba en él cada vez que me miraba jugar.
Me dijo: que no debía moverme, debía quedarme quieta, si yo no quería ser lastimada.
Sacó un cuchillo y lo puso en una mano ejerciendo un poco de presión en mi cuello mientras con la otra mano acarició mi cuerpo hasta llegar a mi parte íntima, acariciando el tesoro que debía cuidar "eso me lo decía a todo momento mi padre".
Tomó mi pequeña ropa interior y la bajo, hizo presión con el cuchillo al límite de hacer que una pequeña gota de sangre saliera del lugar.
Se acercó a mi oído y me dijo que quitaría el cuchillo, pero debía ser obediente que el sería suave conmigo.
Quitó el cuchillo y alzó mi bata y su rostro tenía una repugnante sonrisa, tocó con su grande mano mi intimidad y daba suave apretones y mordía su labio de una manera tan enferma.
De mis ojos solo podían salir lágrimas, preguntándome ¿Dónde se encontraban aquellas personas que debían proteger de mí?
Con una de sus manos empezó a desbotonar su pantalón y yo solo hacía negar con mi cabeza, no quería que me hiciera daño.
El hombre sin nombre era un hombre, alto, delgado, de piel negra y de aspecto fisico no agraciado.
Con una de sus manos tapo mi boca y con la otra saco de su pantalón su miembro, que me dio mucho miedo, yo había visto desnudo a mi primo, pero él era un niño al igual que yo, pero lo que éste saco de él me dejo aterrorizada de tal manera, que empecé a sacudir mi cuerpo de un lugar al otro.
Se arrodilló en la cama sometiendo mi pequeño cuerpo y dijo: si te quedas quieta seré suave contigo, pero si te mueves te lastimaré.
Yo solo podía llorar y deje de moverme, se posiciono en medio de mi y introdujo parte de su miembro causando en mí un dolor abrumador, pero solo tentó mi intimidad, no se introdujo completo.
No se el motivo, nunca lo sabré, sería por que yo era una niña y me podía lastimar de gran manera y no quería eso, ya que quería volver a repetir el acto.
Sin embargo, lo poco que se introdujo en mi causó mucho dolor, dio unos cuantos movimientos dentro de mí y yo sentía que me estaba desgarrando por dentro, luego se salió de mi y empezó a darse placer él mismo para acabar su enfermo acto.
De esa manera me robaron mi inocencia.
Preguntaran si hable, ¡pues no!, calle como el noventa por ciento de los niños que son abusados.
¿Por qué? Preguntaran.
¡Pues simple! Miedo.