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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:105
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 — Una oportunidad inesperada

El viento frío soplaba sobre la pista de la base aérea.

Kang Min-Jae observaba los aviones alineados mientras terminaba otra inspección.

La mañana estaba agitada.

Pilotos que entraban y salían.

Mecánicos trabajando.

Oficiales discutiendo informes.

Todo parecía normal.

Hasta que oyó su nombre.

—Capitán Kang.

Min-Jae se volvió.

Era el coronel Han.

—Señor.

—Necesito hablar contigo.

El tono serio hizo que Min-Jae siguiera de inmediato al superior.

Los dos caminaron hasta la oficina del coronel.

En cuanto la puerta se cerró, Han le entregó una carpeta.

—Recibimos una invitación para participar en un programa internacional de cooperación aérea.

Min-Jae abrió la carpeta.

Leyó rápidamente la información.

El corazón se le detuvo un instante.

Britania.

—La misión se llevará a cabo en Ravenshire y en otras ciudades de la región durante algunas semanas.

El nombre de la ciudad lo golpeó como un rayo.

Ravenshire.

La ciudad de Ethan.

Releyó el documento.

Una vez.

Luego otra.

Para asegurarse de que no estaba imaginando cosas.

Pero no.

Estaba escrito ahí.

Ravenshire.

Britania.

El mismo lugar mencionado en decenas de cartas.

El mismo lugar que había aprendido a imaginar a través de las palabras de Ethan.

—¿Capitán?

Min-Jae se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo callado.

—Sí, señor.

—¿Te interesa?

¿Interesarme?

La pregunta casi lo hizo reír.

—Sí.

—Excelente.

—¿Cuándo es el viaje?

—Dentro de dos meses.

Dos meses.

Parecían una eternidad.

Pero también la distancia más corta que había existido jamás entre él y Ethan.

Más tarde, Ji-Ho encontró a su amigo en la cafetería de la base.

—Te ves alarmantemente feliz.

—No estoy feliz.

—Sí lo estás.

—No lo estoy.

—Sí.

—Ji-Ho.

—Min-Jae.

El beta se sentó frente a él.

—¿Qué pasó?

Min-Jae dudó.

Solo un segundo.

—Voy a Britania.

Ji-Ho parpadeó.

—¿Qué?

—Misión internacional.

—¿Britania?

—Sí.

El silencio duró exactamente tres segundos.

Entonces Ji-Ho golpeó la mesa con las dos manos.

—¡NO!

—Habla más bajo.

—¡VAS A ENCONTRARTE CON EL OMEGA DE LAS CARTAS!

—No voy.

—Sí vas.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Min-Jae suspiró.

—El viaje es profesional.

—Claro.

—Es trabajo.

—Claro.

—No tiene nada que ver con Ethan.

Ji-Ho se quedó mirándolo.

—¿De verdad te lo crees?

Min-Jae guardó silencio.

Lo cual respondió la pregunta a la perfección.

En Britania, la vida seguía su curso.

Ethan estaba de rodillas en el invernadero, cuidando unas plantas nuevas.

Era una de las pocas actividades que de verdad le calmaban la mente.

Hasta que oyó pasos a sus espaldas.

—Ethan.

Reconoció la voz de inmediato.

—Oliver.

—¿Puedo hablar contigo?

—¿Acaso voy a poder impedírtelo?

—Probablemente no.

Ethan sonrió.

Oliver se sentó a su lado.

Durante unos segundos, los dos permanecieron callados.

Mirando las flores.

—Tu jardín es hermoso.

—Gracias.

—Te gusta estar aquí.

—Mucho.

Oliver asintió.

Luego pareció armarse de valor.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Depende.

—¿Estás enamorado de alguien?

El corazón de Ethan se disparó.

Al instante.

Por suerte, logró disimularlo.

O al menos creyó haberlo logrado.

—No.

Oliver le estudió el rostro.

—Mentira.

—No es mentira.

—Sí lo es.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

El alfa tardó unos segundos en responder.

—Porque tienes la mirada de alguien que está esperando.

La respuesta le dio de lleno.

Esperando.

Era exactamente eso.

Aunque no supiera a quién.

O quizá sí lo supiera.

Y no quisiera admitirlo.

—Estás imaginando cosas.

—Quizá.

Pero Oliver no parecía convencido.

Ni un poco.

Esa noche, Ethan volvió a su cuarto.

Como siempre.

Tomó papel.

Pluma.

Y empezó una nueva carta.

Querido capitán Kang Min-Jae,

La sonrisa le salió sola.

Hoy me interrogaron otra vez.

La tinta se deslizó por el papel.

Oliver parece convencido de que hay alguien.

Hizo una pausa.

Luego añadió:

Quizá cometí un error al inventarte.

La frase le dio risa.

Porque aquello ya iba mucho más allá de una simple invención.

Las cartas se habían convertido en parte de su vida.

Parte de su rutina.

Parte de él.

Siguió escribiendo.

Habló del jardín.

De las flores nuevas.

De la lluvia de la tarde.

De Oliver.

Y entonces escribió:

A veces me gustaría saber quién serías si fueras real.

Se quedó mirando la frase.

Mucho tiempo.

Luego dobló la carta.

Sin borrarla.

Al otro lado del mundo, esa misma noche, Kang Min-Jae miraba por la ventana del departamento.

La carpeta de la misión estaba sobre la mesa.

Abierta.

Ravenshire.

Britania.

Cada vez que leía esas palabras, el corazón se le aceleraba.

Por primera vez desde que recibió la primera carta, existía una posibilidad real.

Una oportunidad.

Pequeña.

Pero real.

De encontrar a Ethan Ashford.

De oír su voz.

De verlo sonreír.

De descubrir si el hombre que imaginaba era igual al hombre de verdad.

Min-Jae cerró los ojos.

Sin saber que, en ese mismo instante, Ethan terminaba otra carta.

Una carta que cruzaría océanos.

Y lo acercaría todavía más a un encuentro para el que ninguno de los dos estaba preparado.

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