Ella creía tener la vida perfecta, hasta que descubrió que no era así.
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Sospechas
La frialdad del agua matutina sobre su rostro le devolvió a Victoria una claridad casi dolorosa. Apoyó ambas manos en el borde del lavabo de mármol y miró su reflejo en el espejo. Las cejas perfectamente perfiladas, los ojos castaños que hasta ayer transmitían una ingenuidad ciega... pero detrás de la mirada ya no quedaba nada de la mujer dulce que había muerto en aquel barranco.
Ahora solo quedaba una sobreviviente ajustando su estrategia.
En su vida anterior, la voz al otro lado de la llamada de Julián apenas había durado unos segundos. El estruendo del impacto y la sangre sofocándola le habían impedido reconocer el timbre exacto, pero recordaba con escalofriante nitidez las palabras de su esposo: «Ten listos los documentos para esta tarde».
No era un matón pagado ni un simple ejecutor. Era alguien con poder de decisión, acceso a la burocracia legal y conocimiento profundo de los activos del Grupo Morales.
Victoria se secó el rostro, se vistió con un impecable traje sastre azul marino y bajó al comedor. Julián ya estaba sentado a la mesa, hojeando noticias en su tableta mientras daba sorbos a su café negro.
—Te ves radiante hoy, mi amor —dijo él, levantando la vista para ofrecerle esa sonrisa cálida que solía derrumbar cualquier defensa—. ¿Tienes alguna reunión?
—En realidad, sí —respondió ella, tomando asiento con parsimonia estudiada—. Decidí que es hora de involucrarme de lleno en la empresa. He estado relegando mis responsabilidades y no quiero que todo el peso de la transición caiga sobre ti.
Julián hizo una pausa imperceptible. La tableta bajó un par de centímetros en sus manos antes de volver a apoyarla sobre la mesa.
—Victoria, no hay necesidad de que te estreses. Tu padre dejó todo estructurado y yo estoy manejando la integración con los ejecutivos. Además, Natalia está coordinando la parte legal. Lo mejor es que descanses y disfrutes nuestros primeros meses de casados.
Natalia Ruiz. El primer nombre en emerger.
La abogada principal de la firma familiar; una mujer brillante, fría y calculadora que había trabajado hombro a hombro con el padre de Victoria. Tenía acceso directo a los borradores de la herencia y a las cláusulas del fideicomiso.
—No es estrés, Julián, es responsabilidad —replicó Victoria con voz suave pero inflexible—. Voy a pasar por la oficina a saludar a Natalia y a pedirle un duplicado del inventario de bienes. Y luego almorzaré con Camila.
Julián relajó los hombros, convencido de que se trataba solo de un capricho pasajero.
—Está bien, como prefieras. Solo no te agotes.
Camila. El segundo nombre de la lista. Secretaria ejecutiva de la presidencia, encargada de la agenda confidencial de Julián y su amiga desde la universidad. En su vida pasada, Victoria admiraba su eficiencia; ahora se preguntaba qué se ocultaba detrás de esa lealtad incondicional.
A las diez de la mañana, Victoria cruzó el vestíbulo de las oficinas centrales del Grupo Morales. Apretó el bolso contra su costado y caminó con paso firme hacia el departamento legal. Entró al despacho sin llamar.
Natalia estaba de pie junto a la ventana, sosteniendo un expediente grueso mientras hablaba por teléfono.
—...necesito el traspaso listo antes del cierre del trimestre, no podemos arriesgar un vacío legal —decía con voz pausada. Al notar a Victoria, cortó la llamada de inmediato sin inmutarse—. Victoria. Qué sorpresa. Julián no me avisó que vendrías.
—Decisión de último minuto, Natalia —Victoria se acomodó en una de las sillas de cuero frente al escritorio—. Quería revisar los borradores de la cláusula de administración conyugal que estuviste preparando.
Natalia acomodó su pulcra cabellera negra detrás de la oreja. Sus ojos afilados escanearon la postura de Victoria.
—Por supuesto. Aunque aún son borradores preliminares. Tu padre dejó estipulaciones muy estrictas y nos aseguramos de que la transición para Julián sea fluida en caso de cualquier contingencia.
Contingencia. La palabra resonó en la mente de Victoria como un eco perverso.
—¿Contingencia de qué tipo? —preguntó, fingiendo simple curiosidad.
—Un término legal genérico, querida. Imprevistos de salud, accidentes... lo habitual cuando se maneja una fortuna de este volumen —Natalia sonrió con elegancia, aunque sus nudillos se tensaron levemente sobre el expediente—. Te prepararé una copia para que la leas con calma.
—Te lo agradezco —respondió Victoria poniéndose de pie.
Al salir, hizo una parada deliberada en el escritorio de la secretaría de presidencia. Camila tipeaba a gran velocidad con un auricular en la oreja.
—Hola, Cami —saludó Victoria con calidez fingida.
Camila dio un leve salto y se quitó el auricular rápidamente.
—¡Victoria! Qué gusto. ¿Buscas a Julián? Está en reunión con los auditores.
—No, vine a verte a ti. Quería saber si Julián ha estado trabajando hasta muy tarde. Lo noté fatigado esta mañana.
Camila dudó un segundo. Su mirada se desvió un instante hacia la puerta cerrada del despacho principal.
—Bueno... sí, la reestructuración del fideicomiso toma tiempo. A veces nos quedamos revisando documentos pasadas las ocho de la noche. Ya sabes cómo es él cuando se fija un objetivo: incansable.
Nos quedamos. La frase flotó pesadamente en el aire.
Victoria observó los detalles: el perfume costoso sobre el escritorio de Camila —el mismo aroma amaderado que más de una vez creyó percibir en el saco de Julián—, la familiaridad con la que hablaba de los horarios nocturnos de su esposo, y la figura rígida de Natalia, que las observaba en silencio a través de la cristalera de su despacho.
Ambas tenían los medios. Ambas tenían el acceso. Y ambas tenían motivos para quererla fuera del juego.
—Gracias por cuidar tanto de él, Camila —dijo Victoria ajustando su bolso—. De verdad, no sé qué haríamos sin ustedes dos.
Salió del edificio sintiendo el pulso acelerado. Tenía a dos sospechosas principales en la mira, pero sabía que para dar el siguiente paso no podía confiar en nadie dentro del Grupo Morales.
Necesitaba a alguien fuera del tablero. Un aliado implacable que no pudiera ser comprado por el dinero de su esposo ni manipulado por la influencia de su abogada.