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La mujer del jefe

La mujer del jefe

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:4
Nilai: 5
nombre de autor: Dany Figueiredo

A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.

Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.

Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.

Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.

Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.

NovelToon tiene autorización de Dany Figueiredo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

...Matheus Pereira Gonçalves ~ 29 años...

...Cobra 🐍...

Aceleré la moto en medio de la multitud, que se abría para dejarme pasar.

Mis parceros empezaron a disparar al aire, celebrando mi vuelta, todos gritando mi alias.

Después de tanto tiempo afuera, por fin volví.

Dejé al Xamã al mando del morro mientras estuve fuera, mi parcero de confianza, hermano del alma. El baile estaba a reventar; en Navidad esto se llena.

Ya le había dado el aviso al Xamã de que subiera al morro a las mejores del sur.

Pasé entre la gente y subí la escalerita que daba al palco. Apenas entré, los muchachos empezaron a festejar.

—¡Volvió el jefe, carajo! —Iluminado chocó los puños conmigo.

—¿Tranqui, perro? —le solté.

—Un gusto, jefe. —PH me saludó con un gesto de la cabeza.

De lejos vi al Xamã venir, todo sonriente, con los brazos abiertos.

—¡Mierda! —Me abrazó.

—Suéltame, ¿estás necesitado? —Lo empujé.

—Carajo, estás hecho una preciosura, men. —Me midió—. Bombón.

—Y tú andas con unos líos raros, ¿te volviste loco?

—Uf, te llenaste de tatuajes. —Miró el nombre que me había hecho, en homenaje a mi hermano—. ¿Cuándo pones el mío ahí?

—Cuando te mueras. —Se rió, burlón.

Fui a saludar a otros parceros y me quedé en la mía, conversando de mil cosas.

Pasó un rato y llegaron las chicas.

Unas rubias buenísimas, siliconadas y todo eso…

La primera subió con pose, exhibiéndose. Cruzó unas miradas conmigo, con maldad de verdad.

Me quedé en mi lugar, disfrutando el baile.

Estas viejas son todas unas putas; si les guiño el ojo ya me abren las piernas.

…

Las tres de la mañana; la cosa estaba en el punto máximo, todos alocados.

Me apoyé en la baranda del palco, eché el cuerpo hacia atrás y encendí un porro. Le di una calada larga, con la vista en el movimiento de allá abajo, en la pista.

Se me clavó la mirada en una morena de rojo que nunca había visto por estos lados. Quedé prendado al instante, aun de lejos. Estaba recostada cerca del barcito con unas chicas. Tenía a una rubia al lado meneándose, disfrutando la música y jalándola para que bailara, pero la morena estaba toda tímida, sosteniendo su vaso, media incómoda incluso con ese cuerpazo absurdo que tenía. El vestido rojo lo marcaba todo, un traserazo de dar envidia que dibujaba perfecto las curvas. Una belleza natural del carajo, sin esa soberbia de niña rica arreglada del asfalto. Pureza pura.

—Límpiate la boca, hombre. —El Xamã se burló—. Estás babeando.

—¿Otra vez tú? —Lo miré—. Vete a la mierda de una vez. —Le hice un gesto con la mano.

—Ven a cogerme… digo, ven conmigo, Cobrão… —Afinó la voz, haciéndose el gracioso.

El Xamã me hinchó las pelotas todo el baile, no se despega ni un segundo.

Parece que anda necesitado, hombre.

—¿La conoces?

—Es la mejor amiga de mi chica, Aline. —Se apoyó en la baranda—. Ya escuché hablar mucho de ella; con esa no consigues nada, olvídala.

No dije más nada, apagué el porro y le di la espalda a la pista, justo cuando el celular empezó a vibrarme en el bolsillo del pantalón. Saqué el aparato y miré la pantalla. Era el número de Coringa, un aliado de máxima confianza, con quien había pasado un año y medio haciendo la misión y cerrando unos negocios pesados de armamento y ruta con el PCC.

Si ese tipo me estaba llamando a esa hora de la madrugada a mi número restringido, cosa buena no era. Hasta se me hizo un nudo en el estómago.

Llamada 📱

—Habla, Coringa. Dime la situación. —Contesté, alejándome de la música alta hacia el rincón más aislado del palco.

—Se armó la mierda, Cobra. Se armó bien fea. —La voz del tipo estaba tensa, con un ruido de sirena de fondo bien apagado—. Los tiras aparecieron de la nada, invadieron el galpón donde estaba guardada la carga que ayudaste a negociar el año pasado. Alguien delató la ruta, hermano. Cayeron dos de los nuestros y el Gaúcho está baleado.

La sangre me subió caliente a la cabeza al instante. Esa misión había sido un infierno de cuadrar, le costó millones a nuestra facción y yo casi caigo preso dos veces para asegurar que esa ruta quedara limpia.

—¿Cómo que delataron, carajo?! ¡Esa vaina estaba blindada! ¿Quién cayó?

—No puedo hablar mucho por acá; los blindados de la Civil están cercando el perímetro. Vas a tener que caer aquí lo más rápido posible para ayudar a resolver esto y ver por dónde se filtró la plata, antes de que la PF meta tu nombre en este asunto.

—Mantén la calma y limpia lo que se pueda. En un rato estoy en la pista.

Fin de la llamada 📱

Carajo, justo ahora.

—¡PH! —lo llamé, y se me pegó al segundo, viendo mi cara de pocos amigos—. Avisa a los muchachos de la contención que estoy bajando ahora en carro. Se jodió la ruta del Sur. Cuida todo aquí en el morro y que nada se salga del eje.

—De inmediato, jefe. Ve con Dios.

Me acomodé el fierro en la cintura por debajo de la camisa de marca, me pasé la mano por el cuello y bajé las escaleras del palco a paso tenso.

La noche que iba a terminar en calma se estaba volviendo un infierno.

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