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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:992
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA PROMESA VACÍA

La casa permanecía en silencio.

Después de pasar la noche allí, Lia había conseguido dormir algunas horas sobre un viejo sofá. No era cómodo, pero al menos tenía un techo sobre su cabeza.

Por primera vez en mucho tiempo, nadie estaba gritándole.

Nadie le estaba diciendo que se marchara.

Nadie le exigía nada.

Sin embargo, tampoco podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido.

En su escape.

En sus padres.

En aquella pesadilla.

Y en todos los años que había pasado soportando una vida que nunca había sentido como propia.

Lia se levantó del sofá y caminó hacia una de las habitaciones.

Entonces percibió un olor extraño.

Frunció el ceño.

Siguió el olor hasta llegar a una puerta entreabierta.

Brayan estaba sentado junto a una ventana rota.

Tenía algo entre las manos y parecía completamente tranquilo.

Lia se quedó en la entrada.

—¿Qué haces?

Brayan levantó la mirada.

—Nada importante.

Lia hizo una mueca.

—Eso huele raro.

Brayan soltó una pequeña risa.

—Es solo m@r1hu@n@.

Lia permaneció en silencio.

No sabía demasiado sobre aquello.

Había escuchado hablar de las drogas, pero nunca había tenido contacto con ellas.

—¿Y para qué la usas?

Brayan se encogió de hombros.

—Para olvidarme de las cosas.

Lia bajó la mirada.

Aquellas palabras llamaron inmediatamente su atención.

Olvidarse.

Eso era exactamente lo que ella quería.

Olvidar las discusiones.

Olvidar la casa.

Olvidar las noches en las que lloraba sin que nadie se preocupara por ella.

Olvidar el accidente.

Olvidar aquella sensación constante de que algo dentro de ella estaba roto.

Brayan la observó.

Parecía haber entendido perfectamente lo que estaba pensando.

—Tú también necesitas olvidarte, ¿verdad, princesa?

Lia levantó la mirada.

—No me digas así.

—Entonces olvídate de todo.

Brayan le ofreció algo.

Lia dudó.

—¿Qué es?

—Algo que te ayudará a relajarte.

Ella no respondió.

Brayan insistió.

—No tienes que pensar en nada. Solo quieres dejar de sentirte mal, ¿no?

Lia miró aquello que le ofrecía.

Sabía que probablemente no debía aceptarlo.

Algo dentro de ella le decía que se alejara.

Pero otra parte estaba cansada.

Cansada de recordar.

Cansada de sentir.

Cansada de tener miedo.

—¿De verdad hace que olvides todo?

Brayan sonrió.

—Por un rato.

Lia cerró los ojos.

Aquella respuesta fue suficiente para convencerla.

Aceptó.

No sabía que aquella decisión podía traer consecuencias graves.

No sabía que su mente podía reaccionar de una manera impredecible.

Y, sobre todo, no sabía que Brayan estaba aprovechándose de su vulnerabilidad.

Poco después, Lia comenzó a sentirse diferente.

Al principio pensó que simplemente estaba cansada.

Se apoyó contra la pared.

—Brayan...

—¿Qué?

—Me siento rara.

Él la miró.

—Es normal.

Lia parpadeó varias veces.

La habitación parecía diferente.

Las sombras de las paredes parecían moverse.

Lia miró hacia una ventana.

La luz que entraba parecía demasiado intensa.

—¿Por qué todo se ve así?

Brayan soltó una risa.

—Tranquila.

Pero Lia no estaba tranquila.

El suelo parecía moverse ligeramente bajo sus pies.

Las formas de los muebles comenzaron a parecer extrañas.

Por un instante creyó ver a alguien parado al otro lado de la habitación.

Lia se quedó completamente quieta.

—¿Mamá?

Brayan frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

La figura desapareció.

Lia respiró rápidamente.

—Yo...

Se llevó las manos a la cabeza.

—Creo que vi a alguien.

—No hay nadie.

—Sí había alguien.

Brayan se levantó.

—Estás imaginándolo.

Lia miró nuevamente hacia la habitación.

Todo parecía cambiar.

Las paredes parecían alejarse.

Después acercarse.

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

—Quiero que pare.

Brayan la miró.

—Solo relájate.

—No puedo.

Lia cerró los ojos.

Pero fue peor.

Las imágenes continuaron apareciendo en su mente.

Escuchó una voz.

Después otra.

Por momentos no sabía qué era real y qué no.

Abrió los ojos de golpe.

—¡Quiero irme!

Brayan intentó tranquilizarla.

—Ya se te pasará.

Pero Lia ya no podía escucharlo correctamente.

Sentía miedo.

Mucho miedo.

Se abrazó a sí misma mientras intentaba controlar la respiración.

—Quiero que esto termine...

Aquella noche comprendió algo que jamás olvidaría.

No había encontrado una manera de escapar de sus problemas.

Había encontrado otra cosa que podía hacerle daño.

Y aunque todavía no lo sabía, Brayan comenzaría a aprovecharse cada vez más de aquella vulnerabilidad.

Mientras Lia permanecía sentada en aquel viejo sofá, esperando que las alteraciones desaparecieran, una sola pregunta comenzó a repetirse en su cabeza:

¿En qué me estoy convirtiendo?

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