NovelToon NovelToon
Cien millones por un heredero

Cien millones por un heredero

Status: En proceso
Genre:CEO / Doctor / Embarazo no planeado / Amante arrepentido
Popularitas:131
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Elena Salazar aceptó someterse a una fecundación in vitro cuando su prometido quedó al borde de la muerte. Pero un error de la clínica la dejó embarazada de otro hombre: Alejandro Montenegro, el magnate más poderoso de Atelán.
Su oferta fue directa:
—Da a luz a mi hijo y los cien millones de dólares serán tuyos.
Elena se negó. Su amor no tenía precio… hasta que encontró a su prometido, recién salido de cuidados intensivos, besando a su hermanastra.
Entonces firmó el contrato y se casó con Alejandro.
Quienes la humillaban se rieron de su elección: un simple guardaespaldas, guapo y sin dinero. Creían que había cambiado un buen matrimonio por una vida miserable.
No sabían quién era su marido. Y tampoco sabían de lo que ella era capaz.
Cuando sus investigaciones revolucionen la medicina y la verdadera identidad de Alejandro salga a la luz, su ex ya no podrá burlarse de ella.
Estará de rodillas, suplicándole una oportunidad de hacer negocios.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18. Señor Montenegro, ¡eres mi amuleto de la suerte!

—No tiene que hacer nada. Solo pensar qué condiciones quiere poner para la licencia. Cuando lo decida, llámeme. Haré todo lo que esté en mis manos para satisfacerlas. Aquí tiene mi tarjeta.

Elena la recibió. En ella se leía: «Gustavo Galván. Director del Instituto de Cardiología de Atelán».

Se quedó impactada. Para desarrollar el SN1818 había consultado libros de texto publicados por él.

Lo miró durante un buen rato, emocionada. Después asintió.

—Está bien.

Galván se volvió hacia Alejandro.

—Señor Montenegro, me retiro.

Alejandro asintió ligeramente y el médico se marchó.

Elena miró cómo se alejaba y después volvió a mirar la tarjeta. Sonrió de oreja a oreja.

—Señor Montenegro, ¡acabo de darme cuenta de que eres mi amuleto de la suerte!

—¿Por qué dices eso?

—Primero, si no te hubiera conocido, mi padre ya me habría entregado a otro hombre para casarme con él. Segundo, si no fuera por ti, no habría conocido al doctor Galván, que sí supo ver lo que tengo que ofrecer. Sin él, nadie se habría enterado de mi medicamento, aunque fuera el mejor tratamiento cardíaco del mundo.

—Por eso... ¡eres mi a-mu-le-to de la suerte!

Estaba tan emocionada que, sin darse cuenta, le agarró el brazo con ambas manos.

A Alejandro no le gustaba que nadie lo tocara. Frunció el ceño y bajó la mirada hacia las manos de Elena.

Ella notó su expresión y lo soltó de inmediato.

—Perdón.

En ese momento sonó el teléfono de él.

Elena no oyó lo que le dijeron al otro lado. Solo lo escuchó responder:

—Voy para allá ahora mismo.

Colgó y empezó a alejarse del laboratorio.

—Todavía me falta decirte algo muy importante.

Alejandro se detuvo y la miró.

—Gracias por ayudarme hace un momento —dijo ella.

—No hace falta. Todo lo que hago es por el niño.

Su actitud seguía siendo la misma de antes: fría, como si se tratara de un asunto de trabajo.

—Lo sé. Pero aun así quiero darte las gracias. Gracias por defenderme. Gracias por ayudarme a recuperar mi dignidad... Señor Montenegro, gracias.

Lo miró de frente y le reiteró su agradecimiento con una seriedad que no dejaba lugar a dudas.

Alejandro no dijo nada. La observó un momento y después se volvió para irse.

Elena regresó al dormitorio. Apenas cerró la puerta, sacó la tarjeta con impaciencia. La contempló, feliz, y luego frunció el ceño.

—¿Condiciones para la licencia? ¿Qué debería pedir?

Podía obtener muchísimo dinero, pero eso no era lo que quería. Buscaba algo que le permitiera crecer, algo que la ayudara a desarrollarse a largo plazo. En pocas palabras: algo que la hiciera más fuerte.

Tanto en casa de los Salazar como en la de los Montenegro, abusaban de ella porque era demasiado débil. No quería seguir recibiendo golpes ni permitir que le pisotearan la dignidad. ¡Quería ser fuerte! ¡Muy, muy fuerte!

La figura alta e imponente de Alejandro apareció en su mente.

Sí. Quería llegar a ser tan poderosa como él.

Cuando volvió a mirar la tarjeta, le ardían los ojos de determinación.

Con el cargo que tenía, él debería poder conseguirle aquello que quería pedir.

No vaciló. Marcó el número impreso en la tarjeta.

—¿Bueno?

—Doctor Galván, soy Elena Salazar. Ya decidí qué quiero pedir por la licencia.

Oyéndolo al otro lado, se puso un poco nerviosa.

—¿Qué condición?

—¿Tendría tiempo de... reunirse conmigo ahora?

—Sí.

La facilidad con que aceptó la llenó de alegría. Se apresuró a proponer:

—En la avenida Circunvalación hay una cafetería que se llama Savina. ¿Podemos vernos allí dentro de una hora?

—De acuerdo.

—¡Sí!

Al colgar, Elena apretó el puño y dio un grito de alegría. Agarró el bolso y se apresuró a salir.

Cuando abrió la puerta, encontró a Lucía al otro lado con un plato de fresas en las manos.

La niña miró el bolso.

—Tía Elena, ¿vas a salir?

—Sí. Tengo que hacer una cosa fuera de casa.

—¿Puedo ir contigo?

Alzó la carita rosada y la miró con un deseo tan evidente que Elena no tuvo corazón para negarse sin más.

—Si tu bisabuela me da permiso para llevarte, vienes conmigo.

—¡Voy a preguntarle ahora! ¡Seguro que dice que sí!

Lucía le puso el plato de fresas en las manos y salió corriendo en busca de la anciana.

Elena sabía que doña Mercedes la detestaba en aquel momento. Lo más probable era que no le permitiera salir con la niña.

Aun así, esperó pacientemente en la habitación.

Cinco minutos después, Lucía entró corriendo, sin aliento y con su mochilita a la espalda.

—¡Tía, ya podemos irnos! —anunció, radiante.

—¿Tu bisabuela... aceptó? —preguntó Elena, dudando.

—Sí, sí. —La niña asintió—. ¡Mi bisabuela me quiere muchísimo! Cuando le hago ojitos, me dice que sí a todo.

Al parecer, Elena había subestimado cuánto la consentía.

Mientras lo pensaba, entró el mayordomo.

—Señora, la niña es una Montenegro. Procure no llevarla a lugares donde se junte gente de mala reputación. Les asignaré más guardaespaldas.

Lo advirtió con absoluta seriedad.

—¡Vamos, tía!

Lucía ya le estaba tomando la mano para arrastrarla hacia fuera, impaciente.

Al salir de la casa, Elena vio tres coches negros y siete u ocho guardaespaldas vestidos de negro.

A ella la incomodó tanto despliegue. Lucía, en cambio, estaba claramente acostumbrada. Su carita rosada no mostró la menor inquietud.

Subieron al coche del centro. Los tres vehículos salieron de la propiedad uno detrás de otro.

Desde el balcón del segundo piso, Isabel clavó una mirada venenosa en el coche que las llevaba.

—Elena, Lucía es la princesita que los Montenegro protegen como un tesoro. Si le pasa algo estando contigo, ni Alejandro va a perdonarte.

Soltó una serie de risas siniestras. Después giró la cabeza hacia el guardaespaldas que tenía detrás.

—Encárgate.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play