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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:716
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

La Gala Médica Exclusiva del Centro Cardíaco Integral se celebró con toda pompa. Las lámparas de cristal destellaban sobre el salón, donde vestidos de alta costura y trajes impecables llenaban cada rincón. Medios del ámbito empresarial y sanitario cubrían el evento; el nombre del proyecto se había convertido en el centro de atención a nivel nacional.

Simón llegó temprano. A su lado, como de costumbre, estaba Mariana.

—Asegúrate de que esta noche todos sepan que somos los candidatos más fuertes para la alianza del proyecto —le susurró.

Mariana asintió.

—He oído que el jefe del equipo quirúrgico va a estar presente, pero su identidad se mantendrá en secreto hasta el anuncio oficial.

Simón torció los labios con desdén.

—¿Un médico que se esconde detrás del telón? Muy poco profesional.

Mariana guardó silencio, aunque en su interior la inquietud crecía. El rechazo que había recibido días atrás no fue casualidad. Era como si alguien, de forma deliberada, la hubiera apartado.

Unos minutos después, Ariana llegó.

Su vestido era sencillo pero elegante: azul medianoche, sin una sola joya que le restara protagonismo. Llevaba el cabello recogido en un moño impecable y el rostro apenas maquillado.

Entró por una puerta lateral reservada para invitados de acceso restringido. Su nombre no figuraba en el panel principal, solo un código de acceso personal.

Simón la divisó desde lejos.

Arqueó las cejas.

—¿Tú? —el tono fue lo bastante alto como para que dos invitados volvieran la cabeza—. ¿Quién te invitó?

Varias miradas comenzaron a posarse sobre ellos.

Ariana respondió con calma:

—Me invitaron.

Simón soltó una risa breve, cargada de menosprecio.

—¿Invitación del catering o del personal de servicio?

Algunas personas sonrieron con incomodidad.

Mariana se cubrió la boca fingiendo sorpresa.

—Simón, no seas así…

Pero sus ojos disfrutaban visiblemente la escena.

Ariana sostuvo la mirada de su esposo sin un ápice de emoción.

—Soy una invitada, igual que tú.

Simón se acercó un paso más; su voz descendió, pero destilaba amenaza.

—No armes un escándalo ni nos pongas en ridículo, ni a mí ni a ti misma. Ariana, ¡esto es un evento importante! Vete de aquí.

Un silencio breve.

Luego Ariana habló en voz baja, lo justo para que solo él la oyera:

—Precisamente porque es un evento importante, vine. Lamento decepcionarte, pero no me voy a ir.

Simón resopló.

—Ni siquiera trabajas.

La frase cayó con peso en el espacio abierto. Y varias personas… la escucharon.

Ariana no respondió. Se limitó a alzar la barbilla y alejarse de su marido con paso firme en dirección a la mesa de registro VIP.

Mientras tanto, Mariana ya se había puesto en movimiento. Abordó a uno de los organizadores del comité médico.

—He oído que el jefe del equipo quirúrgico cuida mucho su reputación —comentó con cautela—. Deberían tener cuidado, hay muchos médicos anónimos que en realidad solo venden sensacionalismo.

El organizador la miró sin expresión alguna.

—Nuestro equipo de selección se basa en datos y en el historial quirúrgico comprobable.

Mariana esbozó una sonrisa fina.

—Por supuesto, pero las publicaciones pueden manipularse.

La frase fue como una pequeña semilla de intriga. Aún no sabía que la persona a quien pretendía derribar se encontraba a solo dos salones de distancia. Regresó junto a Simón, pero la inquietud ya le trepaba por el pecho.

En el otro extremo del salón, Ariana permanecía de pie junto a la mesa de bebidas, serena. Algunos médicos de alto rango le dirigieron miradas fugaces, tratando de recordar si la habían visto en alguna conferencia médica anterior. Pero Ariana no buscaba llamar la atención de nadie.

Poco después, un hombre alto con un traje gris oscuro entró al salón.

Varios inversionistas se pusieron de pie de inmediato.

—Ese es Santiago Guerrero.

Los murmullos se extendieron por cada rincón.

Simón entrecerró los ojos.

—Así que él es.

Santiago atravesó la concurrencia con paso desenvuelto, estrechando la mano de algunos inversionistas. Sin embargo, su andar se detuvo un instante al ver a Ariana de pie, sola. Una sonrisa apenas perceptible le cruzó el rostro, pero no se acercó a ella.

Simón se aproximó por fin.

—Señor Guerrero —dijo tendiéndole la mano con una sonrisa profesional.

Santiago lo recibió con cortesía.

—Simón Valverde, soy el dueño del Grupo Valverde.

—Por supuesto, lo sé —respondió Santiago.

Las luces del salón se atenuaron ligeramente y un maestro de ceremonias subió al escenario.

—Buenas noches, distinguidos invitados. Gracias por acompañarnos en la Gala Médica del Centro Cardíaco Integral.

Un aplauso recorrió la sala.

—Este proyecto se convertirá en el centro de cirugía cardíaca más avanzado de la región. Sin embargo, un centro médico no significa nada sin el mejor equipo de doctores.

Simón se recostó con aire relajado.

—Aquí viene lo interesante —le murmuró a Mariana.

—Trabajaremos de la mano con un médico extraordinario, un cirujano que ha llevado a cabo procedimientos complejos con una tasa de éxito excepcional.

La pantalla gigante detrás del escenario se encendió. Se proyectaron fragmentos de cirugías, sin mostrar en ningún momento el rostro del cirujano al mando.

Los médicos presentes comenzaron a cuchichear.

—Esa técnica…

—¿Clamp en posición lateral?

—Es un procedimiento extremadamente difícil.

Simón chasqueó la lengua.

—Demasiado teatral.

Pero al otro lado de la sala, varios cirujanos de renombre intercambiaban miradas con expresión grave.

El presentador continuó:

—Este doctor ha elegido trabajar lejos de los reflectores mediáticos. Sin embargo, esta noche por fin podemos anunciar que será quien lidere el equipo quirúrgico del proyecto.

Mariana tragó saliva. Simón seguía aparentando calma.

—Y ahora… le cedemos la palabra al propietario del proyecto, don Santiago Guerrero, para el anuncio oficial.

Los aplausos llenaron el salón. Santiago subió al escenario con paso sereno. Recorrió con la mirada a todos los presentes durante unos segundos antes de hablar.

—Muchos se han preguntado quién es el Doctor Genio al que nos referimos.

Hizo una pausa. Su mirada fue barriendo lentamente el salón… hasta detenerse en un solo punto: Ariana.

Pero aún no pronunció ningún nombre. Simón no advirtió la dirección de aquella mirada.

Santiago prosiguió:

—Sin embargo, antes de presentarlo… quiero decir algo.

El salón entero enmudeció.

—Las personas extraordinarias suelen pasar desapercibidas para quienes están demasiado ocupados menospreciando a los demás.

La frase cayó con un peso aplastante sobre la concurrencia.

—Voy a anunciar quién es el Doctor Genio…

Pero en ese instante, un hombre de mediana edad en la primera fila se desplomó. La copa que sostenía se estrelló contra el suelo, su cuerpo convulsionó y sus manos se aferraron al pecho.

El pánico estalló entre los invitados.

—¡Es don Alejandro Suárez, el comisario principal! —gritó alguien.

Simón retrocedió un paso.

Mariana se arrodilló de forma refleja junto al hombre.

—¡Abran espacio! ¡Soy doctora!

Le tomó el pulso a don Alejandro. Débil. Sin ritmo.

—¡Sospecha de paro cardíaco! —exclamó en voz alta para que todos la oyeran.

Varias cámaras de prensa apuntaron de inmediato. Aquel era su momento.

—¡Traigan el DEA! —gritó alguien.

Mariana inició las compresiones torácicas, pero la posición de sus manos no era la correcta. El ritmo oscilaba, inestable.

—¡Simón, ayúdame! —le pidió.

Simón parecía paralizado.

—¿¡Qué hago!?

El caos crecía a su alrededor.

Y en medio del desorden, una voz serena se impuso:

—¡Basta!

Todas las cabezas giraron.

Ariana ya estaba arrodillada al otro lado del paciente, la mirada afilada, sin un asomo de duda.

—Las compresiones están demasiado altas. Baja dos centímetros —indicó con sequedad a Mariana.

Mariana se quedó helada.

—Tú…

—Si no estás segura, hazte a un lado. Dame espacio. —Ariana habló con firmeza. Aquel tono no era el de una esposa menospreciada; era el de una autoridad indiscutible.

Mariana solo pudo quedarse inmóvil.

El DEA llegó. Ariana colocó los parches sobre el pecho de don Alejandro con precisión milimétrica.

—Fibrilación ventricular. ¡Todos atrás!

Sus manos trabajaban con pulso firme.

—Despejen.

Primera descarga.

El cuerpo del hombre se elevó levemente.

El monitor portátil mostró un trazo caótico.

—Continúen compresiones.

Las manos de Ariana se movían con una cadencia exacta, cada conteo impecable.

El sudor empezó a resbalar por las sienes de Mariana.

Varios médicos invitados observaban ahora con absoluta seriedad.

—¿Quién es ella? —susurró alguien.

Simón permanecía de pie, congelado, viendo a su esposa.

—Despejen.

Segunda descarga. El trazo del monitor cambió. Apareció un latido. Débil… pero presente.

El salón se sumió en el silencio.

Al poco rato, la ambulancia interna del hospital se llevó a don Alejandro con pulso estable. Y solo entonces todos comprendieron que la mujer que minutos antes había sido despreciada acababa de salvarle la vida a la persona más importante de aquella sala.

Pero antes de que alguien pudiera formular una pregunta, Ariana se incorporó. Se quitó los guantes desechables.

—Asegúrense de que le analicen las enzimas cardíacas de inmediato. Hay posibilidad de oclusión de la arteria descendente anterior. ¡Preparen el laboratorio de cateterismo!

Les hablaba al equipo médico del hospital que acababa de llegar, y ellos asintieron por reflejo, como si estuvieran acostumbrados a recibir instrucciones de ella.

Mariana la observó con la respiración aún entrecortada. La sospecha que le nublaba la mirada se transformó en algo más: una certeza incipiente. Ariana no era una simple ama de casa.

Simón habló por fin, a medio camino entre la incredulidad y el estupor:

—Tú… ¿dónde aprendiste a hacer eso?

Ariana miró al hombre que dentro de poco dejaría de ser su esposo y esbozó una leve sonrisa.

—Ya te lo dije. Me gusta leer.

La misma respuesta de siempre, pero esta vez sonó como una bofetada.

Arriba en el escenario, Santiago, que lo había presenciado todo, se limitó a decirle a su asistente:

—Pospón el anuncio de esta noche.

—¿Señor?

—El espectáculo más grande… está a punto de comenzar.

La velada terminó sin anuncio oficial. Los medios solo cubrieron una noticia:

«Mujer misteriosa salva a comisario durante la Gala Médica».

La única foto que circuló fue una silueta de perfil; la identidad permaneció en la sombra.

Pero Mariana no pudo dormir esa noche. Reprodujo una y otra vez la grabación que un invitado había tomado con su teléfono, amplió el rostro de Ariana y lo comparó con un archivo antiguo que una vez había visto a escondidas sobre el escritorio de Simón: un expediente de auditoría anónima de un proyecto médico.

El nombre de la consultora independiente siempre aparecía censurado, pero había una pequeña firma digital que nunca cambiaba.

Las iniciales: A.M.

Mariana susurró en la oscuridad de su habitación:

—¿Ariana… Montero?

Y entonces lo comprendió: durante todo ese tiempo no había estado ascendiendo. Había estado parada en el camino equivocado, porque la mujer a la que tanto había menospreciado quizá era el muro que jamás podría franquear.

Mariana empezaba a olfatear la verdad. Y cuando una persona astuta comienza a sentirse amenazada, rara vez da un paso atrás. Lo que suele hacer es… atacar.

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