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NUEVO TRABAJO
Al día siguiente Nathaly llegó temprano a la nueva escuela y quedó impresionada, las instalaciones eran modernas, los jardines parecían de revista y los estudiantes llegaban en vehículos lujosos; Nathaly sintió nervios, pero decidió afrontar las cosas lo mejor posible.
Todo con la directora había salido bien. Ahora solo faltaban los resultados de los exámenes médicos que le habían practicado para confirmar que no padecía ninguna enfermedad contagiosa. En ese aspecto, la institución era muy estricta, si todo salía bien, al día siguiente comenzaría oficialmente su nuevo trabajo.
Al salir de allí, Nathaly decidió pasar por la escuela donde había trabajado durante los últimos años para despedirse de sus compañeros y, sobre todo, de sus estudiantes.
Apenas los niños la vieron entrar al salón, corrieron hacia ella y la rodearon con un fuerte abrazo, ya todos sabían que ese sería su último día con ellos. Uno de los pequeños, con los ojos llenos de tristeza, la miró y preguntó:
—¿Te vas porque ya no nos quieres?
Nathaly sonrió con ternura mientras acariciaba su cabello buscando la respuesta adecuada.
—¡Claro que los quiero! No me voy por ustedes. Me salió otro trabajo y debo aprovechar esta oportunidad, pero eso no significa que deje de quererlos.
Otra niña levantó la mano y, con la voz entrecortada se acercó y preguntó:
—¿Vas a querer más a los otros niños que a nosotros?
Nathaly sintió un nudo en la garganta, respiró profundo antes de responder, le dolia todo lo que estaba viviendo en ese momento, le sonrió y dijo.
—No mi amor, los quiero muchísimo a ustedes, y también voy a querer a los niños que conoceré. Todos los niños merecen recibir cariño, respeto y comprensión; eso es lo que siempre intentaré darles. Pero ustedes ocupan un lugar muy especial en mi corazón, y nadie podrá borrar los recuerdos tan bonitos que construimos juntos.
Un niño, limpiándose las lágrimas con la manga del uniforme dijo:
—Entonces un día te escapas y vienes a visitarnos.
Una sonrisa triste apareció en el rostro de Nathaly por la ocurrencia del niño y dijo.
—Haré todo lo posible por venir a verlos, se los prometo, no me voy a olvidar de ustedes, o nos reunimos un fin de semana junto a sus padres.
— si....
Todos los niños dijeron si emocionados Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de varios niños; Nathaly ya no pudo contener las suyas. Uno a uno los abrazó tratando de guardar ese momento para siempre en su memoria.
Cuando salio del salon, se despidió de sus compañeros de trabajo, quienes le desearon muchos éxitos en esta nueva etapa. Entre abrazos y buenos deseos, prometieron mantenerse en contacto.
Cuando salia de la escuela por última vez, volvió la mirada hacia el salón donde había compartido tantos momentos. Sonrió con nostalgia y siguió su camino, convencida de que estaba cerrando un capítulo muy importante de su vida para comenzar otro lleno de nuevos retos y oportunidades.
Al llegar a su casa, María y Yeidi notaron de inmediato que los ojos de Nathaly estaban hinchados, no tuvieron que preguntarle mucho para imaginar lo que había sucedido.
Apenas dejó su bolso sobre una silla, Nathaly comenzó a contarles cómo había sido la despedida de sus estudiantes, recordó las preguntas de los niños, sus abrazos y las lágrimas que compartieron. Antes de terminar de hablar, la emoción volvió a vencerla y rompió en llanto.
Yeidi se acercó enseguida, la abrazó con fuerza y acarició su espalda para tranquilizarla.
YEIDI: Ay, hermanita... ya pasará. Sé cuánto los querías, pero también vas a conocer niños que necesitarán de ese mismo cariño.
María observó la escena con ternura y una sonrisa llena de orgullo por sus hijas.
MARIA: Ay, hija, qué corazón tan noble tienes, entregas el alma y el corazón en tu trabajo. Eso lo agradecen los padres que saben valorar tu esfuerzo, y sobre todo, Dios, que ve cada buena acción que haces.
YEIDI: Esperemos que en este nuevo trabajo los padres sean agradecidos y sepan apreciar a la excelente profesora que tendrán.
Nathaly se secó las lágrimas y respondió con serenidad:
NATHALY: No me preocupa el agradecimiento de los padres. Lo que realmente me importa es lo que sienten los niños, que sean felices, que se sientan queridos y seguros, la personalidad de los padres no me interesa; mi compromiso siempre será con los niños.
MARIA: Así es hija, haz siempre el bien sin esperar nada a cambio, si las personas no te lo agradecen, Dios sí lo hará. Él conoce tu corazón y nunca deja sin recompensa a quien obra con amor.
Nathaly sonrió con los ojos aún humedecidos, escuchar aquellas palabras le devolvió un poco de tranquilidad. Sabía que cerrar ese capítulo dolía, pero también entendía que al día siguiente tendría la oportunidad de cambiar la vida de otros niños, tal como lo había hecho hasta ahora.
A la 1:30 de la tarde, Nathaly estaba sentada junto a Yeidi ayudándole con unos ejercicios de matemáticas. De pronto, su celular comenzó a sonar, al mirar la pantalla, sintió que el corazón le latía con fuerza, era la directora de la nueva escuela. Respiró hondo y contestó con un ligero nerviosismo.
NATHALY: Buenas tardes directora.
—Buenas tardes Nathaly, la llamo para informarle que los resultados de sus exámenes salieron muy bien. Todo está en orden, así que mañana puede presentarse a trabajar, aquí le haremos entrega del uniforme y firmará su contrato; debe estar en la escuela a las seis de la mañana.
NATHALY: ¡Muchísimas gracias! Allí estaré puntual.
—La esperamos, bienvenida al equipo.
NATHALY: Muchas gracias, que tenga una excelente tarde.
Cuando terminó la llamada, permaneció unos segundos mirando el celular, como si quisiera asegurarse de que aquello era real. Después levantó la vista y, sin poder contener la emoción, gritó:
NATHALY: ¡Sííí! ¡Gracias, Dios mío! ¡Yeidi, empiezo mañana!
Yeidi, que había esperado la noticia con ansiedad, se levantó de la silla y la abrazó.
YEIDI: ¡Felicidades hermana! Sabía que todo iba a salir bien.
Los gritos de alegría llegaron hasta la habitación de María. Ella salió de inmediato con una sonrisa y preguntó:
MARIA: ¿Qué pasó? ¿Ya te confirmaron?
NATHALY: Si mamita, ya me confirmaron. Mañana empiezo a trabajar, tengo que presentarme a las seis de la mañana para que me entreguen el uniforme y firmar el contrato.
María levantó las manos al cielo y dijo con profunda emoción:
MARIA: ¡Gloria a Dios! Sabía que él no te iba a abandonar, todo llega en el momento perfecto.
Luego abrazó a su hija con fuerza y se unió Yeidi.
NATHALY: Estoy muy orgullosa de ti, has luchado mucho por este momento y te lo mereces.
Nathaly correspondió el abrazo mientras una sonrisa de ilusión se dibujaba en su rostro. Al fin había llegado el día que tanto había esperado. Al día siguiente comenzaría una nueva etapa, llena de desafíos, pero también de la oportunidad de seguir sembrando amor en la vida de muchos niños.