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PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Helena ha vivido dos veces… y en ambas terminó muerta.

En su primera vida eligió a Menelao, creyendo que un rey podía ofrecerle amor y protección. Descubrió demasiado tarde que detrás de su corona había un hombre celoso, posesivo y cruel, capaz de convertir el matrimonio en una prisión.

En su segunda vida huyó de él y creyó en las promesas de París. Fue otro error. París solo quería presumir de su belleza, beber, divertirse y convertirla en un trofeo. Cuando Troya cayó, Helena volvió a morir.

Pero la tercera vez será diferente.

Cuando llega el momento de escoger esposo, Helena recuerda a un joven que una vez le ofreció un pañuelo mientras lloraba: Héctor, príncipe de Troya. Un hombre que todavía es soltero, noble y libre.

Sin dudarlo, Helena lo elige.

Ahora deberá conquistar su corazón… y desafiar una historia que sabe que terminará con Héctor muerto en batalla.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Yo?

Las palabras cayeron sobre la sala como una piedra en un estanque tranquilo. Primero el silencio, absoluto, completo, tan profundo que se pudo escuchar el crepitar de las antorchas y el viento rozando las cortinas de lino. Nadie se movió. Nadie respiró. Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas, irrebatibles, cambiando todo lo que hasta ese momento se daba por sentado.

Y luego, como un eco que se repite entre las columnas, una tras otra, las voces de todos los presentes repitiendo el nombre, incrédulos, asombrados, sin dar crédito:

—¿Héctor?

—¿¿Héctor??

—¿Eligió a Héctor?

El murmullo creció de golpe, como un río que se desborda. Los reyes y príncipes se miraron entre sí, algunos con la boca abierta, otros frunciendo el ceño, confundidos, sin entender qué acababa de ocurrir. Nadie lo esperaba. Nadie lo imaginaba. Héctor, el príncipe que no vino a pretenderla, que no hablo con ella nunca, que ni siquiera estaba en la lista de candidatos… él era el elegido.

Menelao dio un paso adelante, el rostro rojo de furia, los puños cerrados con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿Qué significa esto? —rugió, su voz retumbando en la estancia—. ¡Esto no puede ser! ¡Él no vino por ella! ¡No tiene derecho a elegirlo a él! ¡Helena, te equivocas! ¡Di que es un error! ¡Tú eres mía!

París, a su lado, parpadeó varias veces, la sonrisa congelada en sus labios, como si no hubiera oído bien. Su expresión pasó del asombro al desconcierto, y luego a una ofensa creciente que le tiñó las mejillas de rojo. Miró a su hermano, luego a Helena, y negó con la cabeza, sin dar crédito.

—¿Héctor? —repitió, con una media risa incrédula que no llegó a sonar alegre—. ¿Mi hermano? ¿Ni siquiera habéis hablado nunca? ¡Esto es una broma, verdad? ¡Dime que es una broma! ¡Tú no puedes elegirlo a él! Él ni siquiera quería venir aquí hoy.

Príamo, que estaba cerca de su hijo, abrió los ojos de par en par, mirando a Héctor y luego a Helena, sin comprender qué había pasado. El rey de Troya frunció el ceño, confundido, sin saber si debía sentirse honrado o profundamente preocupado. A su lado, Hécuba se llevó una mano a los labios, los ojos muy abiertos, sin saber qué pensar. Nadie lo entendía. Nadie, excepto ella.

Y en el rincón donde había estado conversando tranquilamente, Héctor se detuvo. Las palabras lo alcanzaron y lo dejaron inmóvil, como si le hubieran golpeado suavemente en el pecho, quitándole el aire de golpe. El general troyano con el que hablaba se calló de golpe y lo miró, abriendo los ojos de par en par, y dio un paso atrás, dejándolo solo bajo la mirada de toda la sala. Héctor parpadeó una, dos veces, miró al general, luego a la multitud que de pronto lo miraba a él, todos los ojos puestos en su persona, pesados, expectantes, y finalmente dirigió la vista hacia el estrado, hacia ella.

Señaló instintivamente su propio pecho con el dedo, con un gesto casi infantil de confusión tan genuino que dolía verlo, y dijo, en voz baja, solo para sí mismo, como si tuviera que asegurarse de que no era un sueño, de que no se trataba de un error de oído:

—¿Yo?

Sus ojos se abrieron de par en par. El ceño se le frunció en una expresión de absoluta confusión y asombro que no pudo disimular de ninguna manera. No había arrogancia en su rostro, ni vanidad, ni satisfacción egoísta. Solo había perplejidad sincera, absoluta, como si no pudiera creer que la mujer más hermosa del mundo, la que podía elegir a cualquier hombre de la tierra, lo hubiera elegido precisamente a él, cuando él no había hecho absolutamente nada para llamar su atención.

Miró a Helena, luego a su padre, luego de nuevo a ella, sin entender, sin comprender, sin poder conectar los puntos. Él no vino por ella. No le había hablado nunca. No le había dado motivo alguno para elegirlo. ¿Por qué él? ¿Por qué precisamente a él, cuando allí había reyes más poderosos, príncipes más ricos, hombres que habían cruzado mares solo por la esperanza de su mano?

Helena lo sostuvo con la mirada, sin apartarse, sin dudar ni un instante, y le sonrió de nuevo. Una sonrisa suave, sincera, llena de algo que él no lograba descifrar pero que lo hizo sentir, por un instante, que todo iba a estar bien, que no era un error, que ella sabía exactamente lo que hacía. No era una sonrisa de capricho. No era una sonrisa de lástima. Era una sonrisa de alivio. Como si hubiera estado buscándolo toda la vida y por fin lo hubiera encontrado, como si en él viera algo que nadie más en toda la sala poseía.

El heraldo, recuperándose del asombro, se aclaró la garganta con dificultad y miró al príncipe troyano, con voz aún temblorosa por la sorpresa, consciente de que todo el reino esperaba su respuesta:

—¿Héctor… aceptas la elección de Helena? ¿Aceptas su mano tal como ella te la ofrece?

Héctor tardó unos segundos en reaccionar, en reunir las ideas dispersas, en darse cuenta de que el momento no esperaba. Sintió que todos los ojos del mundo estaban puestos en él, juzgándolo, esperando su respuesta. Miró de nuevo a Helena, a esa mujer que todos decían era la más hermosa del mundo, que podía elegir a cualquier hombre de la tierra, y que lo había elegido a él. A él, que no había hecho nada para merecerlo, que ni siquiera la conocía realmente. Y vio en sus ojos algo que lo detuvo antes de decir que no, antes de excusarse, antes de decirle que eligiera de nuevo. Vio seguridad. Vio esperanza. Vio algo que le decía que, fuera lo que fuera que estaba pasando, ella no se había equivocado.

Dio un paso adelante, despacio, como si todavía no creyera del todo lo que estaba ocurriendo, como si temiera que el sueño se rompiera si se movía demasiado rápido. Su voz fue firme cuando habló, aunque se notaba que el corazón le latía con fuerza bajo la túnica, golpeándole las costillas con una violación inusual en él:

—Acepto. Si ella me elige… yo acepto.

Un murmullo enorme estalló en la sala, mezcla de asombro, aprobación y protesta. Pero Héctor ya no escuchaba a nadie. Solo la miraba a ella, y ella lo miraba a él, y por primera vez en tres vidas, Helena sintió que su corazón dejaba de temblar, que el peso que llevaba sobre el alma desde su primera vida empezaba a aflojarse. No sabía qué vendría después. No sabía si lograría cambiar el destino, si lograría salvarlo de la muerte que le esperaba a las puertas de Troya, de Aquiles, de la historia que ella conocía de memoria. Pero sabía una cosa con absoluta certeza, tan fuerte como el latido de su corazón: esta vez, no estaba eligiendo a un hombre que la destruiría. Estaba eligiendo a un hombre que podría aprender a amarla bien, y ella, esta vez, haría todo lo posible para que ambos sobrevivieran. Y eso, ya, era el comienzo de todo.

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Carolina💖
Mi hermana no nos dejaba dormir con su llanto. Fueron 7 meses eternos hasta que una noche increible durmió hasta la madrugada. Fue un regalo invaluable
EspirituCreativo: Jajaja
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Carolina💖
🎼Ta ta ta taaaannnn!!!🎶
EspirituCreativo: Cha cha chaaaa
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Elba Lucia Gomez
a ver casi Diosa y protegida por Apolo y es tonta agggg😝
Carolina💖
Ya en el primer capítulo di mi voto. Aguante Helena!! Elige tu propio destino
EspirituCreativo: Dale helena no nos defraudes
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Dora Guzman Pacherres
Ojalá no suceda nada, la envidia es mala consejera. Espero y puedan ser felices realmente.
EspirituCreativo: Continúa leyendo, jeje
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