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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5: La vida de Alessandra

[POV' Alessandra]

Al día siguiente, los médicos me dieron el alta.

No fue una decisión complicada. Mi recuperación había sido rápida y no había razón para mantenerme hospitalizada más tiempo. Firmaron los papeles, me dieron una lista de indicaciones y me entregaron una bolsa con medicamentos.

Elisa llegó temprano, radiante y emocionada.

—¡Por fin te vas a casa, hija! —exclamó, abrazándome con cuidado—. Dante está abajo esperando. Vamos, que no se nos vaya a enfriar el caldo.

Salimos juntas. Yo caminaba despacio, sintiendo aún cierta debilidad en las piernas, pero me negaba a usar la silla de ruedas. Elisa caminaba a mi lado, hablando sin parar del clima, de las flores, del pájaro que había hecho un nido en el árbol de la entrada.

Cuando llegamos a la salida, vi el auto.

Un Mercedes negro, imponente, brillando bajo el sol de la mañana. Un hombre de uniforme gris, con gorra y guantes blancos, estaba junto a la puerta del conductor. El chofer. Me dedicó una sonrisa amplia cuando me vio.

—¡Señora Moretti! Qué alegría verla de pie. Nos tuvo a todos preocupados, ¿eh? Pero ya veo que está mejor.

—Gracias —respondí, devolviéndole la sonrisa.

—Sube con cuidado —dijo una voz grave a mi espalda.

Me giré y ahí estaba Dante. No lo había visto salir. Debió haber estado dentro del auto todo este tiempo, esperando. Llevaba un traje gris impecable, el cabello Negro ligeramente despeinado y esos ojos miel fijos en mí.

Dios mío.

¿Siempre había sido tan alto? ¿O era que yo ahora era más baja? Porque el hombre era una torre de casi uno, noventa y tantos. Una torre con mandíbula perfecta y mirada intensa. Parecía sacado de una revista de moda masculina, pero con una expresión tan seria que daban ganas de preguntarle si se le había muerto alguien.

—Gracias —dije, y mi voz salió más baja de lo que esperaba.

Él asintió y abrió la puerta trasera. Puso una mano sobre el marco, protegiendo mi cabeza mientras me deslizaba en el asiento de cuero negro. El interior olía a cuero nuevo.

Elisa se sentó en el asiento del copiloto. Dante se sentó a mi lado, cerca pero sin tocarme. Cerró la puerta con un golpe suave y el auto comenzó a moverse.

El silencio se instaló en el habitáculo.

Miré por la ventanilla mientras el paisaje pasaba. Edificios, tiendas, calles. Todo normal. Nada que me resultara especialmente familiar, pero tampoco extraño. Era solo una ciudad cualquiera.

Me giré ligeramente para observar a mi esposo.

Qué hombre.

Siempre lo había visto en revistas o en televisión. El magnate más poderoso del país, el rival de Alexander Santander, el que siempre salía en las portadas de las revistas de negocios con su traje impecable y su cara de pocos amigos. Recuerdo haber leído artículos sobre él, haber visto entrevistas donde hablaba con esa voz grave y segura. Siempre me pareció impresionante. Inalcanzable.

Ahora lo veía de cerca y lo único que pensaba era: ¿este hombre siempre está tan tieso o solo es conmigo?

Porque sí, era guapo. Muy guapo. Pero también era una estatua de mármol con traje. No sonreía. No hablaba. No hacía ningún gesto que no fuera absolutamente necesario. Sus manos descansaban sobre sus rodillas como si estuvieran esculpidas en piedra. Su mirada no se desviaba de la ventanilla ni un centímetro.

¿Se movía siquiera cuando respiraba?

—Señora Moretti—dijo el chofer desde el frente, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Quiere que ponga un poco de música? Tengo unos discos de jazz que a usted le gustan.

—Sí, claro —respondí—. Gracias.

El chofer encendió la radio a un volumen bajo. Sonaba una canción suave, algo instrumental. Relajante.

El auto tomó una curva y el paisaje cambió. Los árboles se hicieron más altos, las calles más privadas. Y entonces vi la casa.

Era enorme. De estilo moderno, con líneas limpias y ventanales enormes. Un jardín inmenso se extendía frente a ella, con flores de colores y un camino de piedra que llevaba hasta la entrada principal.

Y en medio del jardín, una fuente de mármol blanco brillaba bajo la luz.

—Mira —dijo Elisa, señalando la fuente—. Es nueva. Dante la mandó poner mientras estabas en el hospital.

Parpadeé. ¿Una fuente?

—Es preciosa —dije.

El auto se detuvo frente a la puerta principal. El chofer salió y abrió mi puerta. Dante ya estaba fuera, esperando.

Extendió su mano hacia mí. La tomé y me ayudó a salir con cuidado.

—¿Te sientes bien? —preguntó.

—Sí —respondí—. Solo un poco débil.

Asintió. Deslizó su mano hacia mi brazo, sosteniéndome con firmeza mientras caminábamos hacia la entrada.

—Camina despacio —dijo—. No hay prisa.

Caminamos en silencio hacia la entrada, sus dedos firmes alrededor de mi brazo, su paso lento para adaptarse al mío.

Cuando llegamos a la puerta, Elisa ya estaba dentro. Dante me soltó con cuidado.

—La habitación de invitados está lista —dijo—. Por si necesitas descansar.

—Gracias —respondí.

Asintió y se fue hacia el pasillo.

Me quedé allí, en el umbral de esa casa enorme, viendo cómo su espalda se alejaba. Elisa apareció a mi lado.

—Bueno —dije, encogiendo los hombros—. Supongo que tendré que acostumbrarme.

Elisa sonrió.

_______

Entré a la casa y suspiré, estirándome un poco. Sentía un leve dolor en las costillas, pero nada que no pudiera soportar. Mientras admiraba el jardín a través de los ventanales, no pude evitar pensar: mierda, no puedo quejarme de tener a semejante hombre como marido.

No estaba nada mal.

Sí, era frío, serio y parecía que se había tragado una escoba, pero también era alto, guapo y tenía unos ojos miel que cuando te miraban fijo te dejaban sin aire. Además, la casa era imponente y, lo mejor de todo, no tenía que trabajar ni soportar a la insufrible de mi hermana ni los insultos de mi padre.

Por ahora, eso era suficiente.

—¿Señora? —una voz femenina interrumpió mis pensamientos.

Me giré y vi a una mujer de unos cincuenta años, con uniforme gris y una sonrisa amable. Llevaba el cabello recogido en un moño y tenía unas manos que parecían haber trabajado toda una vida.

—Soy Clara, la encargada de la casa —dijo—. Si necesita algo, solo avíseme.

—Gracias, Clara—respondí, sonriendo—. ¿Me puedes llevar a mi habitación? Quiero descansar un rato.

—Por supuesto, señora. Sígame.

Subí las escaleras con cuidado, sintiendo aún la debilidad en mis piernas. Clara caminaba a mi lado, sin apresurarme, esperando a que yo pusiera el ritmo.

—¿Se siente bien, señora? —preguntó con preocupación.

—Sí, solo un poco cansada.

—Es normal. El accidente fue fuerte. Pero ya verá que en unos días estará como nueva.

Llegamos a la habitación principal. Era amplia, con una cama enorme de dos plazas, cortinas de color crema y una vista espectacular al jardín trasero. Me senté en el borde de la cama y suspiré aliviada.

—¿Necesita algo más, señora? —preguntó Clara desde la puerta.

—No, gracias. Voy a descansar un rato.

—Muy bien. Si necesita algo, llámeme. Mi cuarto está al final del pasillo.

Salió y cerró la puerta con cuidado.

Me quedé sola por primera vez desde que desperté en el hospital. Respiré hondo y dejé que el silencio me envolviera. Era un silencio diferente al del hospital. No olía a antiséptico ni sonaban máquinas. Olía a madera, a flores, a hogar.

No era mi hogar, pero por ahora era lo que tenía.

Miré a mi alrededor y vi un teléfono sobre la mesita de noche. Un iPhone, modelo reciente, con una funda negra y una pequeña pegatina en la parte trasera que decía "A.M.".

Tomé el teléfono y lo desbloqueé con mi huella. La pantalla se iluminó mostrando un fondo de pantalla sencillo: una foto de un atardecer en la playa. Nada especial. Nada que me diera pistas sobre quién era esta mujer.

Empecé a revisar las aplicaciones. Fotos, mensajes, contactos. Todo era un misterio. Necesitaba entender quién era Alessandra Moretti, qué clase de vida llevaba, qué secretos guardaba. Porque ahora esa vida era mía.

Y entonces vi el icono de WhatsApp. Tenía varios chats sin leer. Abrí la aplicación y me encontré con una lista de conversaciones. La mayoría eran grupos. Uno llamó mi atención de inmediato: "GrupoAlpha".

El nombre me pareció curioso. Toqué el chat y lo abrí.

Era un grupo con unos quince participantes. Todos tenían fotos de perfil serias, la mayoría con traje o uniforme. El último mensaje era de un contacto llamado "Cristóbal":

"Cristóbal: Jefa, ¿cómo está? Nos enteramos del accidente. Todos estamos preocupados. Por favor, responda cuando pueda."

Miré la fecha. El mensaje era de esa mañana.

Antes de que pudiera procesarlo, otro mensaje apareció:

"Diego: Jefa, si necesita algo, aquí estamos. No dude en pedirnos lo que sea."

Y luego otro:

"Raúl: Jefa, los muchachos quieren saber si puede recibir visitas. Todos queremos verla."

Y otro más:

"Fabián: Jefa, no se preocupe por el trabajo. Todo está bajo control. Solo concéntrese en recuperarse."

Y así, uno tras otro. Todos preguntando por ella. Todos preocupados. Todos llamándola "jefa".

Me quedé mirando la pantalla, sin saber qué pensar. ¿Jefa? ¿Qué clase de jefa era Alessandra para tener a quince hombres pendientes de ella como pollitos cuando ven a mamá gallina?

Sonreí. No pude evitarlo.

—Mierda —murmuré, mientras leía los mensajes—. ¿Qué clase de vida tienes, Alessandra?

Me reí para mis adentros. La imagen era demasiado cómica: estos hombres, con sus fotos de perfil serias y sus mensajes preocupados, respondiendo como si ella fuera su general en tiempos de guerra.

Decidí responder. No sabía qué decir, pero tenía que hacerlo. Si quería mantener esta farsa, necesitaba actuar como Alessandra.

Escribí:

"Estoy bien. Ya me dieron el alta. Gracias a todos por preocuparse. Necesito unos días para recuperarme, pero estaré al tanto de todo."

Presioné enviar.

Los mensajes empezaron a llegar de inmediato, como si hubieran estado esperando mi respuesta con el teléfono en la mano.

"Cristóbal: ¡Qué alivio, jefa! Nos tiene preocupados."

"Diego: Si necesita algo, cualquier cosa, solo diga."

"Raúl: Jefa, los muchachos quieren hacer una reunión para celebrar su regreso. ¿Cuándo se siente con fuerzas?"

"Fabián: No se apresure, jefa. Primero recuperese."

"Eduardo: Jefa, ¿quiere que le mandemos un reporte de la semana? O mejor esperamos a que esté mejor."

"Tomás: Jefa, no se preocupe por nada. Nosotros cuidamos todo."

"Luis: Jefa, somos sus hombres. Estamos para servirle."

Sonreí de nuevo.

¿Qué clase de vida había tenido Alessandra para tener a estos hombres tan leales? No eran simples empleados. No eran colegas. Eran... algo más. Algo que no terminaba de entender.

Pero por ahora, no necesitaba entenderlo. Solo necesitaba actuar como si supiera lo que hacía.

Escribí:

"Gracias a todos. De verdad. Me hace sentir mejor saber que tienen todo bajo control. En unos días estaré al 100% y retomaré las riendas. Mientras tanto, sigan como están."

Los mensajes de confirmación llegaron en cadena. Todos diciendo "sí, jefa" o "cuente con nosotros, jefa". Era tan absurdo que casi me reí en voz alta.

Guardé el teléfono y me recosté en la cama, mirando el techo.

Alessandra Moretti no era solo la esposa de un magnate. Era algo más. Alguien importante. Alguien que tenía hombres leales dispuestos a seguirla.

—¿Quién eres, Alessandra? —murmuré, sintiendo que el misterio se volvía cada vez más interesante.

Y entonces, una idea cruzó mi mente.

Si tenía hombres leales, si tenía poder, si tenía recursos... tal vez podría usarlos para mi venganza.

Tal vez, solo tal vez, esta nueva vida no era tan mala después de todo.

ALESSANDRA MORETTI

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Kim Nava
que guapo el Milo 🤭🤭
por que dejó así de rápido dieran con ella la descubrirán que ella es la dueña de esa agencia
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
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