Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...
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Capitulo 1: Un matrimonio perfecto en apariencia
El sol de la tarde se filtraba por las cortinas de lino color crema de la habitación principal, dibujando manchas doradas sobre la alfombra de lana y sobre la cama de matrimonio que apenas llevaba tres días siendo suya.
Elisa se sentó en el borde acariciando con la yema de los dedos la sábana de algodón egipcio que Luis había elegido personalmente .
Suave como tu piel, le había dicho mientras la compraban sonriendo con esa ternura que hasta hace muy poco le había parecido el regalo más hermoso que la vida le podía dar
Habían contraído matrimonio hacía apenas cinco días en una ceremonia pequeña rodeados solo de sus familiares más cercanos y sus amigos de toda la vida.
Luis con su traje de lino azul marino que le ceñía perfectamente los hombros, su cabello castaño oscuro siempre peinado con un orden que le daba un aire distinguido y esos ojos verdes que la miraban como si ella fuera la única cosa que existiera en el mundo, todo en él le había parecido perfecto.
Desde que se conocieron en la biblioteca de la universidad cuando él le ayudó a recoger los libros que se le habían caído al cruzar la puerta, Luis había sido el hombre más amable más atento y más respetuoso que jamás había conocido.
Nunca la había presionado, nunca le había exigido nada que ella no quisiera dar siempre le preguntaba cómo se sentía, respetaba sus tiempos sus miedos sus decisiones.
Al principio eso la había hecho sentir segura amada valorada de una forma que nunca antes había experimentado.
-¿Te gusta cómo quedó la habitación?- preguntó él entrando en ese momento con una bandeja en las manos, dos tazas de té de manzanilla, unas galletas de mantequilla que a ella le encantaban y una pequeña rosa blanca en un vaso de cristal.
Se acercó y le besó suavemente la frente antes de sentarse a su lado dejando la bandeja sobre la mesita de noche.
-Me encanta
Respondió ella acercándose para apoyar la cabeza en su hombro aspirando el aroma de su colonia una mezcla ligera de madera y cítricos que ya le resultaba tan familiar como su propio olor.
-Todo es perfecto, Luis... tú eres perfecto
Él soltó una risa suave y pasó el brazo por su cintura pero sin apretar, sin hacer ningún movimiento que pudiera parecer una invitación a algo más.Solo la abrazó despacio como si temiera romperla.
-No soy perfecto Elisa -dijo bajito -Solo quiero que estés bien... que estemos bien los dos
Y ahí empezaba la confusión que desde hacía un par de noches no la dejaba dormir.
La noche de bodas cuando se quedaron solos por fin en la habitación del hotel donde habían pasado la primera noche, Elisa había esperado con el corazón a mil por hora con las manos temblando un poco, con la piel ardiendo que él la besara como lo hacían en las novelas, que la abrazara con pasión que cruzara la línea que hasta entonces habían mantenido con cuidado, pero Luis solo la había besado en la boca despacio con ternura y luego la había abrazado contra su pecho acariciando su espalda con movimientos lentos y suaves.
Duerme mi amor, fue lo que le había susurrado al oído
-No hay prisa, tenemos toda la vida
Ella había pensado que tal vez él estaba cansado que el día había sido muy largo que prefería esperar a estar en su propia casa sin el ruido de los pasillos del hotel sin nadie alrededor.
Pero al día siguiente al volver a su nuevo hogar nada cambió.
Por las noches se acostaban juntos se besaban se abrazaban pero él nunca intentaba ir más allá y cuando ella se atrevía a pasar la mano por su pecho o a acercarse más a su cuerpo él la detenía con suavidad le acariciaba la mejilla y le decía.
-Espera mi vida no hagamos nada de lo que luego nos arrepintamos, solo cuando ambos estemos completamente listos, no quiero que sientas que te obligo a nada
Al principio Elisa se dijo a sí misma que era una suerte que muchas mujeres soñaban con un esposo que respetara su espacio que no las presionara que cuidara de sus sentimientos por encima de todo.
Pero los días pasaban y la confusión se transformaba en una duda pequeña que luego creció hasta convertirse en un nudo en el estómago ¿Acaso no le gustaba? ¿No le parecía atractiva?¿Había algo en ella que no le gustaba?
Elisa empezó a decirle esa tarde levantando la cabeza de su hombro para mirarlo a los ojos. Tú no quieres estar conmigo quiero decir estar de verdad compartir todo.
Él frunció el ceño como si no entendiera la pregunta y le tomó la mano entrelazando sus dedos con los de ella
Claro que quiero Elisa más que nada en el mundo respondió con sinceridad y ella supo que no le mentía porque conocía demasiado bien la forma en que sus ojos se iluminaban cuando decía la verdad.
-Pero no quiero que sea solo porque ahora somos marido y mujer porque toca quiero que sea porque tú lo deseas con toda tu alma igual que yo quiero que sea perfecto para los dos. No quiero que luego te quedes con la duda de si lo hiciste porque querías o porque te sentías obligada así que esperaremos todo el tiempo que haga falta, no hay prisa.
Elisa asintió bajando la mirada para que no viera que se le llenaban los ojos de lágrimas pero no por tristeza sino más bien por frustración.
No podía culparlo él estaba haciendo exactamente lo que le parecía mejor lo que consideraba más respetuoso pero en el fondo sentía que había una pared entre los dos una pared que él no quería derribar y que ella no sabía cómo cruzar.
Porque sí ella quería, lo deseaba con toda su alma, lo había deseado desde meses antes de la boda desde la primera vez que él la besó con pasión en el porche de su casa hasta que tuvieron que separarse por el compromiso de esperar a estar casados...Y ahora que ya lo estaban él seguía poniendo límites.
-Te entiendo- dijo ella forzando una sonrisa- Gracias por cuidarme tanto
Siempre respondió él y la besó en la punta de la nariz antes de levantarse.
-Tengo que terminar de arreglar unos papeles para la cena de la empresa del viernes.Es la primera vez que te llevo conmigo quiero que todo salga bien
-¿La cena con tu jefe? preguntó ella recordando que se lo había mencionado dos días atrás
-Sí- asintió él y su rostro se iluminó un poco más- El dueño de la compañía va a estar ahí. Dicen que es una persona muy exigente pero si logro causarle buena impresión podría abrirme muchas puertas, tengo muchas ganas de que lo conozcas.
Elisa lo vio salir de la habitación caminando con su paso tranquilo y seguro y sintió que el nudo en su estómago se apretaba un poco más.
Todo el mundo le decía que tenía el matrimonio perfecto un esposo guapo trabajador respetuoso que la adoraba, que tenía un buen empleo que nunca le levantaba la voz que siempre tenía un detalle bonito con ella.
Nadie entendería que en medio de tanta perfección ella se sentía sola.
Que anhelaba que él fuera menos perfecto menos respetuoso y más humano más apasionado más suyo.
Se quedó mirando por la ventana viendo cómo el sol empezaba a bajar tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas. No sabía aún que esa cena de la que hablaba Luis cambiaría todo lo que creía saber sobre el amor sobre el deseo y sobre lo que realmente significaba pertenecer a alguien...