Valeria Cárdenas parecía tener una vida estable: un matrimonio envidiable, un hogar tranquilo y un esposo que, alguna vez, la amó de verdad. Pero con el tiempo, las palabras dejaron de ser cariño y empezaron a doler, y el silencio se volvió una forma de castigo que nunca supo cómo enfrentar.
Día tras día, Valeria se fue apagando entre reproches, desprecios, monotonía y culpas que no eran suyas. Sin darse cuenta, dejó de ser ella misma para convertirse en alguien sin alma, solo para no molestar.
Cuando finalmente toma una decisión de la que no hay vuelta atrás convencida de que su ausencia hará todo más fácil para quienes la rodean, entiende demasiado tarde cuánto se había perdido en el camino. Porque a veces el amor no se acaba… solo cambia hasta volverse irreconocible.
Esta es una historia donde el dolor se guarda, donde nadie ve lo que pasa puertas adentro. Y donde comprender lo que ocurrió llega cuando ya no se puede reparar.
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Una voz que no esperaba
El viento soplaba con fuerza en lo alto del puente.Valeria tenía los ojos cerrados, el corazón latiendo con una intensidad que no sabía si era miedo o simplemente el final acercándose. Sus manos temblaban, pero ya no retrocedía. Había llegado hasta ahí con una idea clara: terminar con todo.Con el dolor.Con el vacío.Con esa sensación constante de no ser suficiente para nadie.
—Nadie me necesita —susurró, apenas moviendo los labios.El ruido de los autos pasaba debajo de ella como un murmullo distante, casi ajeno. Era como si el mundo siguiera girando sin importarle si ella estaba o no.Dio un pequeño paso hacia adelante.
El borde estaba ahí.Tan cerca.
—No lo hagas.La voz la sacó de ese estado.
Valeria abrió los ojos.
—Mujer por amor de Dios, por favor no lo hagas —repitió la voz, esta vez más cerca—. Sea lo que sea lo que estés pasando, te juro que tiene solución. Todo en esta vida se puede arreglar menos eso, la huesuda amiga.
Valeria giró ligeramente la cabeza.Una mujer estaba a unos metros de ella, con el rostro pálido, los ojos llenos de preocupación. No parecía mayor que ella.
—No te acerques murmuró Valeria, o te juro que me tiró de una vez con la voz débil.
—No me acerco, tranquila respondió la mujer levantando las manos con cuidado. Solo quédate donde estás, ¿sí? No te muevas más.
El tono no era autoritario.Era sincero.
Casi desesperado.
—Mira continuó. Yo no sé qué te pasó, ni quién te hizo daño, pero créeme esto no es la solución.
Valeria tragó saliva.
—No hay solución susurró.
La mujer negó de inmediato.
—Claro que la hay respondió. A veces no la vemos, a veces duele tanto que parece que no existe solución pero está ahí siempre solo que no queremos verla, y vemos la salida facil.
Dio un pequeño paso, con cuidado.
—Solo… baja de ahí, ¿sí? Hablamos tranquilas.
Valeria no respondió.
El silencio se alargó unos segundos.
—Por cierto añadió la mujer, intentando suavizar el momento me llamo Susana Sousa tengo veinticinco años…y ahora mismo siento que me va a dar algo si no te bajas de ahí.
Valeria parpadeó.No esperaba eso.
—¿Y tú? —preguntó Susana—. ¿Cómo te llamas?
Valeria dudó.
Pero algo en la forma en que la miraba
La hizo responder.
—Valeria Cárdenas—dijo en voz baja.
Susana abrió los ojos con sorpresa.
—¿En serio? —dijo, intentando sonreír—. Mira qué casualidad tenemos la misma edad y tu nombre es muy bonito.
—Ven baja —insistió Susana, más suave—. Me tienes con los nervios de punta, de verdad.Valeria miró hacia abajo otra vez.
Luego miró a Susana.Su mente estaba en conflicto.Una parte de ella seguía queriendo dar ese paso.
Otra dudaba.
—No sé si puedo—murmuró.
—Sí puedes —respondió Susana de inmediato—. No tienes que hacer nada más que dar un paso hacia atrás. Solo uno y hace la diferencia en tu historia.
Valeria respiró hondo.
El aire le quemaba.
—Si me bajo nada va a cambiar —dijo.
Susana negó lentamente.
—No, Valeria sí cambia —respondió—. Porque seguirás aquí, vivita y coleando y no muerta con los gusanos comiéndote. Y mientras estés aquí hay oportunidad de que algo sea diferente.
El silencio volvió.
Pero esta vez no era igual.Valeria cerró los ojos por un momento.
Las palabras de Andrés.Las de Florencia.
El dolor.La humillación.
Todo estaba ahí.
Pero también esa voz, ruidosa de esa mujer que no la conocía.
Y aun así estaba ahí.
Por ella.
—No quiero seguir sintiendo esto, susurró, con la voz sensible.
Susana dio otro paso pequeño.
—Lo sé —dijo con suavidad—. Y no tienes que sentirlo sola.Esa frase...
La desarmó.Valeria abrió los ojos.
Y lentamente.Dio un paso hacia atrás.
Luego otro.
Sus manos seguían temblando.Pero ya no estaba en el borde.
Susana soltó el aire que llevaba conteniendo en sus pulmones de los nervios.
—Gracias a Dios… —murmuró.
Sin pensarlo mucho, se acercó despacio.
—¿Puedo? —preguntó, dudando.
Valeria no respondió.
Pero tampoco se apartó.Y eso fue suficiente.
Susana la abrazó.
No fue un abrazo fuerte.
Fue suave.Cuidadoso.
Como si temiera romperla.Y en ese momento.
Valeria dejó de resistir.
Se aferró a ella.Y comenzó a llorar como nunca.No como antes...Esto era diferente.
Era un llanto más profundo.Más real.
—No puedo más dijo entre sollozos—. Ya no puedo...
Susana no la soltó.
—Sí puedes , tu eres una mujer valiente susurró. Solo estás cansada, muy cansada, pero eso no significa que se acabó.
Valeria negó con la cabeza.
—No, tú no entiendes—dijo—. No soy suficiente para nadie, nunca lo fui...
Susana se separó un poco, lo suficiente para mirarla a los ojos.
—No digas eso —respondió. No permitas que alguien más decida cuánto vales y de lo que eres capaz.
Valeria bajó la mirada.
—Mi esposo —susurró—. Me engañó, me humilló, me hizo sentir que no valgo nada...
Las palabras salían entrecortadas.
Pero salían.
—Y la otra mujer —continuó—. Me dijo que soy poco, que estorbo...
Susana frunció el ceño.
—Entonces el problema no eres tú —dijo—. Son ellos.Valeria negó lentamente.
—No… —respondió—. Si fuera suficiente, él no habría buscado a otra, no me hubiera sido infiel...Susana tomó suavemente su rostro, obligándola a mirarla.
—Escúchame bien —dijo, seria—. Que alguien te falle no significa que tú fallaste. Que alguien no te valore no significa que no vales.
Valeria sintió que las lágrimas volvían.
—No sé qué hacer con mi vida —admitió.
Y esa fue la verdad más grande que había dicho.
Susana respiró hondo.
—Por ahora, no tienes que resolver todo —respondió—. Solo tienes que seguir aquí. Eso ya es suficiente.Valeria se quedó en silencio.
No sentía que alguien la estuviera juzgando.
Ni comparando.Ni haciéndola de menos.
—¿Y si todo vuelve a doler? —preguntó.
Susana sonrió con tristeza.
—Va a doler —dijo—. No te voy a mentir, pero no siempre va a ser así.Todo es un proceso , cada caída, es para levantarnos más fuerte que nunca..El viento volvió a soplar.
Pero ya no se sentía igual.Valeria miró hacia el puente una vez más.
Y luego,Se alejó un poco más.
Como si marcara una distancia.Como si eligiera,aunque fuera por ahora
seguir.
—Gracias —susurró.
Susana negó.
—No me agradezcas —respondió—. Mejor invítame un café, después de este susto me lo merezco.
Valeria soltó una pequeña risa.