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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

El comedor de la casa de Marco estaba lleno de risas y voces. Habían organizado la cena todos juntos, una de esas noches familiares donde se reúnen para celebrar sin motivo especial, solo por el gusto de estar juntos. Ottavia había llegado con Nereo, saludó a todos con naturalidad y se sentó a la mesa con la tranquilidad que ahora la caracterizaba. Hasta que la puerta se abrió y entraron: Elena del brazo de Beatrice, riendo juntas como si nada, como si esa mujer no hubiera destrozado su vida sin saberlo.

Ottavia sintió que la sangre se le helaba en las venas. Las manos se le apretaron sobre el regazo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Tenía las ganas de ponerse de pie, señalarla y gritar la verdad a todos: “¡Es ella! Es la amante de Nereo. La persona a la que mi hija llama amiga me traicionó con mi propio esposo”. Pero respiró hondo, una y otra vez, y se contuvo. Pensó en Lorenzo, en el plan que estaban construyendo paso a paso, en la paciencia que él le había enseñado a tener. —No ahora —se dijo a sí misma—. Aún no es el momento.

—¡Mamá, aquí estamos! —exclamó Elena acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla—. Te traje a Beatrice, como te dije. Espero que no te moleste que se siente con nosotros. No quería dejarla sola en su casa.

Ottavia levantó la vista lentamente y miró a Beatrice a los ojos. La joven se detuvo un instante, como si esa mirada la inquietara, pero luego sonrió con esa falsa naturalidad que ya le resultaba tan evidente.

—Buenas noches, Ottavia —dijo Beatrice con voz dulce y suave—. Gracias por recibirme. Sabes lo mucho que quiero a Elena. Para mí es como una hermana.

—Lo sé —respondió Ottavia con calma, sin apartarle la mirada—. Eso es lo que hace todo más importante, ¿verdad? La confianza. La lealtad. Lo que uno espera de las personas que quiere.

Beatrice parpadeó, levemente inquieta, y asintió bajando la mirada. —Sí… claro. Por supuesto.

Nereo, sentado al lado de Ottavia, no notó nada. Se levantó y le ofreció una silla a Beatrice con una sonrisa amable. —Siéntate, por favor. Eres bienvenida siempre que quieras. La familia de Elena es nuestra familia.

Ottavia lo miró de reojo y sintió lástima. Lástima por lo ciego que era, por lo poco que valoraba todo lo que tenía. Pero no dijo nada. Solo apretó los labios y esperó a que todos se sentaran.

La cena avanzó entre conversaciones y risas, pero para Ottavia cada minuto era una prueba de fuego. Veía a Beatrice reír, tocar la mano de Elena con cariño, hablar de planes futuros… y sentía el deseo de destrozar esa máscara que llevaba puesta. Pero entonces recordó las palabras de Lorenzo: “La paciencia no es debilidad, Ottavia. Es la mejor arma. La venganza que se construye en silencio duele mucho más que las palabras que se dicen en el calor del momento”. Y se mantenía firme.

—¿Estás bien, mamá? —le preguntó Elena en un momento, inclinándose hacia ella—. Estás muy callada. ¿Te sientes mal?

Ottavia le acarició el rostro con una sonrisa llena de amor y de tristeza a la vez. —Estoy bien, hija. Solo pensando en lo valioso que es tener a la familia reunida. Y en que hay que cuidarla mucho, porque una vez que se rompe… no es tan fácil de recomponer.

Beatrice, que estaba sentada frente a ella, se removió inquieta en su silla. —Eso es muy cierto —murmuró bajando la vista hacia su plato.

—Y lo curioso —continuó Ottavia con voz suave pero que llegó a todos los rincones de la mesa— es que uno nunca espera la traición de quien menos se lo imagina. Siempre pensamos que el peligro viene de afuera, cuando a veces está mucho más cerca. Tan cerca que lo tenemos abrazado y no nos damos cuenta.

Nereo la miró frunciendo el ceño. —Ottavia, qué cosas dices hoy. Pareces una profeta. Solo es una cena familiar. No hables de traiciones.

—No lo digo por nada en particular —respondió ella sosteniéndole la mirada—. Solo lo digo porque lo he aprendido. Y uno aprende a valorar la verdad cuando la mentira lo ha rodeado todo.

Hubo un silencio breve, incómodo, que nadie se atrevió a romper hasta que Marco soltó una broma y la conversación volvió a fluir. Pero Ottavia sabía que había dejado la semilla plantada. Beatrice estaba nerviosa. Nereo, aunque no entendía del todo, sentía que algo había cambiado. Y ella… ella esperaba con una paciencia nueva y firme.

Cuando terminaron de cenar y se despidieron, Ottavia se quedó de pie en la puerta viendo cómo se iban. Beatrice caminaba del brazo de Elena, y por un instante giró la cabeza y encontró la mirada de Ottavia. No hubo amenaza ni grito. Solo una mirada clara, serena, que le decía sin palabras: “Yo sé la verdad. Y tú sabes que algún día se sabrá”.

—¿Todo bien? —le preguntó Nereo acercándose a ella—. Te pusiste muy extraña ahí adentro.

Ottavia se giró hacia él y sonrió con una calma que lo desconcertaba. —Todo está bien. Mejor que bien. Porque ahora sé esperar. Y lo que se siembra con paciencia… se cosecha en el momento justo. No te preocupes, Nereo. Ya verás cómo todo se aclara.

Él asintió sin entender, y ella se quedó mirando hacia la calle, pensando en Lorenzo, en el plan que avanzaba en silencio, y en que la justicia no tiene prisa… pero siempre llega. Y cuando lo haga, será cuando menos se lo esperen.

—La miraste de una forma que me puso la piel de gallina —le dijo Elena en voz baja, cuando se quedaron solas un instante—. ¿Te cae mal Beatrice? ¿Hay algo que no me has dicho?

Ottavia le acarició el cabello con infinito cariño y le respondió con dulzura pero firmeza: —No se trata de que me caiga bien o mal, hija. Se trata de que aprendas a mirar más allá de las sonrisas. Las personas no siempre son lo que parecen. Y la confianza… hay que dársela solo a quienes la merecen de verdad.

—¿Y tú confías en ella? —insistió Elena, frunciendo el ceño.

—Yo confío en la verdad —respondió Ottavia con serenidad—. Y la verdad siempre sale a la luz, aunque tarde. No hay prisa. Lo que está oculto no puede permanecer así para siempre. Solo hay que saber esperar.

1
Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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