Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.
Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.
Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.
Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.
orden
- Ecos De Cenizas y Ónix
- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno
- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte
- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer
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El Retorno A La Mansión
La noche había caído por completo sobre el valle de Oakhaven, envolviendo la mansión Draconis en una penumbra densa, fría y silenciosa, apenas interrumpida por el parpadeo constante de las sombras proyectadas por los abetos. Cuando Onyx cruzó las pesadas puertas de roble, el aire del vestíbulo se sintió inmediatamente pesado, cargado con una electricidad invisible que anticipaba de manera inequívoca el profundo descontento de los patriarcas. En el estudio principal, Aethelgard y Nyxandra lo esperaban de pie junto al gran escritorio de caoba tallada, iluminados únicamente por el parpadeo irregular y amarillento de las viejas lámparas de queroseno. No necesitaban hacer preguntas directas; la alteración en el campo energético de su entorno y el rastro sutil, inconfundible, de la presencia humana que Onyx traía consigo eran pruebas irrefutables y contundentes de que el gran secreto del clan ya no pertenecía exclusivamente a su estirpe.
—Has cruzado formalmente el punto de no retorno —sentenció Nyxandra con voz gélida, afilada y cortante, dando un paso al frente mientras sus oscuros ojos brillaban con una furia contenida que amenazaba con desbordarse—. Sabías perfectamente cuáles eran las consecuencias directas de revelar nuestra verdadera naturaleza a una simple humana, y aun así elegiste conscientemente el camino de la insubordinación y la imprudencia.
—No tuve alternativa real —respondió Onyx con una firmeza inquebrantable, manteniendo la barbilla en alto frente a la autoridad absoluta de su creadora—. El cerco de sospechas y deducciones lógicas que ella estaba construyendo en el instituto era demasiado cerrado como para ignorarlo. Mantener la farsa por más tiempo habría sido un error estratégico infinitamente peor que la revelación misma.
Aethelgard levantó lentamente una mano pálida, ordenando silencio con un gesto imperioso antes de que Nyxandra pudiera replicar con más severidad. El patriarca caminó con paso medido hacia su hijo adoptivo, examinando su expresión pétrea con una paciencia milenaria que contrastaba con la tensión del ambiente.
—Las estrictas reglas de nuestro mundo no se establecieron por un simple capricho temporal, Onyx, sino por pura y dura supervivencia —comenzó Aethelgard con su voz profunda, un eco que resonaba en las paredes de piedra de la estancia—. El Consejo de Ancianos vigila implacablemente cada movimiento de los clanes en este continente. Si descubren que una humana ordinaria conoce nuestra existencia y que camina libremente sabiendo exactamente lo que somos, enviarán a los ejecutores antes de que termine el mes. No solo tu propia vida estará en juego, sino la de todos los que formamos esta familia y protegemos este legado.
—Me encargaré personalmente de que nada de eso ponga en riesgo al clan —replicó Onyx con una determinación férrea, cerrando los puños con fuerza—. Protegeré el secreto con mi propia existencia si es necesario, pero no me apartaré de su lado. Las decisiones que he tomado son definitivas e irrevocables.
En el umbral de la puerta, Kaelen y Vespera observaban la tensa confrontación en absoluto silencio. Sabían perfectamente que la tormenta que se avecinaba no provendría de los cazadores nómadas en el bosque, sino de la colisión inevitable entre las leyes ancestrales del mundo vampírico y la obstinación de un corazón que se negaba a aceptar la soledad eterna.
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