NovelToon NovelToon
HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2. LAS PRIMERAS INTRUSAS

La perspectiva de José

A los dieciséis años, José sentía que por fin tenía el control absoluto de su vida. Ya no era el niño de primaria que tenía que quedarse en el jardín de sus padres; ahora tenía su propio grupo de amigos, salía hasta tarde los fines de semana y, lo más importante, había empezado a llamar la atención de las chicas del instituto. Ese sábado por la tarde era un hito importante para él: había logrado convencer a Vanesa, una de las chicas más populares de cuarto de la ESO, para ir a su casa a "estudiar" un examen de historia en el porche trasero.

José se había pasado la mañana arreglándose el pelo, limpiando la mesa de la terraza y asegurándose de que el ambiente fuera perfecto. Lo único que empañaba su plan era saber que su hermana Laura y su inseparable vecina, Estela, andaban dando vueltas por la casa.

Ambas tenían ya once años. Ya no eran las bebés de cinco años que lloraban por historias de monstruos, pero para José seguían siendo el mayor incordio sobre la faz de la tierra. Especialmente Estela, que parecía haber desarrollado un talento natural para aparecer siempre en el momento menos oportuno con esa mirada desafiante que a él, por alguna razón que no lograba comprender, le ponía los nervios de punta.

—Por favor, Laura, te lo aviso una sola vez —le había dicho José a su hermana antes de que llegara su cita, señalándola con el dedo—. Vanesa viene a casa en diez minutos. No quiero verlas merodeando por el porche. Quédense en tu habitación o váyanse al parque, pero no me arruinen la tarde.

Laura se había limitado a encogerse de hombros con una sonrisa inocente, mientras Estela, sentada en la alfombra del pasillo, lo miraba de reojo sin decir una sola palabra, apretando un cojín contra su pecho.

Media hora después, el desastre comenzó. José y Vanesa estaban sentados en las sillas de mimbre de la terraza, compartiendo un refresco y hablando de cualquier cosa menos de los libros de historia. Vanesa se reía de sus chistes y José empezaba a ganar confianza, estirando el brazo sobre el respaldo de la silla de la chica. Fue entonces cuando un ruido ensordecedor interrumpió la atmósfera.

Un pelotazo tremendo impactó contra la barandilla de la terraza, haciendo que Vanesa diera un grito del susto. José se levantó de golpe, con el rostro encendido de rabia. En mitad del césped, Laura y Estela corrían detrás de un balón de fútbol gigante y ruidoso, riendo a carcajadas falsas.

—¡Vaya, lo siento, Josecito! —gritó Estela desde el jardín, usando ese diminutivo que él detestaba y mirándolo con una chispa de pura malicia en los ojos—. Se nos ha escapado la pelota. Es que somos muy malas jugando, ¿verdad, Lau?

—¡Váyanse a jugar a otra parte! —bramó José, apretando los puños.

Pero el calvario no terminó ahí. Cinco minutos después, las dos niñas se instalaron en la cocina, justo detrás de la gran cristalera que daba al porche. No hacían ruido, pero hacían algo peor: se pegaban al cristal, aplastando sus narices y haciendo muecas ridículas cada vez que Vanesa intentaba hablar con José. Estela, además, sostenía un cartel hecho a mano con rotulador rojo que decía: "José tiene mocos".

Vanesa, sintiéndose observada, incómoda y completamente ridícula en mitad de ese circo infantil, se levantó de la silla visiblemente molesta.

—Mira, José, mejor lo dejamos para otro día. Tus hermanas son insoportables —dijo Vanesa, recogiendo sus cosas a toda prisa y marchándose por el lateral de la casa sin despedirse.

José se quedó solo en la terraza, respirando agitadamente. Miró hacia la cristalera de la cocina, donde Laura y Estela celebraban chocando los cinco. Juró para sus adentros que esa misma noche hablaría con sus padres. Estela ya no era una cría sin maldad; era un maldito demonio de once años decidido a destrozarle la vida, y lo peor era que, por mucho que la odiara, su mirada fija desde el jardín se le quedaba grabada en la cabeza durante horas.

La perspectiva de Estela

Estela se dejó caer sobre el suelo de la cocina, riéndose a carcajadas junto a Laura mientras escuchaban el portazo de la verja del jardín que indicaba la huida definitiva de Vanesa. El corazón le iba a mil por hora, mezclando la adrenalina de la travesura con un profundo sentimiento de alivio que le devolvió el aire al cuerpo.

Tenía once años y sabía perfectamente que lo que acababa de hacer estaba mal, pero no le importaba en lo más mínimo. Durante las últimas semanas, ver a José regresar del instituto hablando de chicas, cuidando su ropa y luciendo tan guapo a sus dieciséis años, le provocaba un dolor insoportable en el estómago que no sabía cómo gestionar. Saber que esa chica, Vanesa, iba a pasar la tarde a solas con él en la terraza la había sumido en una crisis de celos absoluta. No podía permitirlo. No podía dejar que otra ocupara el lugar que ella, en sus sueños infantiles, creía que le pertenecía.

—¡Ha sido buenísimo! —exclamó Laura, secándose una lágrima de la risa—. Mi hermano se ha puesto completamente rojo. Parecía que iba a explotar.

—Se lo merece por estirado —respondió Estela, aunque por dentro la realidad era muy diferente.

Recordó el momento en que José se había levantado de la silla para gritarles por el pelotazo. Se veía tan alto, tan maduro, con esa voz que ya había cambiado por completo y se había vuelto profunda. A Estela se le había cortado la respiración al tener su mirada furiosa clavada directamente en ella. Prefería mil veces que la mirara con rabia a que no la mirara en absoluto. El cartel de "José tiene mocos" había sido idea suya, una infantil y desesperada estrategia para romper la tensión y hacer que esa chica estirada se diera cuenta de que José venía con un equipaje molesto.

—¿Crees que sospeche algo de por qué lo hacemos? —preguntó Estela con un hilo de voz, mirando hacia la puerta de la cocina, temiendo que José entrara en cualquier momento a reclamarles.

—¿José? Qué va —aseguró Laura con total confianza, sentándose a su lado—. Está convencido de que somos unas niñas pesadas que no tienen nada mejor que hacer. No te preocupes, Estela. Mientras yo esté aquí, ninguna de esas chicas del instituto se va a acercar a mi hermano. Tú eres la única que me cae bien para ser mi cuñada, aunque tengamos que esperar cien años a que él se dé cuenta.

Estela esbozó una pequeña sonrisa, pero el nudo en su garganta no desapareció. Miró sus propias manos, todavía pequeñas, y luego miró hacia el jardín a través del cristal. Sabía que la diferencia de edad seguía siendo un muro gigante. Él ya era casi un hombre y ella seguía atrapada en el cuerpo de una niña de primaria. Sin embargo, mientras veía a José recoger los libros de la mesa con brusquedad y un gesto huraño, Estela se prometió que seguiría siendo su peor pesadilla el tiempo que hiciera falta. Si sabotear sus citas era la única forma de mantenerlo soltero hasta que ella creciera, lo haría sin dudarlo un segundo.

1
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play