NovelToon NovelToon
LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Entre la Ruina y la Seda

La mansión de los De la Riva, que en otras épocas fuera el orgullo arquitectónico de San Pedro, se alzaba ahora bajo el cielo crepuscular como un esqueleto de piedra que se resistía a morir, asfixiado por la hiedra y el olvido de una sociedad que no perdona la caída. Al cruzar el umbral, Clara sintió cómo el aire viciado de las paredes desconchadas se le filtraba por los huesos; era un frío húmedo que nada tenía que ver con el clima tropical del puerto, sino con el aroma agrio de la pobreza que intenta, desesperadamente, disfrazarse de dignidad. Los marcos de los cuadros, vacíos porque las obras maestras habían sido vendidas pieza a pieza para pagar las deudas de juego de su difunto padre, colgaban de las paredes como bocas abiertas que gritaban su miseria al silencio de los pasillos.

—¡Es una insolencia intolerable, madre! —estalló Clara, lanzando su sombrilla sobre un sofá de terciopelo raído cuyo color original se había perdido bajo décadas de polvo—. Ese hombre... ese animal me ha mirado de una forma que no puedo describir sin sentir que me quema la piel. ¿Has visto sus manos? Eran garras curtidas por la violencia. Y ese apodo... "Satán". Solo un ser carente de toda moral llevaría un nombre así con semejante orgullo ante el mundo.

Clara caminaba de un lado a otro, sus pasos resonando en el suelo de mármol agrietado. Su pecho subía y bajaba con agitación. Por dentro, se sentía confundida; su naturaleza era noble, dedicada a ayudar a los desprotegidos del barrio de los pescadores, pero aquel encuentro en el muelle la había descolocado por completo. La presencia de Luis era tan abrumadora, tan cargada de una energía masculina y salvaje, que su primera reacción había sido levantar un muro de frialdad y desprecio para protegerse de algo que no comprendía: la atracción involuntaria hacia un hombre que representaba todo lo opuesto a su mundo de orden y sacrificio.

La Condesa se dejó caer en un sillón orejero, cerrando los ojos con un suspiro que pareció arrastrarle los últimos restos de esperanza. Sus dedos, delgados y pálidos como el marfil, acariciaron mecánicamente el escudo de armas bordado en su pañuelo de encaje.

—Ese "animal", como tú lo llamas con tanta ligereza, Clara, posee más oro en un solo dedo que nosotros en los cimientos de esta casa —dijo la Condesa con una voz cargada de una fatiga mortal—. Las deudas no esperan a que aparezca un príncipe de modales refinados. El banco vendrá la próxima semana, y si no pagamos los intereses, terminaremos en la calle, mendigando con nuestro apellido como única y miserable manta. Él es nuestra única salida, aunque su alma esté tan oscura como su nombre sugiere.

Clara se detuvo frente a un espejo empañado por la humedad, observando su propio reflejo con una mezcla de horror y fascinación. Su piel, de una blancura casi sobrenatural que recordaba a la luz de la luna sobre el mar calmo, resaltaba violentamente contra las sombras del salón. Se tocó las mejillas, sintiendo aún el calor de la mirada de Luis. Nunca nadie la había mirado con esa mezcla cruda de adoración y desafío, como si ella fuera un tesoro que él estuviera dispuesto a conquistar por la fuerza.

***

Mientras tanto, en la suite más lujosa del Hotel Imperial, la atmósfera era un hervidero de actividad contenida y tensión. Luis Satán permanecía de pie frente a un ventanal de cristal soplado que daba al puerto, observando cómo su barco, el "Vengador", se mecía en las aguas oscuras como una bestia dormida. A su espalda, tres hombres trabajaban con una mezcla de eficiencia profesional y terror absoluto.

El sastre, un francés de gestos nerviosos llamado Monsieur Dupont, medía la amplitud de los hombros de Luis con una cinta métrica que parecía un hilo dental en comparación con la imponente espalda del marinero. Luis no tenía cicatrices físicas, su piel era un lienzo de bronce liso y perfecto, pero sus "marcas en el alma" se manifestaban en la rigidez de su postura y en la frustración que emanaba de cada uno de sus poros.

—¡Ten cuidado con lo que haces con esos alfileres! —gruñó Luis cuando sintió el roce del metal—. No tengo paciencia para estas ceremonias de petimetres. Haz que este traje sea perfecto, que no restrinja mis movimientos, o te aseguro que conocerás el sabor del agua de puerto antes de que termine la noche.

—Sí, Monsieur... será una obra maestra, se lo aseguro —tartamudeó el sastre, ajustando una tela de seda negra de Lyon sobre el torso musculoso que amenazaba con reventar las costuras incluso antes de ser terminadas.

El barbero trabajaba con manos temblorosas pero expertas sobre la melena de Luis. Había recibido órdenes estrictas: no se cortaría ni un solo centímetro de aquel cabello oscuro que era la marca de su libertad. En lugar de eso, lavó la cabellera con aceites esenciales de sándalo, mirra y cítricos, desenredando con infinita paciencia cada nudo formado por el salitre y las noches de tormenta. Con una destreza asombrosa, peinó el cabello hacia atrás, despejando la frente ancha y noble de Luis, y lo recogió en una coleta baja sujeta con una cinta de seda negra. El resultado era impactante: el rostro de Luis, con su mandíbula marcada y sus ojos profundos, destacaba ahora con una elegancia peligrosa.

Luis se miró en el espejo de cuerpo entero por primera vez desde que bajó del barco. Apenas se reconoció. El hombre que le devolvía la mirada seguía teniendo esa estatura colosal y esos músculos de acero, pero el traje de paño fino, la camisa de batista blanca con chorreras de encaje y el chaleco de brocado oscuro le daban una presencia de soberano. Sus manos grandes, ahora limpias de brea y con las uñas impecables, descansaban sobre sus muslos con una calma forzada.

—Sigo siendo el mismo demonio —murmuró Luis, tocando el cuello rígido de su camisa—. Solo que ahora el demonio ha aprendido a vestirse de seda para engañar a los ángeles.

Sentía una presión en el pecho que ninguna prenda cara podía aliviar. Era la frustración de saber que, aunque vistiera como un rey, por dentro seguía siendo el niño que creció despreciado, el hombre que tuvo que usar sus puños para que el mundo no lo aplastara.

—Ella no se fijará solo en el paño —pensó Luis, apretando los dientes mientras recordaba la dulzura que Clara mostraba con los pobres en el puerto, esa faceta noble que él empezaba a vislumbrar—. Se fijará en el hombre. Y si quiero que deje de llamarme "basto", tendré que arrancar cada rastro de "Satán" de mi lenguaje, aunque eso me duela más que una tormenta en alta mar.

Se giró hacia Gómez, su fiel segundo, que lo observaba desde la puerta con la boca abierta.

—Mañana iré a esa mansión, Gómez. Pero no iré como el capitán que reclama una deuda. Iré como el hombre que va a rescatar a una Condesa de su propia ruina, aunque ella me odie por ser el único capaz de hacerlo. Averigua todo sobre sus acreedores. Mañana, Clara de la Riva conocerá a un Villalobos, aunque yo sea el primero en mi estirpe en portar el apellido con honor.

1
Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play