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EL GLACIAR Y LA SALSA

EL GLACIAR Y LA SALSA

Status: Terminada
Genre:Comedia / Mujer poderosa / Romance de oficina / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA SOMBRA DEL PASADO

​El fin de semana había sido un paréntesis de ensueño en la vida de Ariadna Riquelme. Pero el lunes, con su implacable puntualidad, llegó para reclamar su realidad. Ariadna, la CEO de acero, se despertó con una sensación de plenitud que nunca antes había experimentado. El recuerdo de Jonh, su pasión, su ternura, su risa contagiosa, la envolvió como una caricia cálida. Se levantó de la cama, tarareando una canción de salsa, y se vistió con un elegante vestido ajustado de color marfil, sin mangas, que realzaba su figura. Unos zapatos de tacón de doce centímetros completaban el outfit.

​Al llegar al Corporativo Riquelme, la atmósfera era vibrante. El "Viernes de Salsa" había dejado una huella imborrable en la empresa, y el buen humor era contagioso. Ariadna, con una sonrisa radiante, se dirigió a su oficina en el piso 50.

​Todo parecía perfecto. Pero a las tres de la tarde, una llamada telefónica interrumpió su tranquilidad. En el identificador de llamadas apareció un nombre que no había visto en diez años: "Elena". Elena, su prima, la mujer que había destrozado su corazón y su confianza, la mujer que había intentado robarle su empresa y su vida.

​Ariadna, con el corazón latiéndole con fuerza, contestó la llamada. La voz de Elena, suave y melosa, resonó en el auricular.

​—¡Hola, primita! —dijo Elena, con un tono cínico y burlón—. ¿Cómo estás? Me he enterado de muchas cosas sobre ti. Parece que te has vuelto a divertir.

​Ariadna, con la voz temblorosa por la rabia y la indignación, no pudo articular palabra.

​—¿Qué pasa, Ariadna? ¿Te has quedado muda? —continuó Elena—. He vuelto a la ciudad, y tengo muchas ganas de verte. Quiero recuperar el tiempo perdido. Y quiero recuperar lo que es mío.

​Ariadna, con un esfuerzo sobrehumano, colgó el teléfono. Se quedó sentada en su escritorio, con la mirada perdida. El mundo perfecto que había construido con Jonh se tambaleaba. El pasado, oscuro y doloroso, había vuelto para atormentarla.

​Pasó toda la tarde con mal humor. Sus asistentes, acostumbradas a la CEO de acero, no sabían cómo acercarse a ella. Daniela Padrón, con su intuición habitual, trató de hablar con ella, pero Ariadna la rechazó con un gesto cortante.

​A las seis de la tarde, Ariadna bajó al estacionamiento. Jonh la estaba esperando con una sonrisa radiante, apoyado en su viejo sedán americano. Pero cuando vio la cara de Ariadna, pálida y desencajada, su sonrisa se borró.

​—¡Mi amor! —exclamó Jonh, con voz asustada, corriendo hacia ella—. ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?

​Ariadna, sin decir una palabra, se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza. Jonh la sostuvo, acariciando su cabello con ternura.

​—Vamos a casa —susurró Ariadna, con voz rota—. Allá te cuento.

​Durante el trayecto, Jonh manejaba con una mano, mientras que con la otra le acariciaba la pierna a Ariadna, tratando de transmitirle calma. El silencio en el coche estaba cargado de tensión.

​Al llegar al apartamento de Ariadna, en el piso 50, con la vista impresionante de la ciudad que tanto amaban, se sentaron en el sofá. Ariadna, con la mirada fija en el horizonte, le contó a Jonh lo que le había pasado hace diez años con su prima Elena.

​—Elena siempre había sido celosa de mí —comenzó Ariadna, con voz temblorosa—. Éramos uña y carne, hasta que un día, cuando teníamos veinte años, conocí a un chico. Nos enamoramos perdidamente. Pero Elena, con su ambición desmedida, empezó a seducirlo. Él, cegado por su belleza y su encanto, cayó en sus redes.

​Ariadna hizo una pausa para respirar profundamente. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

​—Me enteré de todo el día de mi boda. Elena y él… estaban juntos en nuestra habitación. Me destrozó. No solo perdí al hombre que amaba, sino que también perdí a mi prima, a mi mejor amiga. Y por si fuera poco, Elena trató de desacreditarme en la empresa, de arruinar mi reputación y mi carrera. Pasé meses sumida en una profunda depresión. Construí una coraza de hielo alrededor de mi corazón, jurando que nunca más permitiría que nadie me hiciera daño. Me volví fría, calculadora, perfeccionista. Hasta que llegaste tú, Jonh. Tú rompiste mi coraza. Tú me enseñaste a amar de nuevo. Pero ahora… Elena ha vuelto. Y tengo miedo. Miedo de que vuelva a destruir mi vida. Miedo de que te haga daño a ti.

​Jonh, con el rostro lleno de rabia y compasión, abrazó a Ariadna con fuerza. Besó sus lágrimas, una por una.

​—¡Mi amor! —exclamó Jonh, con voz grave y tierna—. Nadie te volverá a hacer daño. Elena no tiene poder sobre ti. Eres una mujer fuerte, valiente y maravillosa. Y yo estoy aquí. No te dejaré sola. Nos enfrentaremos a ella, juntos. Y si intenta hacerte daño… se las verá conmigo. Y créeme, no quieres ver al Músculo de Oro enfadado.

​Ariadna, con el corazón lleno de amor y gratitud, se acurrucó en los brazos de Jonh. Se sentía protegida, amada, invencible. El pasado, con su sombra oscura, ya no tenía poder sobre ella. Porque ahora, en el presente, tenía a Jonh. Y juntos, eran capaces de conquistar cualquier desafío. La auditoría de su vida había arrojado un resultado definitivo: el amor era el activo más valioso de todos, y ella, finalmente, había aprendido a invertir en él. Elena, con su cínica burla, no era más que una sombra del pasado, una sombra que se disiparía ante el fuego abrasador de su amor.

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