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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3

 

—Xime, te lo digo en serio —Renata iba caminando a su lado, todavía molesta—. Patricia anda insoportable porque el viejo con el que se metió la dejó. Encima la obligó a abortar. Perdió por todos lados y ahora no sabe con quién desquitarse. Tú tómala como loca y ya.

 

Ximena ni siquiera levantó la ceja.

 

Las mujeres que querían destruir hogares ajenos, creyendo que un embarazo les compraba lugar de esposa, rara vez terminaban bien.

 

—Se lo merece.

 

—¿A quién le dices eso?

 

Patricia Galván apareció con varias seguidoras detrás.

 

Ximena sonrió.

 

Había gente que encontraba dinero en la calle.

 

Patricia encontraba insultos y los recogía feliz.

 

—A quien pregunte.

 

Patricia se puso roja.

 

—Ximena Salcedo, pobre heredera de quinta. Te haces la fina, miras a todos por encima, ¿y qué eres? Una cualquiera trepada a un viejo con dinero.

 

—¿Y tú con qué ojo viste que Ximena se metió con un viejo? —Renata se adelantó, furiosa—. No hables de lo que no sabes.

 

Patricia la miró de arriba abajo.

 

—¿Y tú quién eres? ¿Su defensora? Das pena. Ni siquiera vales lo suficiente para que discuta contigo.

 

—¿Qué dijiste? —Renata se arremangó—. Patricia, de tanto aborto te quedó mal la cabeza. Repite eso y te arranco la lengua.

 

—Ya, Renata.

 

Ximena la tomó del brazo.

 

—¿Para qué discutes con alguien así? Te baja el nivel. Vámonos.

 

Renata todavía quería pelear, pero Ximena la jaló antes de que la cosa creciera.

 

Patricia y sus amigas siguieron gritando al aire hasta que se cansaron.

 

—Es una imbécil —dijo Renata, sin soltar el coraje.

 

—Si sabes que es una imbécil, ¿para qué compites? ¿Quieres ver quién gana el primer lugar?

 

Renata resoplo.

 

Patricia llevaba mucho tiempo odiando a Ximena. Si Ximena quisiera tomárselo personal, podía tirarla al piso con una patada. No por nada había ganado torneos de taekwondo en la ciudad.

 

Pero no valía la pena.

 

No era bondad.

 

Era no regalarle tiempo a quien no importaba.

 

Cuando Ximena regresó a la residencia Alcázar, se encontró con Darío en la entrada.

 

—Tío Darío —saludo con educación.

 

La educación todavía la tenía.

 

Darío la recorrió con la mirada desde el cabello hasta los zapatos.

 

Ximena sintió incomodidad inmediata e intento rodearlo para subir.

 

Él se movió y le bloqueó el paso.

 

—¿Qué significa esto? —preguntó ella, frunciendo el ceño.

 

Darío sonrió.

 

Ximena tenía una belleza luminosa. Cuando sonreía, los hoyuelos en las mejillas le daban una dulzura que podía engañar a cualquiera.

 

Era justo su tipo.

 

Si Héctor estuviera sano, Darío jamás se habría atrevido.

 

Pero Héctor era un vegetal.

 

Darío estiró la mano hacia su cara.

 

Ximena retrocedió de inmediato.

 

—¿Qué haces?

 

—No te asustes. Solo vi que tenías mala cara. ¿No dormiste bien anoche?

 

Ximena apretó los labios con asco.

 

¿Desde cuándo el tío de su esposo tenía derecho a preguntarle cómo había dormido?

 

—Dormí perfectamente. Si no necesita nada más, voy a acompañar a Héctor.

 

Dio un paso, pero Darío la tomó del brazo y la jalo de vuelta.

 

—¿Cuál es la prisa? Héctor está acostado. No se va a ir a ningún lado. Platica conmigo para que pueda conocerte mejor.

 

Ximena se puso alerta.

 

—No creo que sea necesario.

 

—Te casaste con Héctor cuando ya estaba así. El título de señora Alcázar suena bonito, pero ese hombre tal vez nunca despierte. Mejor ven conmigo. Yo sí puedo enseñarte lo divertido que puede ser mujer.

 

La sonrisa de Darío era lenta, pegajosa, repugnante.

 

Ximena levantó la barbilla.

 

—¿Estás intentando ponerle los cuernos a tu propio sobrino en su propia casa? Que poca.

 

Darío avanzo otro paso.

 

Ella retrocedió dos.

 

—No te acerques, o...

 

—¿O qué?

 

Él no veía peligro en una muchacha.

 

Ximena murmuró:

 

—Entonces buscaste esto.

 

Levantó la pierna y le dio una patada directa.

 

Darío salió hacia atrás y cayó al suelo con un quejido.

 

—¡Maldita! —se levantó, furioso—. ¿Te atreviste a pegarme? Ahorita vas a ver.

 

Fue hacia ella.

 

Ximena corrió hacia la salida y chocó de frente con Lourdes, que venía entrando.

 

—Mamá, ¿está bien?

 

Lourdes la sostuvo del brazo.

 

—¿Que paso? ¿Por qué corres así?

 

—¡Ximena, detente!

 

Darío apareció detrás.

 

Ximena se abrazó a Lourdes con cara de susto.

 

—Mamá, el tío Darío...

 

Darío perdió todo el impulso al ver a Lourdes.

 

—Cu... cuñada. Ya volvió. Fue un malentendido, nada más.

 

Lourdes lo miró con una calma que daba más miedo que un grito.

 

—Darío, Héctor aún no despierta, pero eso no significa que su esposa pueda ser molestada por cualquiera. Si vuelvo a saber qué buscas problemas con Ximena, no lo voy a dejar pasar.

 

—No, como cree. Somos familia. ¿Cómo voy a molestarla? Usted entendió mal.

 

—Más te vale.

 

Aunque su esposo había muerto y su hijo seguía en coma, Lourdes conservaba su lugar en esa casa.

 

Darío no se atrevió a contestar.

 

Tal vez porque Ximena parecía asustada, Lourdes la llevó de regreso al cuarto y la calmo con paciencia.

 

—Mientras yo esté aquí, nadie en esta casa puede lastimarte. Yo voy a protegerte.

 

Le palmeó la mano.

 

Luego se quitó la pulsera de esmeraldas que llevaba en la muñeca y se la puso a Ximena.

 

—Usa esto para que se te pase el susto.

 

Ximena miró la pieza.

 

El color era limpio, profundo. Carísimo.

 

—Mamá, esto vale demasiado. No puedo aceptarlo.

 

Lourdes le sostuvo la mano para que no se lo quitara.

 

—Lo mío será tuyo. Cuando Héctor despierte, toda la familia Alcázar también será tuya. No seas tan formal conmigo.

 

Con esas palabras, rechazarlo habría sido grosero.

 

Ximena sonrió.

 

—Gracias, mamá.

 

Su suegra era generosa.

 

Una pulsera de siete cifras entregado como si fuera una pulsera cualquiera.

 

Eso, por lo menos, le bajó un poco el rechazo que sentía por esa casa.

 

—Voy a acompañar a Héctor.

 

—Ximena —la llamo Lourdes antes de que entrara—. Sé que sabes algo de medicina. Si no estás muy cansada, hazle la terapia de electro estimulación a Héctor.

 

La esperanza en su voz era demasiado clara.

 

Ximena sintió un nudo pequeño en el estómago.

 

Sus habilidades no eran magia. No sabía cómo Ernesto había logrado venderla como una joven genio de la medicina. Lourdes, seguramente desesperada, lo había creído.

 

—Sí, mamá.

 

Al volver al cuarto, Ximena respiró hondo dos veces.

 

Héctor seguía tan quieto como siempre.

 

Ella se quitó la pulsera con cuidado y lo guardo.

 

Si algún día Héctor despertaba y la echaba de esa casa, aquella pieza podría pagar el tratamiento de Leo.

 

Volvió a respirar.

 

Desde que Ernesto había cambiado a Leo de hospital el año anterior, ella no había podido verlo.

 

No sabía si comía bien.

 

No sabía si alguien lo cuidaba.

 

Miró al hombre de la cama.

 

—No sé si tu mamá cumple lo que promete. Ya me casé contigo y todavía no me ha dicho a donde van a mandar a mi hermano.

 

Se acercó un poco.

 

—La familia Alcázar no va a romper el acuerdo, ¿verdad?

 

Héctor no respondió.

 

—Tu mamá no parece mala. Además, es bastante generosa. Esta pulsera vale una fortuna y me lo puso en la mano como si nada.

 

Ximena soltó una risa baja.

 

—La verdad, me da pena aceptarlo. Pero tengo que pensar en el futuro. También sería feo herir sus sentimientos.

 

Silencio.

 

El cuarto seguía igual.

 

—Bueno. Hablar contigo es desperdiciar saliva.

 

Tomo su pijama y entro al baño.

 

Mientras se duchaba, su celular, dejado sobre la mesa lateral, no dejo de vibrar.

 

Cuando salió, tenía más de diez llamadas perdidas.

 

Algunas de números desconocidos.

 

La mayoría eran de Renata.

 

Ximena marcó de inmediato.

 

—¿Que paso, Renata?

 

La voz de su amiga llego rota por el llanto.

 

—Xime, ven al hospital. Mi hermano... mi hermano se va a morir. Ven, por favor.

 

—¿Que le paso? ¿En qué hospital estas? Respira y dime despacio.

 

—En el Hospital Central. Se golpeó la cabeza, se rompió una pierna, no se... dicen que todo está mal. Ven, Xime.

 

Ximena colgó, tomó un abrigo y salió corriendo.

 

Tomás subía con un tazón de sopa dulce cuando casi chocaron.

 

—Señora Ximena, ¿a dónde va con tanta prisa?

 

Ximena se hizo a un lado sin detenerse.

 

—Mi amiga tuvo una emergencia. Tengo que ir al hospital.

 

—Vaya con cuidado.

 

Tomás miró el tazón en sus manos y suspiro.

 

La sopa se había quedado sin dueña.

 

En el Hospital Central, Renata estaba sentada frente a urgencias, llorando con todo el cuerpo.

 

Cuando vio a Ximena, se lanzó a sus brazos.

 

—Xime, ¿crees que mi hermano se muera?

 

—No va a pasar eso. Tranquila. Dime qué ocurrió.

 

Renata hipaba entre palabras.

 

—No sé. Me llamaron del hospital. Escuche a los doctores decir que el coche de Santiago chocó contra una barrera y se volteo.

 

—Ya, ya. Va a estar bien.

 

Ximena le acaricio la espalda mientras miraba la luz roja de urgencias.

 

Poco después, la puerta se abrió.

 

Una enfermera salió empujando a un hombre joven en silla de ruedas.

 

Tenía la cabeza vendada, un brazo inmovilizado contra el pecho y una pierna enyesada. Parecía muy golpeado, pero no al borde de la muerte.

 

Su mirada cayó primero en Ximena.

 

Con esfuerzo, sonrió.

 

—Viniste.

 

Renata le quitó la silla a la enfermera, entre enojada y preocupada.

 

—Tus ojos solo ven a Ximena, ¿verdad?

 

—Un familiar tiene que pasar a pagar —dijo la enfermera, entregándole una hoja.

 

Renata le pasó la silla a Ximena sin pensarlo y corrió a la caja.

 

Ximena comenzó a empujar a Santiago hacia la habitación.

 

El silencio entre los dos se volvió raro.

 

Demasiado raro.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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