Alexander Sterling Blackwood lo tiene todo: poder, una fortuna incalculable y el control absoluto de un imperio empresarial. Es el Alfa dominante más poderoso del país, pero también el más solitario. Desde la noche en que su esposo murió en un trágico accidente de tránsito, su mundo se tiñó de gris. Para sobrevivir al dolor, Alexander congeló sus instintos, sepultó su aroma a madera de sándalo quemada y whisky, y se escondió detrás de una armadura de hielo y supresores, convirtiéndose en una “sombra" fría que mantiene a todos a distancia… incluido a su hijo Alistair, de apenas cinco años, un cachorro omega que crece en el silencio de una mansión vacía, ansiando desesperadamente un abrazo de su padre.
Liam Miller es un Omega puro que solo busca un empleo estable para reconstruir su vida. Tras sufrir la dolorosa traición de su exnovio, quien lo engañó con su mejor amigo, Liam llega a la imponente Mansión Sterling con el corazón lastimado, pero con la firme intención de salir adelante.
NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3: El refugio de lavanda
El espejo del baño del hotel no le hacía justicia a los nervios que carcomían a Liam. Se había esmerado en planchar su mejor camisa blanca con las manos y se había asegurado de que su cabello castaño estuviera perfectamente peinado. No podía permitirse parecer un omega derrotado, no hoy. Su cuenta bancaria estaba al límite y la Mansión Sterling era su única balsa de salvación.
Antes de salir, aplicó un poco de bloqueador de aroma neutro en su cuello. Al ser un omega puro, sus feromonas tendían a ser muy intensas cuando estaba ansioso, y lo último que quería era abrumar a las personas que iban a entrevistarlo.
Cuando el taxi se detuvo finalmente ante las colosales rejas de hierro de la propiedad Sterling, a Liam se le cortó la respiración. Si el anuncio impreso imponía respeto, ver la mansión en persona era intimidante. Era una obra maestra de la arquitectura, gigantesca y rodeada de jardines perfectamente podados, pero carente de vida. No había flores de colores, no había movimiento. Todo en ese lugar gritaba opulencia, pero también un profundo y sepulcral aislamiento.
Liam tragó saliva, apretó su carpeta con el currículum contra el pecho y caminó hacia la imponente entrada principal.
—Usted viene a la entrevista joven—lo recibió una mujer beta de mediana edad, vestida con un uniforme pulcro y cabello recogido en un moño impecable—. Soy la señora Greyson, el ama de llaves y administradora de la mansión. Pase, por favor.
El interior era aún más abrumador. Pisos de mármol negro pulido, techos altos que hacían eco de cada pisada y una decoración minimalista y fría. Mientras caminaban hacia una pequeña oficina, la señora Greyson observaba a Liam de reojo, evaluándolo.
—¿Cuál es su nombre joven?—
— Me llamo Liam Miller—.Respondió Liam
—El puesto de cuidador para el joven Alistair exige una responsabilidad absoluta, Liam —explicó la mujer una vez que se sentaron—. Buscamos a alguien que resida aquí, que sea discreto y que no perturbe la paz de la casa. El señor Sterling es un hombre sumamente ocupado y con una tolerancia cero hacia los ruidos o los escándalos. Su prioridad es el bienestar de su hijo, pero prefiere no involucrarse en el día a día. ¿Tiene experiencia con cachorros?
—No de manera profesional, señora Greyson —respondió Liam, sosteniendo la mirada con honestidad, aunque su voz tembló un mínimo—. Pero tengo un instinto muy arraigado hacia el cuidado y la protección. Sé lo que es sentirse solo y desprotegido, y le aseguro que si me da la oportunidad, el pequeño Alistair jamás volverá a sentirse de esa manera. Además, busco estabilidad a largo plazo. No tengo lazos externos que me aten ni me distraigan de mi deber.
La señora Greyson miró el currículum de Liam y luego lo miró a él. Hubo algo en la mirada limpia y decidida del joven omega que le ablandó el corazón. En ese momento, debido a la tensión del momento, el bloqueador de aroma de Liam falló un poco, dejando escapar una sutil e involuntaria ráfaga de lavanda fresca y miel.
—Vaya... —susurró la señora Greyson, parpadeando, sorprendida por las palabras de Liam—Acompáñame, quiero que conozcas a alguien antes de tomar una decisión.
Liam la siguió por los pasillos hasta llegar a una gran habitación en la planta baja: el cuarto de juegos. Al abrir la puerta, la escena le oprimió el corazón. En una esquina de la enorme habitación gris, sentado sobre una alfombra, estaba un niño pequeño. Vestía ropas finas pero oscuras y abrazaba sus rodillas mientras miraba un coche de juguete sin moverlo. Alistair olía a vainilla natural y leche, pero era un olor extrañamente rancio, una fragancia infantil marchita por la falta de afecto.
La señora Greyson se quedó en el umbral. Liam, guiado puramente por su naturaleza de omega , no avanzó con prisa para no asustar al cachorro. En lugar de eso, caminó despacio y se sentó directamente en la alfombra, a un par de metros de distancia del niño, poniéndose a su altura.
—Hola, Alistair —dijo Liam en un susurro dulce, ofreciéndole una sonrisa cálida—. Me llamo Liam. Qué coche tan bonito tienes ahí. ¿Es de carreras?
El niño se tensó y lo miró con desconfianza a través de sus pestañas oscuras. Nadie en esa casa, salvo la señora Greyson, le hablaba con esa dulzura. Sin embargo, el instinto de Liam hizo lo suyo: dejó que su aroma a lavanda y miel fluyera libremente, inundando el cuarto de juegos.
El cachorro parpadeó. Sus pequeñas fosas nasales se movieron instintivamente, absorbiendo la calidez de la lavanda. Para un niño omega que llevaba cinco años viviendo en un palacio de hielo, ese aroma fue como recibir un abrazo invisible pero sumamente cálido. El miedo en los ojos de Alistair se disolvió.
Lentamente, el niño soltó sus rodillas. Con movimientos tímidos, arrastró el cochecito por la alfombra hasta dejarlo justo frente a Liam. No habló, pero levantó la vista buscando aprobación.
—¡Vaya, sí que es rápido! —exclamó Liam con una risita suave, tomando el juguete con delicadeza y haciéndolo rodar—. ¿Me enseñas cómo funciona el motor?
Alistair asintió levemente y se acercó un poco más a Liam, buscando de manera inconsciente la cercanía de esa fuente de calor y paz. La señora Greyson, observando desde la puerta con los ojos ligeramente cristalizados, no necesitó ver más. En cinco minutos, ese muchacho desconocido había logrado más conexión con el niño que cualquier tutor de prestigio en años.
Minutos después, Liam salió al pasillo mientras el niño se quedaba jugando más animado. La señora Greyson lo miraba con una enorme sonrisa de alivio.
—El trabajo es tuyo, Liam Miller —declaró el ama de llaves con firmeza—. Alistair te ha aceptado, y eso para mí es más que suficiente. El sueldo será el doble de lo acordado en el anuncio debido a tu condición de residencia permanente. Puedes mudarte mañana mismo. Te asignaremos una habitación contigua a la del niño en el ala este.
A Liam le dio un vuelco el corazón. La felicidad y el alivio lo inundaron con tanta fuerza que sintió ganas de llorar.
—Muchas gracias, señora Greyson. No se va a arrepentir, se lo prometo.
—Solo una última advertencia, Liam —dijo la mujer, volviendo a adoptar un tono serio—. El señor Sterling suele regresar muy tarde y no le gusta cruzarse con el personal.
Mientras te mantengas en el ala este con el niño y no interfieras en su camino, todo estará bien. No busques al Alfa de esta casa, porque solo encontrarás hielo.
Liam asintió, seguro de sí mismo. Él no iba por el gran magnate; iba por el cachorro que necesitaba amor. Sin embargo, mientras abandonaba la propiedad para ir a recoger sus maletas al hotel, Liam no podía quitarse de la cabeza la inmensidad de esa casa. Mañana empezaría su nueva vida, una vida donde por fin tendría un refugio, sin sospechar que su sola presencia estaba a punto de derretir el invierno del Alfa más poderoso del país.