Estaré subiendo capítulos diario y es una historia corta sin muchas complicaciones y personajes
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CAPITULO 3
Evelyn sabía que para que su plan funcionara, necesitaba el respaldo total del Duque de Belmont.
En este mundo, una mujer soltera de la alta nobleza rara vez se involucraba en el comercio, pero ella no era una mujer común; era una experta en vender imágenes y sueños.
Esa noche, durante la cena, el ambiente era tranquilo. Su padre, el Duque, la observaba con una mezcla de asombro y orgullo.
Estaba feliz de ver a su hija finalmente libre de los colores estridentes y de la melancolía por Lord Julian.
—Padre, madre —comenzó Evelyn, dejando su cubierto de plata con delicadeza sobre el mantel de lino—. He estado reflexionando sobre el futuro de nuestra casa.
Poseemos las minas más ricas del reino, pero nuestra influencia se limita a la materia prima. Quiero diversificar.
El Duque arqueó una ceja, intrigado. —¿Diversificar? ¿A qué te refieres, Lottie?
—Quiero abrir un establecimiento —declaró con seguridad—.
Pero no cualquier tienda.
Un templo del paladar. Una Pâtisserie de lujo. Usaremos el azúcar y el cacao como si fueran joyas.
Si el nombre de Belmont ya es sinónimo de riqueza, ahora será sinónimo de exclusividad y sofisticación.
Su madre, la Duquesa, pareció preocupada.
—Pero querida, ¿una dama de tu rango en los negocios?
La sociedad hablará.
Evelyn sonrió con esa confianza magnética que solía deslumbrar a los directores de cine.
—Madre, la sociedad siempre habla.
Pero prefiero que hablen de mi éxito y de lo exquisitos que son mis postres, a que hablen de cómo fui humillada por un Marqués de segunda categoría.
Además, no seré una tendera; seré la visionaria. El mundo vendrá a nosotros.
El Duque, viendo el fuego en los ojos de su hija, golpeó la mesa con entusiasmo. —¡Tienes el espíritu de tu abuelo! Tienes mi apoyo y el capital que necesites.
Si mi hija quiere endulzar el reino, el reino se lamerá los dedos.
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Las siguientes semanas fueron un torbellino de actividad. Evelyn no perdió el tiempo.
Personalmente se encargó de buscar el local ideal, rechazando varias opciones hasta encontrar una propiedad antigua pero majestuosa cerca de la plaza central, donde los carruajes de la nobleza pasaban obligatoriamente.
—Este es —dijo Evelyn, señalando un edificio de techos altos y grandes ventanales—.
Quiero que la gente pueda ver el arte desde la calle.
Las remodelaciones fueron un escándalo para los constructores locales. Evelyn exigió paredes de color crema suave, molduras de oro auténtico (aprovechando las minas familiares) y mostradores de mármol blanco.
Nada de madera oscura y pesada; quería luz, espejos estratégicamente colocados para que las damas pudieran admirar sus propios vestidos mientras comían, y una decoración con flores frescas todos los días.
Para el personal, Evelyn fue implacable.
Entrevistó a decenas de jóvenes, buscando no solo habilidad, sino presencia y discreción.
—Ustedes no son simples sirvientes —les dijo durante la capacitación en el gran salón de la mansión—.
Son los embajadores de la elegancia.
En "L'Éclat", vendemos una experiencia. Si un cliente entra molesto, debe salir sintiéndose como la realeza.
Les enseñó a servir el té con una mano detrás de la espalda, a presentar los postres en platos de porcelana fina y a explicar los ingredientes (vainilla de islas lejanas, cacao puro, fresas silvestres) con una voz suave y sugerente.
Pierre, el chef, estaba fascinado. Juntos crearon el "Esmeralda Belmont", un postre de pistacho y chocolate blanco que brillaba como una joya.
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Un día antes de la gran inauguración, Evelyn salió a supervisar la entrega de unos cristales para la fachada.
Llevaba un vestido sencillo pero de un corte impecable en color azul marino, con un velo ligero que cubría parte de su rostro para evitar ser reconocida antes del gran debut.
Mientras caminaba por la acera, un viento repentino voló uno de los bocetos que llevaba en la mano.
El papel voló hacia la calle, justo bajo los cascos de un caballo negro imponente.
Antes de que Evelyn pudiera reaccionar, un hombre se bajó del caballo con una agilidad felina y atrapó el papel antes de que tocara el lodo.
Al levantarse, Evelyn reconoció de inmediato esa melena roja que brillaba bajo el sol de la tarde.
Era él. El hombre de los ojos verdes.
Él miró el boceto: era un dibujo detallado de un pastel de tres pisos decorado con flores de azúcar. Luego, dirigió su mirada hacia ella.
Aunque Evelyn llevaba el velo, sus ojos se encontraron en un instante de reconocimiento eléctrico.
—Parece que el destino insiste en ponerme sus papeles en el camino, Milady —dijo él, extendiéndole el boceto con una sonrisa de medio lado que denotaba una curiosidad vibrante—. Un diseño fascinante. ¿Es usted arquitecta o... artista?
Evelyn tomó el papel, rozando sus dedos con los de él "por accidente". El contacto fue breve, pero sintió una descarga de calor.
—Un poco de ambas, caballero —respondió ella con su tono más refinado y distante—.
Agradezco su caballerosidad, pero si me disculpa, el tiempo es un lujo que no puedo desperdiciar hoy.
—Es una pena —replicó el pelirrojo, sin apartar la vista de ella—.
Tenía la esperanza de que, tras salvar su propiedad dos veces, al menos me concediera el honor de saber a quién pertenece esa voz tan... decidida.
Evelyn retrocedió un paso, manteniendo la compostura de una diva.
—Mañana lo sabrá todo el reino. Si tiene curiosidad, le sugiero que visite la plaza central al mediodía.
Sin darle tiempo a replicar, Evelyn entró en su local y cerró la puerta de cristal.
A través del vidrio, vio cómo el hombre pelirrojo se quedaba allí un momento, observando el cartel aún cubierto de la tienda.
Él montó su caballo y se alejó al galope, dejando a Evelyn con el corazón latiendo un poco más rápido de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Mañana —susurró ella, tocando el cristal—, mañana la función comienza de verdad.
que no tiene una obsesión por humillar más de lo debido.
y que el pelirrojo va hacer su piedra de tropiezo. 😂