Ella reencarna en un mundo mágico, pero mantiene su fuerte amor por el mar.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Felix Gallagher 1
Cuando el carruaje del ducado Gallagher finalmente llegó frente a la mansión White, el ambiente se sintió todavía más extraño.
Porque la enorme residencia de los White parecía pequeña al lado del elegante carruaje negro con el emblema dorado del ducado.
Los sirvientes ya esperaban afuera.
Y claramente…
Todos estaban observando.
Dana respiró lentamente intentando prepararse mentalmente.
[No sobreviviré a mañana.]
El carruaje se detuvo.
Y antes de que pudiera reaccionar…
Gallagher abrió personalmente la puerta otra vez.
Dana lo miró sorprendida.
[Él realmente sigue haciendo eso.]
El duque le ofreció la mano con absoluta naturalidad.
Y Dana terminó aceptándola automáticamente.
Cuando bajó del carruaje sintió inmediatamente las miradas de su familia.
Lord White.
Lady White.
Daisy.
Todos observándola como si hubiera regresado convertida en otra persona.
O como si fuera una desconocida.
Aquello dolió un poquito más de lo que Dana esperaba.
Pero antes de que el silencio se volviera insoportable…
Gallagher habló en voz suficientemente alta para que todos escucharan.
—Mañana vendré a verla, lady Dana.
Lord White quedó rígido.
Lady White también.
Gallagher continuó tranquilamente..
—Y si necesita cualquier cosa, mis guardias permanecerán cerca.
Dana lo miró apenas sorprendida.
Porque seguía diciendo todo aquello con una naturalidad aterradora.
Ella solo logró sonreír suavemente.
Pero Gallagher notó inmediatamente otra vez las miradas de su familia.
La tensión.
La desaprobación.
La distancia.
Y nuevamente sintió aquella desagradable irritación protectora.
[¿Por qué la miran como si ella hubiese hecho algo malo?]
Dana también parecía notarlo ahora.
Porque aunque sonreía elegantemente…
Sus hombros estaban apenas tensos.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Al despedirse…
Ambos terminaron más cerca de lo que planeaban.
Porque Dana dio un pequeño paso hacia él para agradecerle en voz baja.
Gallagher se inclinó apenas para escucharla.
Y por unos segundos quedaron demasiado cerca.
El viento nocturno movió suavemente el cabello oscuro de Dana mientras ella murmuraba..
—Gracias… por hoy.
Gallagher la observó unos segundos.
Demasiados segundos.
Y respondió más suavemente de lo habitual..
—Descansa.
Lady White parecía a segundos del colapso social.
Daisy estaba absolutamente confundida.
Y Lord White comenzaba a sospechar que aquello ya no parecía una simple actuación.
Dana retrocedió apenas.
Después entró lentamente a la mansión.
Y Gallagher la siguió observando hasta que desapareció detrás de las puertas.
Solo entonces volvió a moverse.
Uno de sus guardias más confiables se acercó inmediatamente.
Gallagher habló sin apartar la mirada de la mansión White.
—Quiero saber todo lo que ocurre dentro de esa casa.
El guardia asintió sin hacer preguntas.
—Sí, duque Gallagher.
—Especialmente cualquier cosa relacionada con lady Dana.
—Entendido.
El guardia se retiró rápidamente.
Y entonces Gallagher tomó una decisión impulsiva.
No volvió al carruaje.
Subió directamente a un caballo.
Porque sinceramente necesitaba despejar la cabeza.
Cabalgó solo durante un largo rato bajo la noche fría de Sunderland.
Hasta detenerse finalmente en un monte elevado desde donde podía verse el mar.
El océano brillaba oscuro bajo la luna.
Y Gallagher permaneció allí en silencio.
El viento movía suavemente su cabello mientras observaba las olas.
Y entonces entendió algo incómodo.
Ahora el mar le recordaba a Dana White.
A aquella mujer que había encontrado mirando el océano como si estuviera buscando algo perdido.
Felix Gallagher soltó aire lentamente.
Porque apenas la conocía.
Literalmente hacía unas horas ni siquiera sabía nada importante sobre ella.
Y aun así…
Ella ya ocupaba demasiado espacio en su mente.
[Por qué me puse tan celoso.]
La pregunta seguía molestándolo.
Porque aquello no había sido racional.
Había sido inmediato.
Instintivo.
Y peor aún…
Real.
Gallagher volvió a mirar el mar.
[También me sigue molestando cómo la mira su familia.]
Eso tampoco era normal.
No debería importarle tanto.
No debería seguir pensando en la bofetada.
Ni en la expresión de Dana cuando intentaba minimizarlo.
Ni en cómo parecía acostumbrada a soportarlo todo sola.
Y definitivamente…
Definitivamente no debería estar esperando con ansias verla otra vez mañana.
El duque soltó una pequeña risa incrédula para sí mismo.
Porque sinceramente aquello era absurdo.
Felix Gallagher.
Uno de los hombres más temido de Sunderland.
Sentado frente al mar en mitad de la noche pensando obsesivamente en una mujer que conocía desde hacía menos de un día.
Y lo peor…
Era que empezaba a sospechar que Dana White sería muchísimo más importante para él de lo que quería admitir.
Esa noche Dana no quiso hablar con nadie.
Ni con Lady White.
Ni con Daisy.
Ni siquiera con Cedric cuando él intentó preguntar discretamente si estaba bien.
Simplemente sonrió cansadamente y dijo que estaba agotada.
Y sinceramente…
Era verdad.
Su mente seguía intentando procesar..
la reencarnación,
las visiones,
el hombre peligroso,
la falsa relación,
y el hecho de que el duque Gallagher parecía dispuesto a iniciar una guerra por ella.
Así que apenas llegó a su habitación se quitó los pendientes, dejó el vestido sobre una silla y cayó sobre la cama.
Todavía podía escuchar el mar en su cabeza.
Y antes de quedarse dormida…
Pensó en Felix Gallagher mirándola mientras decía..
Lady Dana será la futura duquesa Gallagher.
Dana enterró la cara en la almohada completamente avergonzada.
[Estoy realmente perdiendo la cordura.]
Mientras tanto…
Afuera de la mansión White, los hombres del duque trabajaban silenciosamente.
Gallagher no había elegido guardias cualquiera.
Había enviado a sus hombres de mayor confianza.
Y antes del amanecer…
El informe ya estaba listo.