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Pacto Por Venganza

Pacto Por Venganza

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Demonios / Maldición
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Despues de ser humillada Lucciana decide hacer un viejo ritual para cobrarse las penas.
Vende su alma a Lucifer a cambio de castigar a quien se atrevió a dañarla pero en el instante en que firma el pacto de sangre, algo que jamás contempló ocurre...

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El Sello de la Condesa

Las oficinas de Luca Ferro en el corazón de la City londinense no se encontraban en el subsuelo ni exhalaban el azufre burdo de las leyendas medievales. Ocupaban el último piso de un imponente edificio de piedra caliza en Leadenhall Street, un espacio de techos altos, paneles de nogal pulido y ventanales inmensos que dominaban el perfil de la capital imperial. Allí, el tintineo de las plumas estilográficas sobre el papel vitela y el susurro de los telegramas comerciales creaban una sinfonía de control absoluto. El Infierno, en el siglo XX, vestía de etiqueta y hablaba el lenguaje de los balances.

Lucciana Bianchi cruzó el umbral del despacho principal sin necesidad de anunciarse. Los secretarios y amanuenses —espectros eficientes de rostros pálidos y trajes oscuros— inclinaban la cabeza a su paso, no por cortesía, sino por el respeto que infunde el depredador que ha demostrado su valía.

Ya no vestía el luto trágico de Florencia ni los disfraces de condesa que Luca le proveía para infiltrarse en los salones de Europa. Llevaba un sastre de corte impecable, de un color gris Oxford tan severo como el invierno londinense, y unos guantes de piel fina que cubrían la cicatriz blanca de su palma izquierda. Su pulso era humano, sí; el calor de la vida había regresado a sus venas tras el Gran Saldo de Pendelton, pero el metrónomo de su pecho ahora batía con una cadencia nueva: una calma gélida y analítica que no pertenecía del todo a los mortales.

Luca Ferro la esperaba de pie junto a un inmenso mapa cartográfico del mundo, donde las rutas comerciales de los imperios coloniales estaban marcadas con finas líneas de tinta púrpura. El Diablo se volvió hacia ella, sosteniendo una copa de cristal con un licor ámbar que reflejaba la luz mortecina de la tarde.

—Llegas a tiempo, Lucciana —dijo Luca, y la formalidad de su tono delataba que la tregua de la deuda de Matteo había dado paso a una sociedad permanente—. Los informes de la filial de Nueva York acaban de llegar. Los especuladores de Wall Street están intentando crear un fondo de amortización mística utilizando bonos ferroviarios garantizados con tierras de las reservas nativas. Creen que el sufrimiento del desplazamiento diluirá el interés de sus almas.

Lucciana se acercó a la gran mesa de despacho, donde descansaba un tintero de plata y una serie de legajos atados con cintas de seda negra. Se quitó los guantes con movimientos pausados, revelando la piel limpia donde alguna vez ardió el fuego azul.

—Es una táctica burda —respondió Lucciana, y su voz tenía el arrastre seguro de quien ya no teme al abismo, sino que lo administra—. El desplazamiento forzado altera las líneas Ley del terreno. Si intentan respaldar sus contratos con tierras muertas, la fricción espiritual destruirá sus activos antes del próximo otoño. No necesitamos enviar cobradores, Luca. Solo tenemos que forzar una auditoría de la propiedad y dejar que el mercado de valores haga el trabajo de purga por nosotros.

El Diablo arqueó una ceja, impresionado. Dejó la copa sobre la mesa y se inclinó hacia adelante, apoyando los dedos sobre el mapa.

—Una solución elegante. Dejas que el propio orgullo del mortal ejecute la sentencia. Estás aprendiendo rápido, mi querida restauradora.

—No soy tu aprendiz, Luca —replicó ella, sosteniéndole la mirada con una fijeza que habría hecho temblar a cualquier deudor—. Soy la mano que reescribe tus libros. El Infierno es una maquinaria inmensa, pero tus inspectores son burócratas sin visión. Buscan la ruptura del contrato mediante la fuerza o el fuego, cuando la verdadera debilidad siempre está en la costura de la mentira del deudor. Tú pones la propiedad; yo pongo el criterio de restauración.

Luca Ferro soltó una carcajada limpia, un sonido que hizo vibrar sutilmente los cristales del ventanal.

—Mi mano derecha. La Condesa del Saldo. Quién diría que la piadosa italiana que lloraba en las iglesias de Florencia terminaría gobernando los archivos del abismo.

Lucciana no sonrió. Se volvió hacia el ventanal, contemplando la niebla que comenzaba a teñirse del rosa crepuscular de la City. La liberación de Matteo le había devuelto el alma, pero el viaje por los infiernos de París, Viena, Escocia y Madrid la había transformado. Ya no encajaba en el mundo de los vivos que compraban flores en el mercado o asistían a misa los domingos. Ella conocía el precio exacto de cada ambición humana, la composición química de la culpa y la fragilidad de los imperios.

—Matteo está en la luz —dijo Lucciana para sí misma, sintiendo una punzada de melancolía que se desvaneció casi de inmediato, sustituida por una resolución de hierro—. Yo elegí quedarme en la sombra. Y si voy a estar en la sombra, seré la que gobierne el tintero.

Se giró hacia la mesa y tomó una de las carpetas de seda negra. Al abrirla, la caligrafía procesal de un nuevo contrato resplandeció ante sus ojos. Esta vez era un industrial del Rin que pretendía utilizar la fundición de acero para sellar un pacto de longevidad.

Lucciana Bianchi tomó la pluma estilográfica de oro. No necesitaba sangrar; el poder que ahora ostentaba no venía de la sujeción, sino de la autoridad delegada por el propio Lucifer. Firmó al margen del documento con un trazo limpio, elegante y definitivo: “Examinado y aprobado para ejecución. L.B.”

—¿A dónde enviamos el primer furgón de auditoría, socio? —preguntó Lucciana, mirando al Diablo con una sonrisa fría y soberana.

Luca Ferro extendió su mano enguantada, señalando el Atlántico en el mapa.

—A la era del acero y los rascacielos, Lucciana. El Nuevo Mundo nos espera, y tiene una contabilidad extremadamente creativa que necesita ser restaurada.

1
Megara García
me emocioné tanto con el final pero pensé por un momento que el diablo se quedaría con ella que el amor pudiera romper la maldad
gracias autora por esta joya 👏👏👏
Megara García
que emoción cada capítulo es más interesante 👏👏
Rolando Morales
ya le gustó estar con el diablo/CoolGuy//Chuckle/
Megara García
alguna vez alguien dijo que el demonio había Sido el ángel mas hermoso
Megara García
wooooo que capitulo tan intenso esta novela me atrapó
Alisson Nuñez
excelente
Gus Molina
/Drool//Drool//Drool/
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